El triunfo de Ahmadineyad en Irán, fraudulento o no, replantea con crudeza al llamado “orden internacional” el viejo y nuevo problema de la proliferación atómica. Coincide, por lo demás, con la protesta de Corea del Norte en el sentido de que podría utilizar eventualmente  su fuerza atómica con fines bélicos, lo que unido al conflicto pakistaní devuelve a la actualidad el tema de la amenaza exponencial que supone la guerra nuclear. En los años 50, en especial tras la adquisición de la tecnología atómica por los soviéticos, se registró un importante esfuerzo racionalizador por parte de destacadas corrientes intelectuales, que trataban de espantar el miedo generalizado en el sistema bipolar de la época, bien con la teoría del “equilibrio del terror”, defendida por Bertrand Russell y Karl Jaspers, ya con la propuesta de un “equilibrio del poder” imaginado por Raymond Aron como el mejor disuasor de una Humanidad que, en definitiva, habría estado en guerra desde sus orígenes utilizando en cada momento las armas disponibles. La idea básica en todos los casos era que la inercia de la racionalidad tecnológica acabaría modificando el añejo estatuto de la convivencia internacional, forzando una tregua que tal vez pudiera acabar conduciendo a las naciones a una “paz perpetua” concebida, no ya a la manera kantiana, sino precisamente como consecuencia de ese equilibrio defendido por los filósofos y que Bell, desde su Arcadia yanqui, entreveía como el ocaso de una historia dominada por la ideología, que era el concepto-señuelo empleado para confinar con carácter definitivo a la utopía. Hoy la amenaza nuclear, en manos de sujetos definidos por un fanatismo superior si cabe al antiguo, no deja ya margen a los filósofos para sus travesuras sino que constituyen lisa y llanamente una amenaza apocalíptica que nadie en sus cabales osaría encajar en un equilibrio imaginario. Ahmadineyad, viejo terrorista, lo mismo que el majareta de Kim Jong Il, no caben en ninguna hipótesis narcótica.

 

La verdad es que el club atómico no ha hecho más que crecer a pesar de los grandes montajes propagandísticos de desarme escenificados varias veces, aparte de que la reciente ampliación a países sujetos a regímenes insensatos como los mencionados supone un riesgo nuevo, incompatible ya incluso con la peligrosa idea de que el miedo generalizado garantiza la paz. Hoy ya hasta se abre paso la idea de que si el peligro coreano está a buen recaudo encajonado entre Japón y China, el que supone que una teocracia agresiva como Irán –que ha prometido “borrar a Israel del mapa”— disponga de un arsenal nuclear, podría, sin embargo, ser tolerada en determinadas circunstancias de dudoso control. Quizá nos espere otra década como aquella lejana de los 50 postbélicos sin excluir la posibilidad de que en ella aparezca tonante algún profeta anunciador de un nuevo “equilibrio”. Aron pensaba que ningún país debería poseer una potencia armamentística que, llegado el caso, impidiera al vecino defenderse. Hoy, en mano de esta caterva, vamos despendolados justo en el sentido puesto.

6 Comentarios

  1. El equilibrio es imposible cuando a alguna de las partes la dirige un fanático o un enfermo mental.
    Akela.

  2. ¿Y quien decidie quién es fanático o cuando el interfecto es enfermo mental, mu ululante amigo? El equilibrio russelliano (o jasperiano) daba por supuesto que todos estaban en sua cabales sin percatarse quizá de que tal vez no estuviera ninguno, ewn ninguno de los dos bandos. Imaginen hoy. ¿Está loco Bin Laden, lo estaba Bush, lo esta Ahmadinayad, lo estña el coreanito? No contesten hasta desoués de la publicidad.

  3. Como a Irán le secunden Afganistán y la parte talibán de Pakistán se va a a armar la marimorena que Dios nos coga con la mili hecha y pasados de la reserva

  4. Me ha pillado la columna de hoy leyendo una vieja novela de mediados los sesenta de sir Cornwell (je, je, John Le Carré en el siglo. Es uno de mis vicios confesables), que me faltaba pues creo que me chupado todo lo que ha escrito. La encontré hace no mucho en una librería de lance. Pues ¿saben que les digo? Que el gigante ruso, el bloque soviético o sea, era un monstruo amenazante, que dio juego cuarenta años y luego se demostró aquello de menos lobas, Caperucito.

    Que vivimos en la ladera de un volcán en activo es algo que hay que asumir y punto. Que a un teócrata fanático le dé el avenate o que un iluminado le meta dos aeroplanos a las Gemelas forman ya parte del horizonte de las posibilidades. Es el mundo que entre todos hemos contribuido a engendrar y alimentar.

    -Que pare, por favor, que quiero bajarme.
    -No, hija, nooo.

  5. Casi asfixiado Japón en la II gran Guerra Mundial, los gringos bombardearon Hiroshima y Nagasaki con bombas nucleares.

    Muchas veces se olvida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.