Hace unas cuanta noches escuché al filósofo José Antonio Marina explicar por la radio –la radio de madrugada es un confesionario imprevisible—que la democracia española actual, tan degradada por tantos conceptos, tan maltratada por sus propios manijeros, mejoraría considerablemente si los electores se decidieran a emitir su voto con una libertad tan plena que fuera capaz de excluir por completo el prejuicio y eso que los sociólogos llaman la “tendencia”. Según intuye Marina y confirma la sociología electoral, en efecto, el voto en España tiende a mantenerse fiel a sí mismo, como si el votante formara parte de por vida de alguna cofradía virtual, y como si –esto lo explicó muy bien el razonante—cambiar el color de la papeleta en uso de la libertad realenga que le asiste, constituyera una especie de defección moral por la que el mutante debería dar cuenta no sólo ante el severo tribunal de su propia conciencia sino, y ante todo, ante esa inquisición vigilante que es la opinión ajena. En los países desarrollados, hechos a la democracia –insistía Marina—se vota con la esperanza de apoyar una buena y honrada gestión, lo que supone que, en caso de constatarse el fracaso de los gestores electos, los votantes emigran tranquilamente con su voto a la lista vecina y santas pascuas. Pero en España no ocurre eso, por suerte para algunos y desgracia de muchos, sino todo lo contrario, a saber, que el voto constituye una especie de marca vitalicia cuyo mantenimiento honra y cuya corrección degrada. Mi abuelo, que trajinaba en el cacicato de la Regencia, debió forzar en una ocasión a un dependiente suyo a votar por las derechas en plena efervescencia del republicanismo federalista, lo que provocó que el forzado se dirigiera en tono garibaldino a la mesa electoral, en la que lo observaban suspicaces algunos correligionarios suyos, y les espetara esta joya dialéctica: “Ahí va mi voto, monárquico, pero conste que por mi sangre corre la dinamita”. La identidad electoral, como la del sexo o la que personaliza al individuo, resulta aquí obligada. Marina y un servidor pensamos que en detrimento de la plenitud democrática.

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No ocurre así en otros países, ni ocurrió en aquí tampoco cuando el vendaval de las corrupciones y el terrorismo de Estado se llevó por delante la experiencia gonzalista. No ocurre en Alemania, donde cuatro meses después del apretado triunfo electoral, los conservatas de Angela Merkel, cuya gestión alaba todo el mundo hasta ahora, han cosechado ya su primera confirmación en las elecciones regionales. Naturalmente el problema se agrava cuando se impone en el ambiente una disyuntiva bipartidista, y se agrava sobre todo por la sencilla razón de que en la base de ese bipartidismo y en el meollo de su estrategia lo que rebulle no es otra cosa que el estímulo maniqueo, esa pajarilla dormida en todo votante que tan fácil resulta despertar. Los sociólogos saben bien que la izquierda cuenta con que ese rígido sentimiento de fidelidad le garantiza la supervivencia incluso en situaciones manifiestas de saturación y desgaste: es muy raro el votante de la izquierda que decida en conciencia, llegado el caso, votar los conservadores, mientras que el éxodo del voto moderado hacia la órbita socialdemócrata, por ejemplo, está probado que resulta relativamente fácil. Gambetta, que no se mordía la lengua, sostuvo que estaba en la esencia misma del sufragio universal –al que la izquierda se oponía aún durante la II República, todo hay que decirlo, al excluir a la mujer—no poder estipular su propia alienación. Se han dicho cosas muy graves contra el bendito sufragio desde George Sand a Montesquieu. Y algunos demócratas nos tememos que la mayoría de ellas se sostienen con comodidad sobre el tinglado de la partitocracia. “Un hombre, un voto”, vale, por supuesto. Ya sólo nos queda convercerle de que ese cvoto es suyo con todas sus consecuencias.

43 Comentarios

  1. Es cierto e interesante este asunto, pero el ejemplo de Alemania no es bueno, patrón, en Badem-Wurtemberg vienen ganando los negros ( ellos se llaman así , que nadie me malinterprete) historicamente y por mucho. Allí tambien cuecen habas.

  2. El caso es discrepar. A donde el patrón apunta no es el ´çexito –indiscutible– de la Merkel, sino al “voto cautivo”, a esa re´mora del maniqueísmo bipartidista, que es lo grave. Hay pocas personas a las que una le haya oído repetir más a menudo lo de que tn odas partes cuecen habas.

  3. Con la actual ley electoral, que nadie va a cambiar -sobre todo porque los dos grandes esperan siempre que les toque el ancho del embudo-, la llamada democracia es poco más que una farsa.

    Me temo que a servidora se la comerán los gusanos y todavía seguiré votando en blanco. Ius pataletarum. Digo y ratifico.

  4. Votar en blanco fortalece al Sistema. ¿Por qué no se abstiene, que eso sí que los deja con el culo al aire?

  5. Perdone, doña Clara, pero es exactamente al revés. Creo que el patrón es votante blanco: no se absiteien, como si no estuciera interesado, sino que deposita su voto “para nadie”, para que se vea que no considera a ninguno digno de ser cotado. Yo tampoco.

  6. Interesante defensa de la libertad de voto: no hay que sentirse ligado a nada. A Nada. Sí, ya sé lo que va a decirme alguien, pero a pesar de ello, insisto: “¡A Nadie!. La Verdad os hará libres. La Libertad os hará hombres.

  7. El patrón presenta mañana en Sevbilla a Enrique Múgica. La semana anterior presentó en Huelva a Rajoy. En sus ya populares “charlas” mundanas entra Saramago y Rosa Díez, Anguita y Escuredo, Fungairiño y Nicolás Redondo, y así sucesivamente. Con la mano en el corazón, persecutores del patrón: ¿sería eso concebible si el patrón actuara ne la órbota del PSOE? Simpelmente, sí o no, por favor.

  8. Joselito o Belmonte, Barça o Real M, animismo o determinismo… Humm, no estoy muy segura de la última pareja. Pero lo cierto es que JA se manifiesta nieto de prócer y uno de mis abuelos era analfabeto. Mi padre nunca aprendió a dividir aunque multiplicaba con soltura y acierto, gracias a que se sabía las tablas. Un maestro de la época le incucó la letra, y las tablas, creo que alguna vez con sangre.

    Así hoy, JA es un figura y servidora no pasa de ser una menopaúsica, histérica e hiperbólica. A ver.

    Ah, y lo del voto en blanco y la abstención, me lo documenten, o al menos me lo razonen un poquito mejor. Por fa.

  9. Lamento decirles que Dª Clara tiene razón, el voto en blanco no solo fortalece al sistema sino que al final es contabilizado con los analfabetos mientras que la abstención tiende a desautorizarlo. Yo, cuando me abstengo, practico la abstención responsable, esto es, voy hasta la urna y, sin hacer ningún corte de manga, me vuelvo a mi casa.

  10. Marina y JA nos hablan del voto cautivo.
    Tan cautivo está el voto del jornalero sujeto al empleo comunitario como el del hijo del republicano perseguido como el del charnego medio asimilado como el vuelo de la rapaz del cetrero, pero a mi me preocupa más, mucho más, el voto secuestrado.

    Mientras que el jornalero comunitario tiene derecho al voto secreto y libre aunque no lo practique, el representante de ese jornalero o más bien de todos los españoles no tiene derecho a decidir su voto en conciencia sino que está obligado a lo que dicte el jefe de filas de su partido.

    ¿Es democrático que un señor diputado no pueda votar en conciencia? Para mí que no.
    Yo solo recuerdo dos excepciones autorizadas por los partidos respectivos: A Nicolás Redondo y a Celia Villalobos y en ambas ocasiones los partidos respectivos tenían sus mayorías aseguradas.

  11. Hay un voto mayoritario que es el voto mediático, influido, manipulado a veces, subliminal…
    Todo un arduo trabajo de investigación, tremendo el tema de hoy. No basta con un dia de blog.

  12. Por cierto Doña Marcia, si es capaz de mostrarme otra intervención mia donde hable de habas…le regalo la cacerola.

  13. Votar a un partido determinado: Allá cada cual con su responsabilidad.

    Votar en blanco: Se desconoce la causa por lo que lo efectúa.

    Voto nulo responsable: En varias ocasiones ha sido usado por mí. En elecciones sindicales tachando el nombre de los que no tenían mi confianza. En algunos referénduns escribiendo la causa principal por la cual lo hacía. En elecciones al Congreso y Senado tachando mis indeseables candidatos.

    Abtencionista. Montón del cuerpo electoral donde figuran los anarquistas, vagos, indecisos, pasotas, enfermos, viajeros, etc, etc,…….

    La abstención no prefigura nada. El voto nulo responsable es un revulsivo para la Clase Política.

  14. Tiene mucha razón, Dª Gertrudis, pero en cualquiera de los cuatro casos su no voto será utilizado por casi todo el mundo y si opta por el voto correcto el votado se considerará dueño de su voluntad por cuatro años y con toda probabilidad la utilizará como patente de corso.
    Es lo que vengo viendo toda la vida, al menos en España.

  15. Todo está muy bien, pero el patrón de lo que habla es de que en España parece que cambiar el sentido del voto fuera una defección en vez de el ejercicio de un derecho elemental. Los sociólogos saben que hay mucha gente de la vieja AP que acabó en el PSOE, votantes de CiU que dieron con sus huesos en ERC, muchos del PCE que se fueron al PSOE y no pocos del PSOE que pasaron a la derecha. Pero son muy pocos todavía. Marina lleva razón llamando a esa actitud “voto cautivo”. Yo todavía me explico el “secuestrado” a base de subsidios (el llamado PER no es el múnico), peor no el vergonzante. Hay gente ya que va a votar como quien defeca: en un rincón y tapándose. Nuestra democracia va mal.

  16. ¿Y cómo votar a cara descubierta, por ejemplo, en las municipales sevillanas, si el candidato/alcalde arrastra decenas de obras pagadas e ilicaloizables, cheques que nadie sabe quién cobró y demás? En otras ollas habrá también habas cociendo, pero el puchero al que me refiero ha dado ya de sí demasiados guisos. Sin partidismos, aquí han robado más los que han tenido más poder. Con una excepción que está ahí –¡ay, si no estuvviera a la vista!–, eue es el periodo del Gobierno conservador. Esto puede irritar a la izquierda pero la que debe dar cuenta de sus corrupciones es ella no los demás.

  17. Hasta ahora encuentro como más razonable la postura de Dª Gertru (¡menopausia al poder, ya!) . Lo cierto es que mi histrioismo se me viene arriba con lo del voto nulo y no me conformo con tachaduras ni correcciones. Casi siempre me sale una gamberrada o una procacidad y po r eso prefiero el sobre vacío.

  18. ¿Quien vota a cara descubierta?
    Por supuesto, los diputados todos como una piña según su partido. Si tuvieran derecho al voto secreto la Democracia si funcionaría y los líderes se cuidarían de no proponer tonterías o hacer alcaldadas como la ley del tabaco y los progenitores A y B, por ejemplo.

    También votan a cara descubierta en los pueblos del País Vasco porque si no muestras tu papeleta es porque votas a los malos.

    Tenemos una democracia capada.

  19. Si el voto de todos los españoles fuera cautivo, ni González en 1982 ni Aznar en 1996 y 2000 ni ZP en 2004 hubieran ganado las elecciones. Estimo que más de dos millones de votantes, independientes de banderías, no son tan tontos como parecen, sino muy inteligentes, porque son los que a la postre deciden las elecciones generales. Además, todo el mundo tiene el derecho de votar lo que le venga en gana, porque en el amor y también en la política, ‘le coeur a ses raisons que la Raison ne connait pas’

  20. Nadie ha dicho que el voto de TODOS los españoles fuera cautivo.
    Eso fue cosa de otro tiempo cuando todos los españoles éramos cautivos con o sin voto.

  21. Huy, con las glorias se me van las memorias. Con el enreo de los sobres sin voto, los votos sin lustre…que no te he dicho, Observador mi amol, que menuda inyección de autoestima. Deja un teléfono, un imeil, que voy a donde me digas, prenda. A la puerta del Cortinglé de la plaza de Cataluña, al bicho verde del Gugenhein, donde haga falta, por darte dos besos y todo lo que surja. Príncipe, que te mereces la gloria.

    Subsanado el olvidado capítulo de agradecimientos, a don ARV:¿Y no es una pena, mi Magnífico, que de tantísimas criaturas, solo esos dos milloncejos se puedan considerar LIBRES? Más bien me inclino por el autosecuestro que queda dicho. El no enmendalla. ¿No hay quien paga y se deja azotar por un ama rigurosa, en cueros y con cueros? Que somos un país de bajitos mentales. De masocas y castrados. Ay, don Sigmund. Aunque en todas las casas cuecen habas.

  22. Sín todo está muy bien, pero insiste (supongo) el columnista: sería estupendo que el votante ejerciera cada vez de manera libre, sin “memoria electoral”, sin vínculo subliminal, sin sentimiento de enajenación. Sólo los votos libres de todo condicionamiento son verdaderos votos, aunque valga lo mismo el de Agamenón qu eel del porquero, lo cual no es una conquista brillante de la civilización política, sino una victoria pírrica contra el espíritu censitario. Me extraña que ARV se conforme con dos millones, o cuatro, o seis de electores “libres”. Creo que lo que propone jagm comentando a Marina es otra cosa, y más profunda.

  23. Tengo entendido que el patrón viene por Lutecia en breve. Pues tráete la máscara de gast, colega, si no quieres recordar viejos tiempos. Ayer mismo leía aquí (un boletín del CNRS) que hay una mayoría que detesta la política pero manteiene su fidelidad electoral más o menos. Creo que a eso es a lo que se refiere ja, y eso es miuy importante, muy grave. Vamos a ver qué se vota aquí cuando acabe esta puesta en escena general (por la derecha, por la izquierda) y los jóvenes, triunfantes o derrotados, vuelvan a su rollo barridos por tras actualidades. JA sabe mucho de estas cosas. Siempre supo y se le nota.

  24. Por fin un día se habla de lo propuesto. Y se han dicho cosas muy interesantes, por casi todos. ¿Nos lee jagm? Si es así hoy debe de estar satisfecho. Su trabajo no cae en baldío.

  25. Acierta de pleno el paisano Gómez Marín al poner el acento en la dificultad insoslayable y de carácter quasi religioso para cambiar el sentido de su voto que tiene ¿el español? ¿el andaluz? Uno de los interrogantes básicos al que hay que dar respuesta para que haya una real alternancia de poder y de gobierno en Andalucía es justamente éste sobre el que versa el artículo de JAGM. Pero para mí que el cautivo no es el voto sino el votante. Es cautivo de un sentimiento irracional de su participación en la democracia que lo hace repetir lo que una vez hizo sumido en un éxtasis o subidón emotivo de identificación con un partido concreto. Esa primera vez determina casi todo y cada cuatro años ese partido sabe evocar aquella primera vez con unos mecanismos de llamada que habría que estudiar para liberar al andaluz de esos grilletes psíquicos que le impiden ejercer su derecho al voto libre de fanatismo y conducido, al menos en parte, de la mano del sentido común.

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