Estos días estamos asistiendo a la movilización de muchos países occidentales conmovidos por la tragedia de Haití. Es una buena noticia que abre un resquicio de esperanza en este mundo feroz e insolidario, sin duda dinamizado por el enorme impacto mediático de una catástrofe natural que puede alcanzar a cualquier país aunque, ciertamente, comportando riesgos mucho más graves en los países pobres a causa de la fragilidad de sus infraestructuras y de su propia pobreza. Muy buena noticia, sí señor, aunque ella misma nos permita preguntarnos por qué el mundo se inhibió ante desastres muchos mayores si cabe, como los ocurridos en las recientes guerras africanas, cómo el mismo Occidente que ahora se levanta enhorabuena para auxiliar a esos desgraciados pudo no sólo permanecer pasivo, sino que intervino en aquellos conflictos aportando apoyos suicidas o vendiéndole armas sin tasa a unos pueblos exasperados. Los mismos que hoy se reúnen para ver qué puede hacerse con un Haití desvencijado –es decir, EEUU, Francia, Gran Bretaña, Bélgica o Rusia, entre otros—estuvieron tras las pavorosas matanzas, muy superiores en número de víctimas al provocado por la desgracia de Haití, tomaron decisiones crueles o les vendieron las armas con las que se armaron hasta milicias infantiles. Ruanda, Burundi, Costa de Marfil, el Congo, Uganda, como Somalia o Sudán llevan padecidos conflictos o guerras abiertas cuyas víctimas se cuentan por millones y ante las que el mundo civilizado que hoy se moviliza permaneció al margen, descontados algunos inevitables aspavientos. El impacto mediático de un  terremoto ha logrado más en unos días que las matanzas de la guerra durante años, hasta el punto de que los mismos que cabildearon o les dieron las armas a los enloquecidos se retratan ahora entre codazos (véase la actitud de Francia respecto a EEUU, por ejemplo) en favor de las otras víctimas. Hay espantos y espantos, no cabe duda. Y tentado estoy de decir que hay negros y negros.

 

Haití tiene una ventaja sobre los otros países desgraciados: carece de valor, no tiene nada. En África, en cambio, está en juego el coltán, los diamantes o el petróleo, es decir, los pesados intereses que de verdad mueven a la civilización. Por eso, pasada la fase publicitaria, ya verán cómo van desapareciendo uno tras otro de aquellas ruinas entre las que, tristemente, lo probable es que los supervivientes sigan buscándose la vida como perros porque en nada tientan a la ambición ajena. Hay negros y negros, no hay que darle vueltas, y no habrá telediario que aguante más de un mes en esta pelea. El Poder sabe que no hay apocalipsis capaz de mantenerse en primera plana.

5 Comentarios

  1. Grandes verdades se dicen hoy aquí, grandes y tristes. Haití es una herida abierta, pero es verdad que el movimniento originado por su trageida debe mucho a los factores que se indican. África queda lejos; nada queda lejos para un terremoto. Veremos decaer el interés, marcharse, efectivamente, el personal solidario y, al final, cómo se quedan los de siempre. No tengo mpor qué no decir que la Iglesia será uno de los que se queden.

  2. Muy de acuerdo con la última frase del padre Cura y como alguna vez he sido caústico con ciertas cosillas de la Santa Madre, en este -su aspecto más noble y evangélico- terreno es lo que le confiere los justos suficientes para que Elhoim no la arrase con su azufre y su fuego. Otra cosa es la proporción entre justos y sodomitas y gomorritas, que eso solo Él lo sabrá.

    Y como queda también apuntado, Haití son los negros vecinos. África queda más lejos y hasta las playas de Florida no llega el olor a cuerpos quemados de hutus, tutsis, bantúes, cafres, bosquimanes, etecé… en sus carnicerías tan primitivas y tan eternas. África es segunda regional. Haití juega en alguna liga algo más cercana.

  3. Póngase un diez y sepa que hasta la basca de neustras clases ha entendido por mayoría sus razones de hoy.

  4. Amen a lo dicho, pero desgraciadamente, me temo que así será por los siglos de los siglos.
    Un beso a todos.

  5. Pienso en la realidad que supone estar entre esos escombros y aunque sólo sea por razones humanitarias se merece un digno trato publicitario en toda regla tal y como se está haciendo independiente del resto de problemas que acucian al mundo pobre, todos no se pueden resolver y menos los estructurales, pero esfuerzos puntuales ayudan a mucha gente

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