Ahora Resulta que tanta guasa con la fortuna que dedicamos a la protección del lince, a los pasos subterráneos, la resiembra de conejos o la limitación de velocidad, no nos ha librado de la riña europea, que estos días nos acaba de enviar desde Bruselas todo un ultimátum exigiendo la eficacia de esa protección. Es curiosa tanta diligencia teniendo en cuenta que nadie se ocupa demasiado –y menos en Bruselas—de proteger a los pueblos perjudicados por las medidas conservacionistas, como nadie gasta un minuto en considerar qué podría hacerse para aliviar los problemas de  ‘Sapiens sapiens’ amenazado por la invasión urbanística, de nuestros escasos bosques incendiados a quemarropa o de los ciudadanos atrapados en el embudo del tráfico costero. Ya quisieran muchos colectivos (ancianos/pensionistas, inmigrantes, dependientes, enfermos en espera y demás) gozar de tanta atención como gozan esas especies dilectas de nuestros próceres. En Bruselas y aquí.

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