Un alto funcionario libio, Mohammed Shalgam acaba de revelar el secreto a voces (ya en 2003 hubo quien lo dijo y repitió en Italia sin lograr el menor eco) de que fue el Gobierno italiano, por decisión personal de Benito Craxi, quien avisó a Gadafi del inminente ‘raid’ que iba a ser lanzado por Reagan contra su país. Hoy por ti mañana por mí, Craxi preveía tal vez su futuro de prófugo de la Justicia italiana, su exilio dorado en Túnez y la leyenda (fidedigna por completo) de sus lingotes de oro guardados secretamente en la banca suiza, aunque no habría podido imaginar que, a su muerte, tendría funerales de Estado organizados por la izquierda con D’Alama a la cabeza y las muy exclusivas preces del propio y comprensivo Wojtila. Una cosa queda sin explicar, en todo caso, y es cómo es posible que si los servicios italianos alertaron al líder terrorista el 14 de abril (1986), el fulminante bombardeo yanqui del día siguiente –232 bombas y 48 misiles en doce minutos—habría provocado la muerte de decenas de personas, incluyendo a la hija adoptiva de Gadafi, mientras él lograba ponerse a salvo. La barbaridad de Reagan trataba de justificarse en hechos tan tremendos como el atentado contra el avión civil de la Pan Am ocurrido en Lockerbie en el que fallecieron 270 personas, y el posterior perpetrado contra cierta discoteca, aparte de su apoyo manifiesto al IRA y otras bandas terroristas, despreciable historial que ha sería finalmente condonado a ese líder ‘iluminado’, por intercesión de Blair, a cambio de que el coronel se comprometiera a no fabricar armas de destrucción masiva, pagara una indemnización a las familias de las víctimas y facilitara determinadas informaciones sobre Al Qaeda, tras lo cual la propia un levantó las sanciopneOOOONU tuvo a bien levantarle las justas sanciones que sobre él y su régimen pesaban. Gadafi, Reagan, Craxi, D’Alema, Wojtila, Blair, la ONU: a la vista está que ellos se entienden.

                                                                  xxxxx

Quizá el problema supremo de la lucha contra el terrorismo internacional sea la falta de un estatuto, siquiera ético, para combatirlo más allá de cambalaches y combinaciones entre los poderes. Lo que, visto desde una perspectiva más humana, quiere decir que una cosa es el juego a ras de tierra que las propagandas permiten entrever al ciudadano peatonal, y otra muy diferente el que, de hecho, se juega por arriba en las cancillerías y por abajo en los servicios secretos. Libia, sin ir más lejos, “va bien” según una ‘dura’ como Condolezza Rice ha proclamado en una visita reciente sentada precisamente junto al citado Shalgam. Recuerdo que cuando Aznar visitó a Gadafi y se comparó esa gentileza con el duro trato dado a Sadam Husein, alguien a quien respeto se le ocurrió proponer una justificación cuantitativa de los horrores perpetrados por ambos, inmerso sin percibirlo, a pesar de su liberalismo militante, en la propuesta marxista de que “la cantidad engendra la calidad”. Todos, hasta mi respetado amigo liberal, acaban entendiéndose entre sí en cuanto la prensa desaloja, los focos se apagan, la media luz se impone en la estancia y el Poder se queda a solas consigo mismo hasta reconocerse en los rasgos del Otro, reflejado en el complaciente espejo de la “razón superior”. Hoy, por ejemplo, Gadafi ya no es el enemigo a batir sino el socio que busca dónde invertir en España y muñe con Italia un generoso tratado de amistad tras el cual se prevé ya hasta la colaboración militar. Ellos se entienden, no cabe duda, buenos y malos, rojos y negros, moros y cristianos, inquilinos en esa elite cambiante pero todopoderosa que no sólo decide la suerte de las naciones sino que absuelve o condena según  soplen los vientos, en ocasiones, incluso a los mismos sujetos. El terrorista Gadafi es hoy más amigo que ayer pero menos que mañana. Si cambian las cosas, no ha de faltar algún Craxi que lo avise con tiempo, como lo avisaron a él.

6 Comentarios

  1. Pena ¿verdad? Y algo de asco también….
    Y supongo que estos cambios se deben esencialmente al estado…de los negocios.
    Pero ¿por qué Gadafi se salvó y a Saddam le tocó la china? Será porque Saddam no es tan venal o porque Libia está mas lejos que Irak de Israel, y que los lobbies pro-israelies apretaron fuerte?

    No sabía lo de Craxi. Despreciable.

    Besos a todos.

  2. ¿Cómo era aquello de ‘que la razón tiene razones que la cartera desconoce…?’ ¿O viceversa? ¿O era el corazón?. Qué más da, catrtera y corazón sí que están bien cerca.

    Miren, las cartas están repartidas y cada uno lleva la mano que lleva. Lo que no quita para que por debajo de la mesa haya quien se pase a otro un siete -de oros, por supuesto- o alguien se dé cuenta de que hay más sotas de copas de las esperadas.

    Esto es lo que hay. Rien ne va plus.

  3. POR MUY TESTARUDO QUE SEA UNO AL FINAL LA TOLERANCIA SE IMPONE, CUANDO UNO SE DA CUENTA QUE NO PUEDE SER 100 % EL MISMO, CON EL PASO DE LOS AÑOS SE APRENDE DE LOS ERRORES, AUNQUE LOS MAS FUERTES Y DESCEREBRADOS TARDEN MAS, NADIE QUE SE HAYA EN EL PODER ESTA TAN COMPLETAMENTE LOCO COMO PARA ACABAR COMO SADAM. UN SALUDO DON JOSE ANTONIO

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.