Sobre las malas noticias –la tragicomedia política y el saqueo interminable de la autonomía— planean también los buenos datos: decrecen los contagios, se reducen las muertes y es posible entrever al final del túnel de la Semana Santa una luz, siquiera vacilante, que anuncia tiempos más suaves. La disciplina ciudadana está siendo muy superior en méritos a la desconcertada gestión de un Gobierno atento más que nunca a su propia continuidad y volcado ya por completo en sus preocupaciones internas. La Junta, por su parte, parece mantener con firmeza el pulso en su procura de adelantarse a la pandemia sin dejar de pensar en un futuro que se anuncia con un timbre inquietante. Es lo que hay: nos ha tocado vivir la coyuntura más grave bajo el peor Gobierno. No hay que descartar como efecto de la tragedia el afianzamiento de la autonomía.

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