El nacionalismo no precisa de mucha base para funcionar. Antier mismo nos enterábamos por un obituario de Irene Hdez. de Velasco de la muerte de S.A.R el “príncipe” Jorge I de Seborga, un solar de menos de cinco kilómetros cuadrados cercano a Génova, que declaró unilateralmente su independencia con base en una retorcida interpretación de una lejana historia, ante la lógica indiferencia del Estado italiano. Otro más. Hace años que se habla del país de “Sealand” cuyo territorio es la superficie de una plataforma militar abandonada en medio del Mar del Norte, a cuyos cinco habitantes reales se suman los 160.000 virtuales que a través de Internet ha conseguido un exguardia civil almeriense que lo mismo vende pasaportes diplomáticos que inmunidad penal o exención de impuestos, y que tiene bandera, himno, moneda, embajada en la madrileña calle Serrano y hasta de “selección nacional”. Un dictamen del Comité de Arbitraje de la UE reforzó en su día esta insólita broma al declarar que, al fin y al cabo, un Estado no necesita para serlo más que un territorio, una población y un poder político, extravagante criterio que de hecho liquida la entidad histórica de la realidad estatal reduciéndola a una penosa caricatura. Pero, eso sí, no se lo tomen a coña, porque el negocio informático de ese “principado” demuestra lo cerca que puede estar la comedia de dar de sí un “paraíso fiscal” que, ciertamente, no sería ni mejor ni peor que los amparados por los Estados legítimos, aunque estiraría al extremo la lógica paranoica de los nacionalismos inventados. Por la Historia es que ya nadie da un duro, oigan. Cualquier estafador puede forrarse hoy reescribiéndola o, simplemente, prescindiendo de ella.

Cuando este diciembre se celebren las ilegales consultas independentistas en Cataluña no estaremos ya tan lejos del principado de Seborga como requeriría el sentido común, entre otras cosas, porque aceptado el principio de secesión regional, nadie impediría en buena lógica que nuevas aspiraciones disgregadoras convocaran sucesivos referendos hasta alcanzar por los pelos la soberanía de la masía. Y estén seguros que en cada uno de esos sátrapas terruñeros posaría coronado un príncipe imaginario con derechos similares a los del escalón superior, conformando una nueva aristocracia de campanario para la que la historia comienza siempre hoy, que es día de cobro. La independencia en vieja, el despotismo es moderno, aseguraba madame de Staël al interpretar la historia europea. Lo que ella no podía prever era lo fácil que acabaría resultándole a aquel anular a ésta para montar su negocio.

11 Comentarios

  1. Hace falta saber poco derecho político para no coincidir con jagm. Pero la moraleja de los «Estados invetados» aplicada de rebote a los nacionalismos actuales, es estupenda. Carod Rovira subido en una plataforma petrolera: vaya imagen de la convivencia histórica que estamos buscándonos entre todos.

  2. El AQnfi se supera a veces en su retranca, incluso cuando ya parece imposible. Ole.

    Pero oiga, mi don Prof, no. De convivencia que buscamos entre todos, nasti de plasti. A mí me borra. Quizás no llegue a conocerlo vivo -ni nadie- pero me dejaría cortar un dedo de dcada pie por conocer la independencia de Polonia2 y del paisito de los pedruskos. Mañana, si puede ser. Mejor, ayer.

    Me encantaría solo, para mí que el furgo me la sopla, poder jugar sus quinielas. Indauchu-Republicana Sociedad de S.S.: 2; Athletic-Mondragón: X ó Girona-Palafrugell: 1; Barcelona-Tarrasa: 1. Qué gozada. Y que tuvieran que tomar el Ave a Zaragoza si querían pitarle a Guti. Ole.

    Para vivir del cuento que plagien a Perrault o a Andersen.

  3. En efecto, querido Prof, el exceso nacionalista no es obra de todos, sino precisamente de exigüas minorías. Me interesa hoy, sobre todo, la idea de que estos casos raros y risibles no lo son tantro ne la medida en que obedecen a la misma lógica que mantiene funcionando a los «paraísos». ¿Saben que en Gibraltar hay tantos bancos como vecinos o algo así? Por lo menos una plataforma abandonada en medio de las olas es «res nullius», mientras que el Peñón…

  4. Superbe! Que gusto leerle! Y tambien los comentarios de los blogueros. GRACIAS A TODOS POR EXISTIR!
    Un beso a todos.

  5. Tengo anotadas citas de Unamuno que don ja ha traído otras veces a la columna En una habla de «nacionalismo de campanario», en otra, explica que en España no ha habido lucha de clases sino «guerra de tribus». Henmos olvidado demasiado pronto a aquel sabio.

  6. No sólo España es país de taifas. Muchas sociedades tienen esas tendencia disgregadora, el aldeanismo que las fundó y el nacionalismo no es otra cosa que ese «instinto histórico» activado y organizado, aprovechando circunstancias oportunas, por lo general. En España el franquismo ha sido la gran excusa actual, pero por la historia sabemos que antes de Franco los «ratones» ya roían.

  7. Ustedes saben que lo de «numeros stultorum infinitus est» no es más –según nuestro amistoso oráculo– que una mocilla que probablemente Jerónimo el del león metió en el Libro. Pero, a fe que no le faltan buenas razones para acuñar ese apócrifo.

  8. El ultraformalismo jurídico trae estas cosas (me refiero a la citada decisión europea de que habla la columna). Y la sospechosa indiferencia de los Estados tiene el resto. Muchos de estos nacionalistas de aquí en poco se diferencian del guardia civi almeriense de Sealand: se encontraron un motivo, y hala, a vivir de él. Con todos mis respetos, es decir, sin el menor.l

  9. Hay una diferencia entre la broma de las plataformas y los «estados inventados» dentro de un régimen consittuiconal como el español. Cuando se contempla cómo están echando por tierra lo conseguido tras tantos trabajos y tantas renuncias, no puede entenderse la pasividad de quien manda en España, suponiendo que sea el Gobierno quien manda.

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