Ningún observador europeo serio se ha sorprendido del descalabro electoral de la señora Merkel en Renania. Estaba cantado en función de la débil solidaridad europeísta que, bajo las apariencias, constituye la realidad continental. Muchas voces respetadas se levantan estos días girando alrededor de la idea de que la primera víctima de la crisis no es otra que Europa, la idea de una Europa unida como potencia supranacional, concebida hace sesenta años por Schuman y aquel grupo de dirigentes hoy impensable, desaparecido el cual ningún otro ha tenido el valor de afrontar una unión política que sobrepasara los límites de un simple tratado de librecambio. ¿Dónde están los Schuman, los Adenauer, los Jean Monnet, los De Gasperi, incluso los De Gaulle o los Mitterand?, se pregunta Jean Daniel, convencido de que nunca estuvimos tan necesitados ni tan privados de grandes personalidades como en este momento mediocre. Sin el viejo aliento schumaniano, Europa podría conservar su esqueleto, mantenerse como una especie de OCDE dinosáurica en el mueso de la memoria de lo que pudo haber sido y no fue, sostiene Jacques Delors tras alertar ante el nacionalismo rampante y el populismo de derechas y de izquierdas. ¿Por qué no renunciar al sueño roto de la Europa de los 27 y tratar de conciliarlo, tendidos sobre el costado opuesto, a base de una gran alianza francoalemana ampliable en el futuro a siete u ocho países más?, propone Jacques Julliard como quien se dispone a barajar de nuevo en la timba de la Historia. La crisis está a punto de cargarse el proyecto de Unión Europea, una vez que hay consenso sobre la necesidad de salvar a Grecia pero también sobre la evidencia de que repetir esa operación con países como España o Italia sería sencillamente imposible. Ha fracasado la idea de un mercado común sin médula política, el propósito de consolidar un modo de vida común y una misma idea de libertad. Y puede que haya que empezar de nuevo tras la crisis. En el mejor de los casos.

 

Fracaso de un proyecto y fracaso de un modelo, porque pocas dudas caben de que este cataclismo equivale al fiasco de la ilusión neoliberal, al empeño en reducir drásticamente la política, es decir, el Estado, para permitir el libre flujo de la economía, el tráfico sin trabas del ultraliberalismo, que Tathcher simbolizaba esgrimiendo el librito de Hayes en los Comunes y tantos otros rindiéndose con armas y bagajes al radicalismo de Milton Friedman. El toro ha vuelto a raptar a la princesa y nadie sabe cómo volverle a poner las bridas. En un abrir y cerrar de ojos, Europa –enferma desde la primavera del 2005, incapaz desde el otoño del 2008— se ha despertado en la UVI.

5 Comentarios

  1. Fuerte reflexión, documentada y aguda: es Europa la víctima de la crisis. Es curioso que este enfoque (que el columnista demuestra que está ampliamente difundido en Europa) ni se mencione en España, donde parece que la que está cayendo fuera simple resultado de una mala administración de bancos voraces y consumidores ambiciosos. Europa es lo que está en juego, es decir, nuestra posibilidad de funcionar a gran nnivel en la economía mundial. La idea de Julliard de deshacer la UE y refundarla «a dos» me parece tan temible como lógica, porque el sueño de los veintitantos no hay quien se lo trague, empezando por los mercados.

  2. Me temo, jefe, que el lectorado no está para más penas. Hay verdades que inquietan, incluso molestan, y estas que usted nos expone hoy cuentan entre ellas.

  3. Los franceses no hacen eso que sugiere Julliard porque Alemania no tragaría nunca: hay sentimientos mutuos que se pueden disimular pero que malamente es posible extirpar del todo. Aunque hay que reconocer que la idea no es mala. Si nosotors tuviéramos ese nivel, seguro que veríamos razonable esa ruptura de baraja. ¡Buenos somos nosotros en esto de la solidaridad! Si ni siquiera somos capaces de reconocer lo que la ayuda europea ha significado en estos decenios, ya me dirán lo que se podría esperar que hiciéramos si el mango de la sartén estuviera en nuestras manos.

  4. Los Adenauer, Schuman, Jean Monnet, De Gasperi, o el inefable Mitterand venían con el trasero en ascuas desde las décadas de los 30 a los 50. Tenían una idea de Europa -amenazas nazi y estalinista, rampante esta aún- pero sobre todo una categoría humana que hoy habría que buscar con lupa entre los próceres (?) de la política. No solo europea sino universal.

    A mí lo que me gustaba del rapto era la imagen de la bella, desnudo el torso, que venía en el diccionario de latín. ;)

  5. Bienvenida , doña Epi. Ayer la echaban de menos unos cuantos del blog.

    xxxxxxxxxxxxx

    Si hubiéramos mirado con atención la Europa que hacíamos, nos habríamos dado cuenta que era esencialmente comercial, mercantil. Sin proyecto social común, sin política exterior común, sin objetivos y visión comunes.
    Por lo tanto , cuando llegan tiempos dificiles , cada cual defiende lo suyo.
    Como con la banca, esta crisis no nos servirá de escarmiento. La barca está haciendo agua. A la próxima zozobra.
    Besos a todos.

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