Un juez que ejerce en la ciudad de Dhanbad, al Este de la India, ha citado por sí y ante sí nada menos que a dos dioses del olimpo hinduista para que den testimonio irrefutable, en el pleito que se sigue contra el superior de un templo, a demanda de un grupo de ciudadanos que alegan que, sagrado o no, el solar sobre el que el templo se erige no pertenece a los dioses sino a los hombres, concretamente a ellos mismos, beneficiarios de una lejana concesión real convenientemente acreditada. No se trata, por lo demás, de dos dioses cualesquiera perdidos en el abarrotado panteón brahmánico, sino de los principalísimos dioses-mono, de Ram, el dios salvador que descendió a su Tierra (sin gran éxito, por lo que en ella puede verse) para eliminar la miseria y el pecado, aquel dios personal popularísimo al que tengo leído que se encomendó el propio Gandhi en la hora suprema, mientras su santa esposa hilaba resignada en la rueca y sus ninfas privadas le encomendaban el ánima; y de Hanumant, nieto del viento y de la tempestad, aliado fiel del primero y jefe de los monos sagrados. La citación de juez, dirigida al monasterio en cuestión, citaba a ambos para antier martes, especificando que la comparecencia debía producirse “en persona”, pero fue devuelta en tiempo y forma por los monjes alegando que las direcciones estaban incompletas, lo que ha forzado al magistrado a publicar la citación en la prensa local con la esperanza de que alguien por allá arriba lea los periódicos incluyendo los aburridos anuncios judiciales. Hay quien ve en la actitud de ese juez una insufrible osadía secularizadora pero no ha faltado quien la traduzca como un gesto piadoso revelador de la fe más vigorosa. Hace falta poca vergüenza o una fé de hierro para citar por correo a un dios. Para citar a dos, ni les cuento.
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No niego que la historia es tremenda, pero la verdad es que si en alguna parte no debe sorprender demasiado es en un pueblo que aún conserva en Toledo (no se si decir que venera) la romántica leyenda del Cristo de la Vega, que acabó por laurear a Zorrilla con la historia del juicio de enamorados resuelto por la milagrosa imagen hasta justificar su extraordinario título de “A buen juez, mejor testigo”. Mal puede sorprender la historia del dios-mono citado como testigo, a quienes hemos visto en alguna madrugada de Viernes Santo el cortejo de esta venerada imagen bajando desde el Cambrón hasta la puerta de Bisagra, para culebrear luego hacia la Vega en busca de su basílica de Santa Leocadia –la misma en la que se celebraron los primeros concilios–, el brazo del juramento siempre descolgado a pesar de haber sufrido tanto ultraje a manos de la soldadesca napoleónica primero y de nuestros comecuras después. Claro que no se me escapa la distancia que media entre el prosaísmo de este juez expeditivo y aquella lírica zorrillesca –nada mal trabada, por cierto– que dio forma definitiva a la leyenda del infiel don Diego Martínez y su abandonada doña Inés de Vargas. Intentaré  seguir el caso, por supuesto, persuadido,  eso sí, de lo improbable que resultaría que el  juicio de Dhanbad alcance la eléctrica tensión que el sentimiento romántico supo conferir aquí a la requisitoria de nuestra enamorada. Y de la distancia que separa el laicismo de ese magistrado de la concepción sacra de la vida que animaba aún el imaginario de un pueblo capaz de asumir sin problemas una Justicia en la que Dios mismo fuera testigo de cargo de un noviazgo fracasado. Hay que ver a ese Cristo renegrido a la luz de las candelas toledanas, enhiesto sobre sus andas y vacilante en el silencio penitente, como desafiando a la razón, incluso en estos tiempos desacralizados en que bastante tienen los jueces con averiguárselas entre tanto testigo falso. Ram y Hanumant no podrán hacer nada que aquí no se hiciera ya hace un buen montón de siglos.

10 Comentarios

  1. Palabra, me encantan estos papeles de don José António. De Dioses indúes no sé nada, porque se me antojan muy lejanos, desde luego yo no los hubiera imaginado así, ( recuerdan la discusión del otro día?) pero naturalmente recuerdo también casos en nuestra historia en donde se apelaba directamente a Dios para saber si eras culpable o no (las ordalíes?)
    En cuanto a la iglesial del Cristo de la Vega en Toledo, es una pequeña iglesia románica, maravillosa…… Ya sé que se van a burl

  2. Palabra, me encantan estos papeles de don José António. De Dioses indúes no sé nada, porque se me antojan muy lejanos, desde luego yo no los hubiera imaginado así, ( recuerdan la discusión del otro día?) pero naturalmente recuerdo también casos en nuestra historia en donde se apelaba directamente a Dios para saber si eras culpable o no (las ordalíes?)
    En cuanto a la iglesial del Cristo de la Vega en Toledo, es una pequeña iglesia románica, maravillosa…… Ya sé que se van a burlar de mi , pero me encantan esas histórias, ……y casi mes las creo. ….En todo caso, me gustaría que lo fueran!
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    ¿Quién me explica lo que ha pasado con la jerarquía de la iglesia andaluza? Ver artículo anterior

  3. Tiene este hombre la virtud, tan de agradecer, de remover muchas veces en ese fondo perdido de la memoria lo que un día leímos, o estudiamos por obligación, o simplemente nos picó la curiosidad. Quién me iba a mí a decir que hoy pasaría revista a los recuerdos de hace tantísimo tiempo, los Vedas, aquel viejo manual de literatura universal donde venían en letra pequeña selecciones de textos que nos interesaban más que la fecha de nacimiento del autor o la larga lista de sus obras, que por entonces nos quedaban tan lejos.

    Ram, recuerdo hoy gracias a Google, era uno de los dioses mayores, el de la conducta ordenada, el que restablecía la justicia. Hanumant, el simio gigante, pero dios menor, que llega al borde del mar y de un salto lo salva hasta consolar a la secuestrada Sita y volver para dar noticias de ella.

    Qué hermosura, Jefe. Qué rato más feliz me ha provocado.

    Qué más da que el juez consiga o no dar el martillazo de ‘visto para sentencia’. En la India, ese mundo cerrado e inmenso, con su Bollywood, su antigüedad y su sabiduría serena, ya sabrán dar solución a esa charada tan enrevesada. ¿O no hemos quedado en que Ram era justiciero? Mucho me temo que esos ciudadanos litigantes no se van a comer un rosco, porque, que una servidora sepa, no hubo mendizábales amortizadores en la península indostánica. Crudo lo llevan.

  4. Estimados Blogueros

    Esta vida tiene sus penas, pero también sus buenos ratos. Y también es de agradecer la tecnología que pone a nuestro alcance, tan facilmente, una historia de fino humor como la de este juez hindu convocador de dioses. A saber que pretende este hombre en su fuero interno: si favorecer el mantenimiento del uso secular -probablemente- del solar del templo o abrir la via para que los propietarios lo recuperen para otros usos (que religiosos no serán, seguro).

    Uno estudió para ingeniero, y tardó unos veinte años en darse cuenta que lo mas apasionante de este mundo es dedicarse al Derecho. No hay cosa mas interpretable, variable, multicolor, y que despierte mas pasiones, odios, enconos y trapisondas que esta bendita-maldita disciplina. Cada caso es diferente, apasionante, de consecuencias que pueden ser terribles: cuando la supuesta justicia falla a favor del malvado.

    Tengas juicios y los ganes¡ decia la maldición. La justicia humana es copia imperfecta, imperfectísima, de la divina. Pero a ambas estamos sujetos.

    En mi fuero interno nace un deseo: me encantaría ver a Jesús riéndose entre sus amigos -hace dos mil años- al considerar los humanos asuntos.

    Buenas Noches a todos.
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    Se echa de menos a Doña Marta Sicard

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