EL buen gobierno es cosa de todos, no solo del Poder. Lo digo porque, mientras la autoridad cae por fin del guindo –el aquellarre de la mani feministas fue, realmente, un escandalo– y se apresta a enfrentar esta catastrofe como exige el sentido comun, los ciudadanos dan la sensacion de verse a si mismos como meros espectadores. No tienen mas que contemplar a la ciudad alegre y confiada atestando las terrazas y, llegado el caso, hasta a alguna masa forofa invadiendo las calles para festejar sus manias. La que vivimos es ya una situacion extrema que se anuncia oficialmente que ira a peor. No parece demasiado pedir al gentio que, al menos por una vez, confie en la autoridad y obedezca sus tardias providencias.

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