Pretende el abogado que defiende a Isabel Pantoja que se le dé a su clienta el mismo trato –es decir, que no se la impute—que un juez balear ha dado, según él, a la infanta Cristina, y argumenta su derecho invocando la “analogía”. Bueno, en derecho penal no caben analogías, creo yo, salvo las establecidas por la jurisprudencia, pero, al margen de tecnicismos, lo que no tiene sentido es este tipo de comparaciones que, de aceptarse como válidas, dejaría vacíos los Juzgados. Un gesto demagógico que, sin duda, aceptará mucha gente y contribuirá lo suyo a la mediatización del caso, pero que es, a todas luces, un clavo ardiendo al que se ha agarra el letrado. Pantoja debe ser juzgada con equidad, ni más ni menos que cualquiera de los otros que han intervenido en el asombroso saqueo padecido por el Ayuntamiento de Marbella.

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