Debemos tomar con máxima precaución las informaciones sobre la crisis que nos dan los políticos, en especial, cuando insisten en que estamos saliendo de ella. Salir de un crisis, de verdad, es volver al punto de caída, es decir, lograr que quienes perdieron el trabajo lo recobren y quienes vieron triturados sus salarios los recuperen, aparte de algo básico: que los derechos adquiridos por el trabajo en su larga lucha no se diluyan y pasen al olvido. Y eso, muy probablemente, no va a ocurrir, porque esta crisis no es como las últimas que hemos vivido, es decir, un reajuste del mercado, unas tercianas de las finanzas, un romadizo del progreso laboral. Las aguas volverán a su cauce tarde o temprano, pero el río no alcanzará en mucho tiempo la vieja cota marcada por las aguas. No habrá recuperación plena porque el trabajo y al salario han pasado de ser un derecho a ser considerados como un privilegio en beneficio, quién lo duda, del sistema de explotación. Ejemplo claro el de Alemania. En Alemania –me atengo a los datos del Institut Arbeit und Qualifikation 2013—la tasa de paro parecía, hasta abril, que iba a mantenerse un poco por encima del 5 por ciento –es decir, hablando en plata, en pleno empleo—para aumentar en agosto casi hasta el 7 por ciento y algo más aún en septiembre. Pero ¿quiere eso decir que la población trabajadora de aquel gran país se mantenga en vilo sobre esa situación soñada? Pues no, ya que al menos 8 millones de trabajadores percibe un salario bajo, en 2011 más casi uno de cada cuatro percibía 9’14 euros por hora, menos de 6’5 los precarios, la mitad de los “mini-jobs” se pagan a 7 euros y un tercio trabaja sólo por 5 a la hora. Volverán las oscuras golondrinas, seguro, pero no todas, no “aquellas”…

De ésta saldremos disciplinados, bajados ya los humos de los gurús de la “new age”, con las mínimas protecciones y una severa limitación hasta de las utopías más modestas. El trabajo volverá a ser un castigo gozoso, la precariedad, la norma, los derechos, los imprescindibles. Ésta no ha sido una crisis (es decir, un paréntesis de suyo coyuntural) sino un ejercicio maestro que nos devolverá sin prisas al punto de partida en que estábamos cuando arrancó el movimiento obrero y la lucha por los derechos cívicos. Tras cinco o siete años habremos retrocedido siglo y medio, y con un canto en los dientes. La historia no tiene fin, como creía Fukuyama, pero se va a calentar lo suyo tras este magistral intermedio.

10 Comentarios

  1. La historia sí que va a tumba abierta a su fin, totalmente estoy con Fukuyama, y cada uno tiene la obligación de constituir el propio movimiento de resistencia, aún a sabiendas de su inutilidad.

    Lo cual no quita que al encontrarnos en el camino seamos conscientes que no somos tan pocos y con cierta capacidad. Pero ay de los nietos y de los nietos de estos si es que llegan a existir.

  2. Aprecio y comparto la tesis de jagm: esta crisis no es como las anteriores: ha sido más bien una operación histórica en la que el Sistema ha ganado su gran batalla si es que no la guerra.

  3. Interesante desmontaje del ejemplo alemán. Que prueba, además, que la crisis ha servido al capitalismo extractor para desarmar al sistema de relaciones sociales de sus conquistas históricas.

  4. Uds. me toman el número cambiado. Sólo soy alguien que no está dispuesto a cambiar de chaqueta ni a servir de altavoz a nadie. Al desdén de ese Epi respondo con otro aún más descuidado.

  5. Nada volverá a ser igual tras esta crisis… No lo creo, no tengo razones para creerlo. No debemos amplificar las ideas desmesuradamente.

  6. Pues no sé, mi don Ecónomo –su nick es poderoso– si usted califica como desmesura mi afirmación de que vamos en desliz hacia la nada, la Nada absoluta si me apura, o la afirmación de mi don/doña Akela, tan axiomática.

  7. O ninguna der las dos cosas, don Epi, ya que el hombre lo que hace es invitar a la prudencia en las estimaciones. ¿No ha escuchado Ud. al sr. Botín eso de que nos llueve el dinero por todas partes? A lo mejor Ecónomo esta todavía bajo el impacto de esa revelación, ¿no le parece?

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