La designación de Mar Moreno como miembro de la ejecutiva federal del PSOE deja vacante, casi sin estrenarse, la consejería de Obras Públicas, lo que plantea el grave grado de improvisación de un proyecto autonómico para el cual quien sea titular de la consejería inversora no parece tener importancia o, en cualquier caso, es evidente que está supeditado al interés de partido. Habremos perdido otro año en ese departamento venido a menos que no ha levantado cabeza –“casos” aparte—desde que Montaner lo convirtiera en el instrumento básico de una Administración autónoma con poquísima experiencia de gestión y carente aún de imagen propia. Ahora, como se ve, dan igual tres que trescientas, lo que constituye una clara señal de la importancia menguante de la inversión autonómica. Tampoco Moreno tenía mucha idea de gestión, que digamos. Veremos si, al menos, la tiene el improvisado sustituto.

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