No me acabo de creer los inquietantes augurios sobre la posible alta abstención que se podría registrar hoy. No es que falten motivos para justificarla, desde luego, pero la peculiar psicología social del electorado andaluz me parece que aconseja moderar esa indeseable previsión. Hoy saldremos de dudas, en cualquier caso, y ya verán como mañana mismo los arúspices explican igual por qué y en qué fallaron que dónde atinaron en el blanco, pues tal como decía Schlegel del historiador, el sociólogo suele ser un profeta que mira hacia atrás.
Vale, aunque, eso sí, no crean ni por un momento que escrutado el voto se acabó la función. ¡Quiá! El comicio no es hoy más que un primer acto en la comedia política cuyo desenlace no suele proporcionarlo el simple escrutinio de los votos emitidos sino el imprevisible resultado del tejemaneje partidista que, al final, ha de proporcionar unos pactos tan útiles para la supervivencia de los partidos como tal vez ajenos a la voluntad directa de los electores. He oído con frecuencia durante la reciente campaña el anuncio abstencionista con que muchos ciudadanos creen superar la confusión y desaliento que está provocando, sobre el tinglado de la antigua farsa, el espectáculo amoral y hasta cínico protagonizado por los partidos. Pero ya verán de qué manera admirable se volatilizan las graves acusaciones y los insultos una vez que, a cencerros tapados, tanto por “las derechas” como por “las izquierdas” se vayan muñendo pactos y cambalaches.

¿O usted creyó en serio que Ciudadanos no podría renovar su alianza con el mismo PSOE al que, sin tentarse la ropa, ha acusado –¡en su propio programa!— de corrupto y hasta de ladrón? ¿O ha creído en algún momento que los vituperios lanzados por Podemos contra el PSOE impedirán a esos antisistema, llegado el caso, aliarse con el diablo? Los lanzados de Vox ayudarán a C’s con el fin de desarbolar al PP y los podemitas a la irreconocible IU de Anguita en su vidrioso proyecto compartido de suplantar al PSOE. Pero ¿alguien garantiza que los primeros no lleguen a pactar con el PP si las cuentas cuadran, o que los segundos no acepten el papel de muleta de un PSOE en franca decadencia si la pedrea es tentadora?
Del voto de hoy depende el bipartidismo infelizmente imperante y ciertamente no resulta fácil ofrecer una solución acertada al votante. Cabe sólo invocar la recta intención y el sentido cívico. Me temo que, al menos desde un elemental sentido del deber, el pesimismo es hoy tan inevitable como groseramente inadecuado para el interés público de Andalucía.

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