No hay nada en el nacionalismo post-romántico, esa enfermedad lugareña, que merezca la reflexión ideológica. Un amigo pseudómino asiduo de mi blog, el Dr. Pangloss, me pide cuentas de la cita de Julio Camba a propósito del tema que dejé caer aquí no hace tanto tiempo. Se la doy: se trataba de una frase (abreviada) que tomé de un viejo ejemplar de “Maneras de ser español” publicado en el primer cuarto del siglo pasado. Alude ese título a otro asunto de moda al menos hasta el ocaso del franquismo –el tema del “ser español”—que para unos (para Azaña, creo recordar) era lo que había de ser quien no pudiera ser otra cosa, mientras que para otros (Primo de Rivera, por ejemplo) sería “la única cosa seria que se puede ser en este mundo”. Camba pasaba de esas ontologías –él, que viajaría desde el anarquismo a la dictadura, desde la prensa ácrata a la monárquica o a la falangista) y eso es lo que mostraba en esa cita con la que creía probar la inania nacionalista: “Una nación se hace lo mismo que cualquier otra cosa. Es cuestión de años y de un millón de pesetas” con que el creía bastarse para hacer de Getafe una nación. ¿Cómo? Pues fácil: “Me voy allí y observo si haya más rubios que morenos, si predominan los braquicéfalos o los dolicocéfalos… (porque) es indudable que algún tipo antropológico tendrá allí preponderancia y este tipo sería el fundamento de la futura nacionalidad…… Recojo modismos locales y constituyo un idioma… Y si alguien osara decirme entonces que Getafe no es una nación, yo le preguntaría que es lo que él entendía por tal,y como no podría definirme el concepto, le habría reducido al silencio”. Camba saltaba sobre Renan y sobre Herder pero el efecto dialéctico era más que probable. Todavía hoy pondríamos contra las cuerdas a los nacionalistas más ultras si los sometiéramos a esa prueba doctrinal.

 

Lo de Cataluña ha derivado en una mera matraca entre victimista y proterva en cuyas trampas lo único que funciona son las trampas mismas. Pero no olvidemos –como Camba—que en la religión lugareña el mito juega un papel esencial y que ese mito, ésa es la verdad, es mucho más activo en Cataluña que en el conjunto de España, quizá porque el resabio romántico se conserva mejor en el formol de las culturas umbilicales que ven en su ombligo un agujero negro por el que escapar desde su dimensión natural a otra imaginaria. Pierden el tiempo quienes claman en ese desierto mítico, después de todo no tan lejano del chafarrinón de Camba.

2 Comentarios

  1. Podrá parecer algo chusca la ironía de Camba, pero, en el fondo, hay no poco de su tesis en la realidad. Recuérdese los “trabajos” de Sabino Arana y su hermano para inventar el “euskera” empezando por esa misma palabra. Les recomiendo “El bucle melancólico” de Jon Juaristi: Allí está explicado por qué el PNV tiene secuestrada y fuera de mercado la hilarante bibliografçía de los Arana.

  2. Me sumo a lo dicho en la columna y recuerdo que Adolfo Suárez solía decir, hablando de nuestros separatistas, que la lengua no lo es todo en una cultura.

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