Un grupo de estudiosos latinistas, coordinados por Antonio Ramírez de Verger desde la joven universidad de Huelva, ha sacado a la luz un colosal “Diccionario de motivos amatorios en la literatura latina”, después de veinte años de trabajo investigador, en el que han procurado vaciar cuanto sobre la materia contiene la vasta producción latina entre los siglos III a.C. y II d.C. ¿Por qué gozará del privilegio de estas cohortes de sabios filólogos clásicos un país, como España, que tiene demostrado su desdén por lo que significativamente suelen llamarse  en él “lenguas muertas”, un país en el que, por supuesto, la enseñanza de la disciplina ha sido combatida hasta reducirla a un término prácticamente simbólico? No sabría yo contestar a esa pregunta y menos bajo la impresión directa de la lectura atenta de esta obra mayúscula que se complace en demostrarnos la perennidad de aquellos afectos y pulsiones a través de las épocas, o lo que viene a ser lo mismo, la actualidad rigurosa que para un lector de hoy tienen los criterios clásicos, tan idénticos a sí mismos través de su odisea histórica como corresponde a la unidad esencial que subyace bajo la evolución de las culturas. Más de uno se asombraría al comprobar en estas páginas el breve margen que la coyuntura deja a la experiencia humana a la hora de expresar los deseos o formalizarlos en imágenes y prácticas amatorias, esa radical continuidad del psiquismo a través de circunstancias tan distintas que prueba la básica unidad de lo humano. Ha habido, desde luego, “mucho nuevo bajo el sol” pero, como demuestran con esmero estos sabios, poca novedad se ha producido en ese área íntima del ser humano en la que los ingenuos creen y se afanan, en cada época, en reinventar lo mismo.

Me imagino la extrañeza de un Chaderlos de Laclos, incluso de un Diderot, vamos de un Bataille o de un Pierre Louis si me apuran, al comprobar lo poco que cabe diferenciar el erotismo moderno y sus respuestas, no ya de las imaginaciones de nuestros erotómanos medievales, sino de lo que concebían y practicaron los latinos desde Plauto hasta Apuleyo, que son los términos con que limita nuestra obra. El erotismo es una tradición inveterada que cada minuto se ofrece a los ingenuos como novedad, como si sus númenes se divirtieran excitando a cada generación hasta hacerla caer en el delirio de creerse su inventor. Asombra, como digo, descubrir en la extensa nómina de motivos tan primorosamente estudiados, la continuidad de los tópicos y la persistencia de unos patrones conductuales que convierten el repertorio de los usos amorosos en una auténtica invariante de la experiencia humana. Henry Miller o Bukowski apenas son la tosca sombra de Marcial u Ovidio.

10 Comentarios

  1. Aguda observación, la de don Griyo, peor la curiosidad, como la cilumna dice, no está en eso sino en el hecho de que cada generaciòn de crea la inventora del repertorio. Habrá que hacerse con nese libro que me temo que tenga una difusión limitada como todo lo que se fabrica en nuestras universidades.

  2. Gracias por divulgar trabajos tan interesantes. Quedan pocos en esta presna de chichinabo que estñen en condiciones de hacerlo o de opinar, como hoy hace jagm en El Mundo, páginas de Cultura, sobre un gran maestro olvidado que fue el suyo.

  3. Hemos leído con simpatía esta defensa del latín que tanto se prodiga aquí, tan inútilmente, por supuesto. Por correo particular le hemos pedido la referencia completa del libro, que promete mucho, en particular para estas ménades sometidas a la esclavitud de la docencia. ¿Pero cómo quiere usted que se aprenda latín si no se enseña español? Más razón lleva en lo del erotismo idéntico que se cree moderno.

  4. Seguro que confirmamos esas tesis cuando leamos la obra (porque algunos la leeremos, por descontado), tesis que todavía sorprende a más de un ingenuo. Yo creo que ja exagera cuando pone los ejemplos de los modernos, aunuqe me ha hecho mucha gracia esa relación, aunque no tanto cuando los contrapone de perfil al Miller de nuestra juventud, ¡aquellos “trópicos!”, o al Bukowski de la máquina famosa como Marcial y Ovidio. Los latinistas deben estarle muy reconocidos a uno de los pocos articulistas que todavía se hacenb eco de sus trabajos.

  5. Referencia del libro: Rosario Moreno Soldevila (Ed.), Diccionario de Motivos Amatorios en la Literatura Latina. Anejos de Exemplaria Classica 2. Huelva: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Huelva, 2011.

  6. Se agradece al Sr. DMA esa referencia en la que seguro que varios casineros estarán interesados, una vez que la columna les ha enseñado el perfil. También yo creo que es una excepción una columna en la que se sigue de cerca lo publicado debtro y fuera de España, incluyendo la obra de los filólogos clásicos.

  7. ¿Qué va a haber nuevo en esa materia? Siempre será interesante comprobar que hace más de dos milenios los hombres y las mujeres ya conocían lo que los modernos creen hoy que están estrenando. Me ha llamado la atención un dato: que se trata de una obra que resume el trabajo de 20 años, lo que en el ámbito español de la investigación es cosa rara, yo diría que insólita. Enhorabuena a sus autores y gracias a jagm por su dilegecia cultural.

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