Cuesta entender el tejemaneje del congreso del PP del que ha salido reforzado –y esperemos que su merecido éxito no resulte pírrico—Juanma Moreno. Se ha echado de menos en ese líder hoy indiscutible un gesto casi olvidado del toreo antiguo, aquel en que el maestro se plantaba en el tercio y ordenaba imperativo a la cuadrilla: “¡Dejadme solo con él!”. Porque flaco favor el que le han hecho esos incómodos visitantes que, eso sí, él ha sabido y logrado esquivar con serena firmeza. Si el PP vive hoy, como vive, de la renta andaluza, ya me dirán qué venían a hacer aquí tirios y troyanos. Este Juanma no se merecía tanto teatro y tanto mamoneo. Veremos si a esos conflictivos espontáneos no les sale por un pico el torpe espectáculo que han dado.

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