Si hay un test infalible sobre el negocio urbanístico es el de la proliferación de esos campos de golf a los que la consejería de Obras Públicas de la Junta dice ahora que no piensa aplicar el decreto en el que ha estado trabajando ella misma, junto a Medio Ambiente y Turismo y Deporte. Una vieja polémica, por supuesto, pero también una evidencia: la de que esta carrera alocada hacia delante se compadece tan mal con la presunta voluntad de atajar la especulación urbanística como con la desdicha de la sequía que padecemos no sólo aquí sino en media Europa. La Junta debe aclarar por qué ha estado trabajado en una norma de control que consideraba imprescindible y por qué, de la noche a la mañana, ya no le parece necesaria. Porque repetimos que ese del golf es un test infalible para calibrar los propósitos junteros de combatir un abuso que con frecuencia escandalosa se convierte en pura corrupción.

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