Vivimos una inexplicable crisis en la botica: faltan medicamentos esenciales y, en ocasiones, algunos que no tienen siquiera “genéricos” que los sustituyan. Les sonarán: Adiro, Cafinitrina, Lorazepán, Dogmatil… Los dueños de la farmaindustria se niegan a servirlos al precio bajo que establece el Gobierno, muy inferior al que rige en otros países y, al parecer, no hay autoridad capaz de imponerse a su albedrío. Por lo demás, el sistema de “subastas” que en Andalucía emplea la Junta para la adquisición de fármacos hace el resto y el enfermo se ve obligado a peregrinar –¡casi como en Venezuela!— de farmacia en farmacia, en angustiosa búsqueda de su imprescindible remedio. No se recuerda un fracaso político semejante ni una comparable demostración de cacicato empresarial.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.