Al pobre Goya andan saqueándole la pinacoteca, seguramente con razón, esos expertos que trajinan laboriosos con las pinturas estudiando la pincelada y escudriñándolas con rayos X. El aldabonazo lo ha dado estos días el propio Museo del Prado al anunciar que, en fecha próxima, respaldará oficialmente las hipótesis de sus expertos que han puesto en cuestión la autoría de algunas de sus obras más conocidas, entre las que destaca el célebre “Coloso”, la metáfora clásica de la Independencia, pero también obras como “La Lechera”, “Esopo”, “Menipo” y las mismísimas “pinturas negras” de la Quinta del Sordo que ahora resulta que no serían obra suyas sino de su hijo. Una revolución, que una vez más viene a cuestionar la beatería que rige el gusto y la estimativa pública, fatalmente sometida a la tiranía de la oficial, y que resuelve en términos tremendos la opinión publicada de que resulta probable que, de no mediar estas confusiones que han permitido la atribución de esos apócrifos al autor famoso, las obras en cuestión estarían hoy día rebotando por “el mercado secundario de las subastas”. La mano genial de Goya no sufrirá gran cosa por este motivo, desde luego, pero el caso sirve para demostrar hasta qué punto aquella beatería está siempre dispuesta a asumir disciplinadamente la admiración que se le propone, como consecuencia inevitable de la inexperiencia de su mirada. Hace bien poco las policías española e italiana trincaban a una banda, con experto incluido, que trataba de vender como auténticos, falsos renacentistas, entre ellos algunos Rembrandt, Veronese y un Parmigiano por el que pedían una millonada. Precisamente de Rembrandt dice la Asociación Holandesa para el Avance de la Investigación que al menos la mitad de sus obras no son genuinas, de su mano, sino como en tantos otros casos, trabajos de taller, y Thomas Hoving armó la marimorena en el mundillo del arte al sostener en público que el cuarenta por ciento de las obras exhibidas en el Metropolitan Museum de Nueva York no eran, realmente, lo que aseguraba su atribución. No pasa semestre sin que nos enteremos de que decenas de Dalís subastados o expuestos por ahí son falsificaciones hechas en vida del genio o tras su muerte. No cabe duda de que las devociones artísticas sujetas a catecismo tienen mucho de convencionales.

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Tengo pocas dudas de que ese criterio obediente que hace del arte contemporáneo, por ejemplo, en tantos casos, un tema tan dudoso, acabará cediendo, con el tiempo, como ceden todas las modas, a la exigencia de razón, a pesar del blindaje intelectualista con que lo ha protegido la exégesis desde Ortega a Lyotard y desde Adorno a María Zambrano, cuyo trasfondo ha sido, en definitiva, un duro aristocratismo de origen niestzcheano que ve en la obra de arte un producto para “entendidos” y, en consecuencia, excluye al ojo común de la participación estética. El caso de Goya pone al descubierto que la estimativa elitista en que se funda la “deshumanización del arte” tiene más de ‘pose’ que de razón, pues si resulta tan fácil pasar de matute Veroneses o Goyas, podemos imaginar las inmensas posibilidades que se abren al fraude ante la obra “deshumanizada”. Los maestros de la Escuela de Frankfurt sabían, además, que esa ambiciosa protesta contra el orden estético acaba siendo “un producto de la misma estructura que denuncia” y no hay mejor confirmación de ello que el comportamiento del mercado artístico, regido por esos valores a la hora de cotizarlos por las nubes. Goya sobrevivirá a todas las inquisiciones pero tengo mis dudas sobre las posibilidades a medio y largo plazo de no pocos ‘genios’ actuales. Ya ven: la mitad del Metropolitan va de camelo y nadie se entera. Y eso es algo que no ocurrirá nunca en El Prado o en Los Uffici donde las excepciones no hacen más que confirmar la regla.

11 Comentarios

  1. Otra vez remando a contracorriente, don ja. Usted no escarmienta, se olvida de que su libertad es tan respetable como cara, y á este paso, sus enemigos van a tratar de caracterizarlo como un crítico reaccionario. ¿Quién se atreve hoy en público a decir estas cosas del arte contemporáneo?

  2. ¿Se imaginan la que se armaría en un club de campo, en un naútico o en un golf de privilegiados, si de pronto llegara un sherlokholmes con lupa, experto de alguna firma de fuste y fuera analizando, no ya lagartos de tetilla o caballeros con mazo, sino la calidad del algodón o la precisión de los remates en polos o jerseys? “Este, de mercadillo. Este también. Y este. y aquel también”.

    Nancy volvería a hacer su tesis sobre el paripé y más de un pijo de leyenda dejaría de pintar la mona, silbando y mirando al techo.

    Ante un Miró que no entiendo suelo lanzar mi pedorreta y ante un paisaje bien rematado de un acuarelista aficionado se me puede caer la baba. Eso sí, ante ‘La chambre à coucher en Arles’ siempre me dará un cierto escalofrío.

    Claro que una servidora no es más que una mirona y solo sé distinguir lo que me gusta de lo que no me gusta. Pero es que tiene que haber ‘gente pa tó’.

    Besos a todos.

  3. Repetido e interesante tema de esta columna: el fraude de cierto arte contemporáneo. Recuerdo elogios de jagm a Picasso o a Braque pero él nos da la clave de su intención cuando denuncia la beatería de una mayoría sometida a los dictados de la elite. Nada ha hecho al arte tanto daño como esa beatería. Lo asombroso es que haya que tentarse la ropa, copmo hace nuestro Prof cuando se escucha alguien reaccionar contra el engaño.

  4. La deshumanización del arte, qué gran tema. Deberían haberse hecho otras reflexiones sobre otras deshumanizaciones que han degradado nuestra cultura en los últimos tiempos. El arte no es ningún lujo, sin embargo, y su caso explica bien lo que ocurre en otros ámbitos. Esta sociedad es rebaño, quiere decir jagm (creo yo), y lleva razón.

  5. Que a usted no le guste el arte actual lo único que prueba es su limitación, por más bibliografía que incluya en su propio apoyo. Picasso decía que es el espectador el que debe decir lo que un cuadro significa. Tome nota, que falta le hace.

  6. Hay que admitr el fondo del argumento, tan bien visto, de gm, que sabe mucho de arte aunque no suela deleitarnos con esa materia. Quienes hemos tenido el privilegio de escuchar sus opiniones sabemos bien que esa afición suya va incluida en el saco de su afición/obsesión por la sociología del conocimiento/de la cultura. Y hace biuen en dejar a Ortega como centro de la reflexión porque aquella obra citada sigue siendo una excepcional referencia a la hora de hablar de estos temas.

  7. Por el contrario (me refiero a Miki (Mauss, me imagino), “entender” cierto arte contemporáneo es una prueba de insolvencia intelectual y eso es lo que revela no sólo a gm sino a muchos millones de personas, sean capaces de reconocerlo o hayan de hacer de tripas corazón.

  8. Me encanta el caso de Goya, y la independencia con que al anfitrión lo aprovecha para ponerle un rejón a los “beatos” que nos invaden. Nunca he podido comprender por qué el cabildo de Palma permitió a Barceló la barrabasada que hizo en la capilla que le dejaron. ¿Lo ven? Beatos, cobardes, incapaces de plantarse y decirle a un “moderno” lo que Felipe II le dijo al Greco (al malo, no al del Entierro): “que le paguen pero que no traiga el cuadro”.

  9. Lo del Metropolitan fue muy comentado aquí en USA y parece ser que resultó cierto, hasta el punto de que prefirieron detener la investigación… Es de esperar que, con el avance de la tecnología, se saquen a flote muchos otros fraudes, pero recuerdo que recientemente ha habido incluso exposiciones sobre las falsificaciones reconocidas en todo el mundo.

  10. (¡¡¡Bienhallados!!!)
    Si muchos compradores (“inversores”, dicen ellos) de piuntura supieran lo que les ha colocado el galerista se suicidarían, pero de toda la vida eso ha sido así. Leí un libro (no recuerdo el título) que relataba la histroria de las falisificaciones o falsas atribuciones artísticas en la vieja Venecia, en la época dorada, de manera que ya puieden imaginar lo que le pueden colocar aquí a unos ricos sobrevenidos que cuelgan un Miró en el cuarto de baño.

  11. Me apasiona la pintura y me he interesado por las copias , los fraudes, y las falsas -genuinas.
    Que me digan mañana que el Coloso no es de Goya, pués lo sentiré mucho, pero me seguirá gustando .Es una pintura que me da escalofríos, como el perro semihundido.Como Saturno devorando a sus hijos. Son cuadros que ví de pequeña, cuando mis padres me llevaban al Prado y recuerdo que hacía pesadillas con ellos, y cuando pasaba ante ellos a la vez me hechizaban y me daban miedo, casi repulsión.La crítica social y/o la carga emocional que encierran las hace obras a parte.
    A mi no me importa que tal o cual obra sea de Rembrant o del Ticiano o de algún
    pintor que se ha adueñado de la técnica de este o aquel gran maestro.Es más, me entusiasmaría poseer un cuadro moderno que fuera una re-creación a estilo Vermeer por ejemplo, porque sería alavez bello, moderno, y un homenaje a un gran maestro del pasado.
    Por lo demás, el arte, como el futbol o más que él, es un gran negocio, y quien dice negocio dice trampas, estafas, robo y un largo étcetera.
    Besos a todos.

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