Ocho años ha perdido Huelva en pleitos (algunos canallas) y tirones partidistas, zancadillas y trampas, antes de que el Ayuntamiento se viera con las manos libres para encarar una de las dos grandes operaciones urbanísticas que van a transformar la capital: la remodelación de la Isla Chica. Si con esa zona se consigue “desdoblar” Huelva en dos centros populares –como tantas grandes ciudades– y si con el Ensanche se abre definitivamente la puerta a la recuperación de la Ría, hasta esta desleal oposición deberá reconocer que ha merecido la pena esperar y que ella se equivocó dedicándose a meter palos entre los radios de la rueda del progreso. El derribo del viejo Estadio simboliza bien este cambio histórico que colmata una gestión municipal, discutible como todas, pero que el tiempo consagrará como decisiva. Reconocer algo tan sencillo en la foto del alcalde encaramado en la excavadora no es cuestión de partidismos sino de objetividad.

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