“Estación, sí; apeadero, no”: ése es el lema lanzado desde el Ayuntamiento que, sin duda posible, hará fortuna en esta Huelva harta ya de compromisos incumplidos y cuentos de la lechera. Aceptar la degradación del proyecto y admitir un “apeadero” sería una defección que la capital no debe tolerar, ni siquiera en esta coyuntura difícil, puesto que tampoco en la etapa de bonanza el Gobierno tuvo la menor intención de cumplir lo prometido. Un apeadero “provisional” lo sería para toda la vida y no se explica por qué Huelva habría de soportar esa miseria mientras otras capitales se ven favorecidas con proyectos de gala. Que “recorten” de otras partidas, empezando por la cabeza.

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