Una diputada canaria, Ana María Oramas, ha saltado a la fama por su ternurista intervención en el Debate pasado al dirigirse a Zapatero, en un tono de lo más meloso, para lamentar el sacrificio que la Presidencia ha debido suponerle como padre y esposo, y desearle en su inmediata jubilación que recupere esos goces familiares que, según ella, la vida pública arrebata a sus protagonistas. Es verdad, en cierto sentido, que la política come el coco, como dirían los perjudicados hijos, que la vida pública suele obsesionar a sus protagonistas hasta el punto de perjudicar eso de que tanto se habla bajo la rúbrica de “conciliación familiar” con el oficio, toda vez que en ella los horarios suelen ser largos y las preocupaciones se sobreponen a los sentimientos hasta deshumanizar la vida de quienes tal vez fueran, por la cuenta que a todos nos trae, los ciudadanos cuya vida habría que preservar más de la deshumanización. Ahora bien, la señora Oramas parece que cree que sólo los políticos ven saqueada su intimidad, como si no le bastara mirar alrededor para caer en la cuenta de que, para amputados familiarmente, los mineros que trabajan de sol a sol, los pescadores aislados en la mar días, meses y hasta años, los miles de trabajadores nocturnos que ven invertido, junto al propio ritmo sueño-vigilia, el desarrollo normal de sus vidas familiares. ¡Ya quisiera un policía aislado de su familia durante años –preceptivamente—en el País Vasco, ya un marino o un pastor trashumante, forzados por definición a pasar más de media vida aislados de los suyos, tener el horario de un político que, para empezar, nadie establece ni vigila como en el caso de la mayoría de los trabajadores! Verá, no se niega el sacrificio que en la política hacen sus protagonistas ni se pueden ignorar las incomodidades que, junto a tantos privilegios, implica el alto cargo, sino de señalar que semejante elogio de su propio oficio supone un olímpico olvido de las duquitas de los demás. He oído encomiar este monólogo por razones humanitarias. A mí, sinceramente, me ha parecido, además de impropio, de lo más cursi.

 

Lo que no sé es qué habrán podido pensar a lo largo y a lo ancho de España, oyendo a la diputada, los millones de parados que ya querrían, las criaturas, que les cayera encima un horario apretado, sobre todo, en los sillones del poder, por no hablar de los cientos de miles de padres de familia que carecen de todo ingreso y, en consecuencia, no es que no disfruten de sus hijos, sino que no les pueden dar de comer un par de veces al día. Dudo que ZP pueda “mirar a los ojos” a ese ejército de reserva que sabe mejor que nadie lo que es ver rota su entera vida familiar.

9 Comentarios

  1. LO de la señora canaria no pudo ser más lacrimoso y cursi, como dice la columna, verdaderamente efecto del “síndrome de Estocolmo” provocado por la “geometría variable”. De pecado, sus palabras. N he oído una jabonada mayor en cuanto llevamos de democracia televisada.

  2. De vergüenza ajena y lo curioso es que ha habido no pocos elogios en el sentido de resaltar la rareza de esas “buenas maneras”. Siento decirlo, pero la señora canaria no parece que diera mucho más de sí.

  3. Comprendo que unas palabras amables, incluso zalameras, llamen la atención a los observadores de este parlamentarismo tan áspero. Las de la señora Oramas, a mí me han pareceido un poco simples y, eso, zalameras. Pase, mejor eso que otras cosas, ¿no les parece?

  4. Creo que la ministra Pajín no daba crédito ni tenía consuelo oyendo a Oramas. Yo tampoco, para qué se lo voy a ocultar a ustedes que son buenos amigos…

  5. ¡Qué añadir! La escena fue como poco estrambótica, y si me apuran ridícula. os aplausos de la bancada, explicables. Los elogios a que alguiien ae ha referido antes, bastante absurdos.

  6. Me gustó más la alusión a su nieto (de usted) que hacía en la columna anterior, y que no era la primera ni espero que sea la úiltima. La amabilidad cabne en política pero hay que distinguirla con maña de la obsequiosidad con el que aparece por encima. Lo de esta señora no creo que le haya gustado a nadie con sentido común.

  7. No ví esas imágenes y, por tanto, no puedo juzgar. Sólo intuyo por lo que dicen ustedes que fue una intervención laudatoria en extremo y eos, hay que rceonocerlo, no encaja bien en la asperza de esta vida política si no es a causa de la adulación. Tampoco tiene mucha importancia, teniendo en cuenta loq ue leo en los periódicos sobre la situación general de nuestro país, crisis del Gobierno, ruina autonómica y municipal, moda de los “indignados” que impide que la Justicia ejecute sus sentencias con el consentimiento de la autoridad gubernativa que se inhibe, auténtica rebelión de los etarras camuflados en el País Vasco… Todo eso es mucho más grave, sin duda.

  8. En el Congreso se oye de todo,, no se como todavía les prestamos atención. Yo sí he escuchado y visto esa intervención y me pareció penosa, de vergüenza ajena desde luego. Cada uno/a tiene derecho a agenciarse como pueda su minuto de gloria.

  9. Me parece que en las Cortes se han dicho y hecho cosas mucho más criticables, no se por eso por que la toman con esta señora. ¿Porque es una mujer que destaca en política? Háganselo mirar.

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