Chaves se va a China tras las huellas del Rey, seguramente reclamado con urgencia por graves necesidades andaluzas. Los políticos guardan para el verano estos superviajes oficiales, costosísimos y generalmente inútiles (ya me dirán qué va a conseguir en China Chaves que no haya logrado el Jefe del Estado), al que, encima, no acuden solos sino acompañados del séquito que merecen sus augustas personas. Y le pasan la factura al pueblo soberano, claro está, ajenos a tantas necesidades reales, incluso inaplazables, con toda la tranquilidad del mundo. Si en Andalucía hubiera un Parlamento digno de tal nombre exigiría que el Presidente explique para qué ha servido, siquiera alguna vez, uno solo de esos prohibitivos periplos que no son más que vacaciones gratuitas pagadas por el contribuyente. Es tal el convencimiento de que lo merecen todo por su bella cara que ni se plantean que la región más pobre de España pague viajes tan suntuarios como inútiles. Y tanta la debilidad de nuestra democracia que ni siquiera existe la posibilidad de pedirles, ni por una vez, que justifiquen tanto despilfarro.

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