ENTREVISTA ABC

La clase políica española vive del periodismo nacional y no al revés[dt_gap height=”20″ /]

gomezmarinJosé Antonio Gómez Marín tiene ante sí, este sábado septembrino de corrida y procesión, tres citas ineludibles. La primera, con los lectores de ABC de Sevilla en estas mismas páginas a partir de mañana lunes con la agudeza y la finura argumental que ha caracterizado toda su producción periodística desde que debutara a la vista de todos en «Triunfo» y «Revista de Occidente»; la segunda, para recoger el premio Joaquín Romero Murube de esta Casa por un artículo sobre las hermanas de la Cruz en la edición andaluza de El Mundo; y la tercera, la defensa de su tesis doctoral en la Universidad de Huelva bajo el título «La aporía del mal y el mito de Job». Curioso impenitente, sabio enciclopédico, columnista de amplio espectro, repasa en esta entrevista su trayectoria. —¿No hemos corrido el riesgo los periódicos de encerrarnos demasiado en ese mundo endogámico de los políticos y nosotros?

–Sí, es muy interesante eso que plantea, he escrito recientemente una tesis importante: la prensa española desde 1870 y, desde luego, del siglo XX es enormemente sesuda, conceptual e incluso intelectual. En el mismo periódico coincidían Azorín, Pérez de Ayala, Ortega… Pero la vida se ha superficializado a través de la urgencia de la vida y todo eso nos lleva a un periodismo mucho más ligero. El auge del columnismo es precisamente eso: el equívoco que hemos cometido de sustituir la reflexión por la ocurrencia. Echo de menos una cosa paralela y es que la gente te lo reproche; oye, para tus artículos tengo que coger un diccionario. Vaz de Soto decía que mis artículos eran miniaturas de ensayos. Es verdad, yo lo que hago es una hipótesis que desarrollo y eso no te cabe más que en cuarenta líneas. Estoy hablando de devolverle su contenido cultural al periodismo, su misión de dar un mensaje cultural. ¿Pero qué ha ocurrido?, que ha descendido el nivel cultural. El periodismo ha acusado el golpe y no tiene nada que ver con la Universidad, yo di clase seis meses en Periodismo y lo dejé. Pero la cultura siempre ha estado en los periódicos bajo sospecha.

–¿Qué espera ahora de su colaboración en ABC, a qué aspira?
–Yo aprendí a leer en ABC. Mi padre, en el consulado, tenía todos los días el ABC, el «Odiel» de Huelva y con implacable retraso, la prensa francesa. Más en concreto, aprendí con la Tercera. De Azorín, de Pemán, de Pérez de Ayala, de Eugenio D’Ors… No soy ingenuo, no me van a dar carta libre, pero estoy seguro que pueden aceptar algunas de mis ideas. Cuando hablo del Beni de Cádiz, está relacionado con Hegel. Seré responsable de lo que yo escriba, y el director lo será de lo que me deje escribir. Jamás me han censurado, quizá porque mi generación ha heredado de la dictadura una capacidad de autocensura que le permite llegar al límite sin pasarse de ahí. –También se ha perdido eso en la prensa actual, ¿no?

–También, porque lo que está de moda es la poca vergüenza. Fíjate si yo publicara los diarios de mi año y medio junto a Borbolla…
–¿Y ese deterioro también lo detecta en la clase política?
–Es que es el mismo, la clase política vive del periodismo, no al revés. La clase política no dice un solo término que no sea copiado del flujo mediático. Y vive a pesar del periodismo, porque mira que ha hecho lo posible por sanear la vida pública y, sin embargo, ha fracasado estrepitosamente. ¿Por qué? Porque son compartimentos estancos y hay un amplio sector del periodismo vendido a la política, alquilado como diría González Ruano. Pero hay más cosas, hay otros agentes sociales como el empresariado, los sindicatos o la Justicia… Hablo por experiencia personal: no se puede ganar o perder un juicio por una simple reclamación de deuda, porque en positivo o negativo el resultado, no es justo que se tarden tantos años en dirimir esa cuestión.