El argumento de paliar la pobreza expoliando a la riqueza no lo han inventado estos penúltimos socialdemócratas sino que es, casi, un invariante del espíritu de justicia que, paralelamente al egoísmo, anima desde siempre a la conciencia humana. Hoy día se ha convertido, es cierto, en un “leiv mitiv” electoral pero parece que su eco llega también a las mayores alturas. En la ONU, por ejemplo, la Conferencia para el Comercio y del Desarrollo acaba de proponer un tasa especial para las “grandes fortunas” –¿les suena?– que ella calcula que vendrán a ser más de 1.200 en este año de gracia, entendiendo por grandes afortunados a aquellos que posean, como mínimo, el miliardo de dólares, que en su conjunto sumarían 4.600 miliardos, o sea, cuatro billones y medio bien despachados de esa ansiada moneda, a los que de imponérseles la tasa de un 1 por ciento apenas notarían el rasguño pero cederían a los países desarbolados nada menos que 46.000 mil millones. La ONU ofrece, en este caso, un detallado cuadro de la distribución de la riqueza en el planeta, llegando a la conclusión que, de aplicarse finalmente la tasa, ni se enterarían esos afortunados ya que, suponiendo que si la media de ellos dilapidara mil dólares al día, ninguno lograría liquidar su fortuna en menos de 10.000 años. Son “elegantes”, como dicen los científicos, estas propuestas que tienen poco de utopía y mucho de remiendo en el sayo de esta sociedad desigual que va distanciando más cada día a quienes nada poseen de quienes tienen de sobra y creen ya escasamente en la perícopa lastimera de Epulón y en la gloria de Lázaro. La riqueza lo es todo, opinaba Eurípides cuando los plutócratas más encumbrados no podían ni soñar lo que con el tiempo llegarían a ser.

Gravar especialmente a los ricos debería ser una propuesta indiscutible o, como ocurrió hace poco en Francia, una ocurrencia de ellos mismos, un gesto razonable de quienes saben que poseen lo que no podrían dilapidar en cien vidas a favor de aquellos desafortunados a los que el ahorro no habría de sacar de su precariedad. Con lo que muchos no tragamos es con la pantomima política que supone reclamar ese impuesto sobre las grandes fortunas a título maniqueo y sabiendo de antemano que nunca cuajará. En el Satiricón resuena la voz de Petronio preguntándose qué coños pueden hacer las leyes allí donde sólo reina el dinero. Veinte siglos después aún escuchamos su eco.

3 Comentarios

  1. Mario Monti, que tuvo a Tobin de profesor en la Universidad de Yale, dice que la imposición de la tasa Robin Hood de su maestro es como Nessy, el del lago, que aparece y desaparece.

    Hasta donde yo sé, hubo en enero un preacuerdo de aplicarla en la eurozona. Claro que ha llovido mucho desde entonces.

  2. Bienvenida, doña EPi, mucho se la echo de menos. ¿Siempre habrá pobres y ricos¿ Con este SIstema no se acaba porque el tiene masa recursos y fuerza que eso que ingenuamente llamamos POder. D Ja lo viene repitiendo hace tiempo.

  3. Doa Epi, dichosos los ojos que la leen! Vuelvo a este rinconcillo con un ordi nuevo y con el sistema Ubuntu. Espero que funcione correctamente.
    Don José Antonio siempre poniendo lazos y echando puentes entre antiguos y modernos y mostrndonos que nada nuevo hay bajo el sol. (de entrada, ya los acentos no me los pone)
    Bueno, un beso a todos.

Responder a Pangloss Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.