No tengo yo nada claro que la batalla por la igualdad entre los sexos haya concluido con el invento de la paridad. Incluso se están haciendo tonterías en este terreno que, a mi modesto entender, más perjudican que benefician a la causa femenina, como cierta insólita providencia de la universidad andaluza consistente en asignar más dinero en los presupuestos a las universidades que más mujeres tengan en sus nóminas, como si Eloísa pintara más que Abelardo. Claro que por ahí fuera tampoco está clara la cosa. La propia Cherie Blair, la católica esposa del “premier” británico, ha tenido que enfundársela a toda prisa tras desahogarse descalificando como mentiroso al contrincante y sucesor de su marido que había afirmado respecto a éste una lealtad a todas luces falsa. Y en Francia está teniendo lugar una estampida de elefantes frente al desafío de la doncella Ségolêne que lo más probable es que acabe encumbrando a Sarkozi. Ahí lo tienen: lo que no lograron los cismas ideológicos y las luchas intestinas lo va a conseguir la reacción de los machos alertados por la feromona del éxito de esa doncella que va de Juana de Arco con los pronósticos no poco favorables. No tragan los viejos elefantes, se resisten los cocodrilos del “aparato”, cerrando filas frente a un enemigo común que, con evidente acierto, han comprendido que la clave no es Ségolène sino el sexo o, para decirlo desde la corrección política, que no es la doncella sino el “género”. No sé si incluir al propio marido de la candidata, François Hollande, pero desde Fabius a Jospin, desde un tipo tan “in” como Jack Lang hasta un peso pesado como Strauss-Kahn, lo cierto es que han cerrado un frente contra la dama pretendienta que no se lo salta un galgo ni presumiblemente una galga. La lucha por la igualdad ha sido una reivindicación de las mujeres utilizada sagazmente por muchos hombres, pero una cosa es la lucha y otra la victoria.
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Volviendo a nuestros lares, o me he enterado mal o parece que la paridad dichosa que habría conseguido igualar la estadística del reparto de cargos no ha logrado, sin embargo, distribuir paritariamente las funciones del poder. Pero lo que más me interesa en esta historia verdadera es la falsía que gastan los elefantes y han gastado siempre en esa lucha por el poder los grandes machos de la manada, una falsía que me inspira la sospecha de que si alguna vez alguna hembra bragada se hace con el mando supremo no será precisamente por el concurso de aquellos, sino muy a su pesar. En el caso Ségolène lo ha dejado bien claro un tipo tan acreditado como Henri Emmanueli al proponer como solución de la “crisis” que sea el marido (Hollande) el que corte el nudo gordiano de un tajo asumiendo él mismo la candidatura, que es como decir en voz alta que uno estaría dispuesto a resignarse con la derrota a manos de un varón pero no a tragarse así como así la victoria de una hembra. No es fácil superar una cultura en la que talentazos como Dante, Maquievelo, Nietzsche, Faulkner o Pavese dijeron lo que dijeron de la mujer y se quedaron tan tranquilos. Nada menos que Eurípides aconsejaba al varón no creer a la mujer aunque dijera la verdad y recuerdo haberle leído a Taine que dar a una mujer, no ya poder, sino simplemente ilustración y capacidad de entendimiento, vendría a ser como ponerle a un niño un cuchillo en la mano. ¿Por qué vamos a esperar que estos elefantes hodiernos, ni en Francia ni en ninguna parte, salten sin pértiga sobre lo más granado de nuestra cultura, cómo esperar que de la noche a la mañana el androceo acepte una igualdad que lleva siglos caricaturizando? Incluso en la dormidera caballeresca la mujer no tuvo, en realidad, junto al héroe, más que un papel secundario y especular. Pedirle a esos gorilas que hagan por Ségoléne lo que no hizo ni Tristán por Isolda no deja de ser una ingenuidad.

9 Comentarios

  1. Mi abuelo decía un viejo refrán: “Ni aire colado, ni enemigo reconciliado; ni mula que haga ‘jiin’, ni mujer que sepa latín”. Claro que la guerra de Cuba le pilló ya talludito y sólo conoció poco más de medio siglo XX a pesar de palmarla noventón. Su nieta, una servidora, conoció desde el velo obligatorio y los manguitos en misa hasta el mítico desvirgue en la noche de bodas.

    Claro, que también logró luego la paridad en tantas cosas que no merece la pena enumerarlas. Todo a base de ceder por ambas partes en casi todo, de derribar muros de cartón, de poner cera en los oidos a las habladurías del respetable, de dejar tiras de pellejo en las esquinas más traidoras, de sentir la soledad de dos cogidos de la mano en medio de la más absoluta enemiga.

    Nada de cuotas ni contratos, ni particiones, sino el diario esfuerzo de compartir, de consentir (sentir con), de olvidar lo necesario y respetar hasta un poquito por encima de los límites superiores.

    (Parece que al blog nos asomamos pocos, o tal vez es la pereza de teclear, y solo mi doña Sicard y servidora mantenemos la llamita encendida. Ayer hasta mi don Elitróforo hizo rabona. Seguro que justificada.)

  2. Hace tiempo que el macho está atemorizado. Un nuevo fantasma recorre el llamado mundo civilizado: La inseguridad del macho cazador al perder a la que tenía como vigilante hacendosa en su refugio.

    Éstas están salliendo en tropel de la cueva y han comenzado a cazar todo lo que se les ponga por delante.No será un cambio en el modelo de civilización ya que seguirá el darwinismo social de sobrevivir el más fuerte.

    Ellos lloran, balbucean y aterrados por la incertidumbre del presente castigan a la culpable con la pérdida de la vida.

    No será un cambio en el modelo de civilización ya que seguirá el darwinismo social de sobrevivir el más fuerte.

  3. Coincido plenamente con lo expuesto por Dª Epiloquetoque. Entiendo yo también que el consentir es la base de la convivencia necesaria entre dos seres muy distintos que forman sistema (la “santísima dualidad”: la mujer es un ser humano, el hombre es un ser humano, pero el ser humano son los dos al mismo tiempo). Por encima de las batallas está la guerra, y en esa estamos en el mismo bando unas/os y otros/as.

  4. Completamente de acuerdo con el maestro, en el caso Ségolène versus aparato socialista.Lo que también molesta es que es más pragmática :no se anda por las ramas y dice en voz alta lo que todos piensan y no se atreven a decir. Deja la teoría de lado y se enfrenta con la realidad.

    En cuanto a los varones , lo que dice el Sr. Moreno es totalmente cierto. Creo que mientras los eduquemos a la antigua no sabrán cual es su papel y se sentirán desconsiderados porque ya no son ellos los que traen el pan, o abrumados por lo que tendrían que hacer: se espera de ellos que compartan los quehaceres del hogar y el cuidado de los pequeños y eso nunca lo vieron hacer y no saben hacerlo.
    Realmente, en el ambiente en el que vivo, más pena me dan los hombres que las mujeres. A menudo nuestra vida es más dura pero hacemos frente con más valor y menos problemas graves (suicidios, alcoolismo, enfermedades mentales graves) Y las estadísticas ma dan la razón: vivimos más que ellos y mejor.

    Sé que no van a estar de acuerdo conmigo pero mi sentimiento es que el avasallamiento de la mujer, no es sólo un problema de sexo sino mucho de cultura. No sé yo si la duquesa de Alba ha tenido nunca algún problema o ha sufrido alguna discriminación por ser hembra. Y me supongo que hace unos cuantos años, cuando la mujer pasaba de la tutela de su padre a la del esposo, doña Cayetana podía administrarse, comprar o vender lo que le apeteciera. Recuerdo que mi padre le tuvo que hacer un poder a mi madre para que pudiera hacer todo el papeleo, abrir una cuenta corriente y cosas así. El letrado llamó aparte a mi padre y despavorido le preguntó si se daba cuenta de lo que hacía.

  5. Lo que ocurre es que si la liberación fuera para lograr lo que anoche mismo ví en un porgrama de la Milá sobre el tema –consoladores, boys, chicas exhibiendo su recién conquistada libertad– poco merecería la pena. Vi a esas mujeres comport´`andose PEOR

  6. PEOR, digo, que los camioneros antiguos en los puticlubs de carretera, y escuché a los boys hablar de las “liberadas” como las putas hablaban en tiempos de los primos que “entraban” al trapo. Una pena. Creo que hay mujeres –ahí caba de hablar doña Sicard– que lo tenemos claro. Incuyendo que no tenemos cana contra el hombre, sino, como dice el señor Chic, considerándolo nuestra mitad natural.

  7. Lamento mi ausencia, prolongada, aunque sé que el maestro anduvo también escondido, no sé si peripatético o contemplativo. El tema de hoy, que he vicido de cerca, me tienta, pero veo que doña Sicard se me ha adelantado para decir bastante de lo que convenía. De todas formas, el anfi no se refiere sólo al caso Ségolène sino que trata de p`resentralo como paradigma de lo que es el machismo de partido. Reparemos en eso tambíén.

  8. No olviden bajo qué tutela está la cadena de la tal Milá. Es el oportunismo hecho grupo mediático donde todo vale si se convietrte en euros.

    Ni loca se me ocurriría plantarme ante un programa de esos. Me temo que sean un fiel reflejo de lo peor que le ha correspondido a la mujer en estos últimos tiempos:para asumir su rol de equivalencia con el macho imita sus tics más superficiales y groseros. Pierde todo tipo de pudor, adopta un lenguaje tabernario, escupe palabrotas que ningún varón educado pronuncia, mata el ocio tirada en los parques que no dudará luego en destrozar, fuma con aires de puto, se emborracha vergonzosamente cada finde, violenta normas de convivencia en grupo y, ay, compite al volante en osadía y malos modos.

    Ni don Juan, ni Juanillo. Nos queda a muchos de los que por aquí pululamos la esperanza de cerrar los ojos antes de que esta generación, tan descaminada en tantas cosas, nos gobierne.

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