La Asamblea francesa ha dado luz verde al proyecto de transformación de Correos en una sociedad anónima con capital público que en cuestión de un año deberá abrirse totalmente a la competencia del sector, y lo ha hecho a pesar de la resistencia numantina de la izquierda renqueante, en esta ocasión apoyada por dos millones de voces cívicas que rechazan la privatización del viejo servicio. Alegan los reformadores que la carta –ese invento que no cumple ya los cuatro mil años– es un instrumento de comunicación en desuso y que entre faxes, e-mails y sms, por no hablar de los nuevos mensajeros particulares, el antiguo negocio se ha convertido en una ruina. Y frente a ellos, dicen los protestantes que la carta no morirá nunca y que lo que pretende, en último término, la derechona no es otra cosa que la “selección del cliente”. Ellos sabrán, pero puestos a ver las cosas como parecen, la verdad es que hemos vivido una vertiginosa revolución en las comunicaciones que ha puesto en entredicho la viabilidad de la posta de toda la vida. Es bueno recordar, en todo caso, que no es la primera vez que se privatiza el correo, pues eso ocurrió ya en la Edad Moderna española, por ejemplo, cuando Felipe el Hermoso arrendó el negocio, y hubo que esperar a que la razón ilustrada de un Campomanes diera marcha atrás instaurando un auténtico servicio público con todos sus avíos. Hoy se paga una fortuna por el primero de nuestros sello, el de Isabel II, pero a casi nadie se le ocurre ya contribuir al colapso de Correos en Navidad teniendo encerrado en el ordenador a ese Miguel Strogoff silencioso y barato que, en cuestión de segundos, no sólo nos permite cartearnos sino hablar en directo con la novia lejana o el socio impaciente. Suele atribuirse erróneamente el invento del correo a China porque fue ella, en efecto, la que inventó ese elemento revolucionario que es el papel, el soporte ligero que tanto dinamizaría el servicio, pero no se equivocaban quienes, desde la aparición de las mensajerías y el invento de los nuevos trebejos, apostaron por el fin del correo.

Más allá de la novelería de los amores cibernéuticos, uno cree que la desaparición de la carta es otro duro golpe al cochambroso romanticismo que todavía nos asiste. No habrá ya muchachas aguardando al cartero, ni padres pendientes de la misiva del pródigo, ni solterona aguardando el ilusorio envío, reducido el antiguo invento sumerio al servicio de esos niños que envían al Polo Norte sus cartas a Santa Klauss o los que las depositan inocentes en El Corte Inglés. Julio Verne se abriría las venas ante el prosaísmo informático pero eso, afortunadamente, es lo que nos queda.

10 Comentarios

  1. Nunca imaginamos un mundo sin cartas, y menos el cartero electrónico, encerrado en nuestra cajta. Pero el gneéro epistolar es el que sufre: las “cartas” de hoy ya no son aquella que comenzaban cin una cruz y acaban con una raya: “Me alegrarñe que al recibo de ésta…”. Da una cierta nostalgia. Pero es verdad que ni nos hemos enterado del cambio.

  2. Para mí nunca será lo mismo un “correo” que una carta. Hemos aligerado la comunicación pero quizá al precio de vaciarla de calidad literaria, No se podrán hacer “epistolarios” son sms ni con e-mails, digo yo. Otro “género” más que la técnina se lleva por delante.

  3. Todo tiene un final esn esta vida. Y muy cierto lo que dice doña Clara sobre el contenido a-literario de la nueva comunicación. Todo se vacía en esta cultura, hasta la voz.

  4. Más espinoso asunto este de lo que parece a primera vista. En España, en Correos -así con mayúscula, todos sabemos de qué se trata- hace años que se barrunta marejada, tras la desfuncionarizaci´ón. Lo que tenemos en nuestro país, algo menos complejo que la PTT francesa, ha furulado últimamente de regular para abajo. Luego se habló de priva- o semiprivatización. Una de las grandes empresas que se embarcaron en el proyecto es ese gran almacén español del que se habla mal en fechas recientes, como para despedir a 20.000, han leído bien, veinte mil empleados. Me he enterado de ello antes del día 28.

    Oscuro y tormentoso todo el complejo de comunicaciones.

    Les aseguro, Dª Clarines y don Herod, que hay mails muy literarios en mi inbox. Depende siempre de quien los remite.

    Aún están a tiempo, recuerden. Elijan con qué van a brindar por el nuevo año, pero mejor no con el cava de los polacos. Sus millones de botellas que se las vayan metiendo por, de una en una.

    Besos para ttodos.

  5. Doy fe de que se pueden recibir mails muy literatos: he recibido algunos de don Yamayor y sondignos de guardar…
    Creo que inventaremos algo muevo y habrá colecciones o recopilaciones de mails o de SMS o de lo que inventemos un día.
    En cuanto ala privatizaión de los PTT, lo malo es que en el campo quedarán muchos pueblos desatendidos…a menos que volvamos a inventarla tienda de ultramarinos-teléfonos-tabacos -sellos de antaño, como ya se hace en algunos pueblos.
    Besos a todos…y felices fiestas.

  6. Pues tampoco yo imagino mi vida sin cartas, sin el rito de la carta al amigo, de la carta de consulta, de la carta erudita llegaod el caso, de la carta de amor… Es posible que la modernidad no sea del todo aliteraria como defeiende Yamayor, pero me temo que una pérdida si que habremos de sufrir con la supresión de correos y su sustitución por nuestras tecnologías fiulminantes, que tienen sus ventajas, qué duda cabe. Siempre se dijo que un cuchillo podía servir para cortar el filete o para cortar el gaznate al prójimo.

  7. Soy coleccionista de epistolarios, o sea, que nada tengo que decir salvo compartir la nostalgia mostrada por ja y algunos amigos. Creo que Yamayor lleva razón y hay en la correspondencia actual valores interesantes, pero dudo el aroma flaubertiano de las cartas pueda percibirse en un ordenador.

  8. Personalmente creo que estamos empobreciendo la vida, peor no sólo a la hora de comunicarnos por escrito. Todo encoge, todo se rutiniza, el Cotte Inglés es la homemensura, la medida del hombre. Que perdamos Correos no tiene tanta importancia. Ni debemos olvidar lo mal que ha funcionado muchas veces.

  9. una columna muy bonita, aunque de un poco de morriña. La vida avanza. Nuestros hijos non han recibico nunca una carta, ellos se lo pierdem pero a cambio gana muchas otras cosas.

  10. Eso es lo que tiene la imposición del imperio informático al desbancar a la prodigiosa máquina de escribir, sin un imperio de tinta que se utiliza al abogar por la cada vez más cómoda postura del teclado inhalámbrico, correos tiene su suerte echada

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