La escena de Isabel Pantoja acorralada, insultada, vejada y agredida por una turba asilvestrada no tiene cabida en un escenario democrático. ¿Cuántas veces nos han  obsequiado el Gobierno y sus delegatas con imágenes de policías encapuchados y despliegues impresionantes en torno a operaciones especiales? ¿Y no era ésta una de ellas, acaso no era previsible que la ciudadana Pantoja –contra la que, de momento, no hay más que una imputación por probar—sería asaltada por el marujeo ocioso si es que no provocada por los “fabricantes de noticias”? Pantoja con el vestido roto era antier todo un  icono de la insolvencia gubernativa y, más que probablemente, una cortina tras la que esconder otras vergüenza.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.