La generalización  del sentimiento de inseguridad está contribuyendo, como no podía ser de otra manera, al abuso de los controles ejercidos por el Poder con el curioso e ingenuo beneplácito de amplios sectores de la sociedad. Se trata de una consecuencia de la complejidad también creciente de la vida social, de que las dificultades de control por parte de la autoridad de unos flujos frenéticos de población van en aumento y también, por qué no decirlo, de una exigencia de seguridad planteada por las propias poblaciones, incómodas ante fenómenos como la inmigración masiva y asustada ante el impacto de sucesos que han conmocionado al planeta en su conjunto. En Francia, por ejemplo, julio se ha estrenado con el anuncio oficial de la creación de un inquietante fichero, el ‘Edvige’, destinado a explotar la información documental relativa a cualquier persona susceptible de la mera sospecha de suponer algún tipo de riesgo para el orden público, por supuesto al margen del control judicial, fichero que reunirá, junto a responsable sindicales o políticos, empresarios o a particulares, al margen de cualquier presunción de inocencia, incluso si carecen en absoluto de antecedentes. Al parecer, ya figuran en ese fichero 20 millones personas que, naturalmente, lo ignoran, y en él figuran, por si fuera poco, sospechosos menores de 13 años, cuyas huellas figurarán desde ahora, con toda probabilidad, en ese banco de datos junto al de ciudadanos inocentes, una situación frente la que ya han reaccionado cientos de asociaciones y que la Liga de Derechos Humanos ha elevado para su consideración al Consejo de Estado. Se ha dicho, con razón, que medidas de esta naturaleza conducen fatalmente a la “sociedad vigilada” según el paradigmático modelo del “Gran Hermano” entrevisto genialmente por Orwell, cuyas cámaras de videovigilancia y demás controles son ya una triste realidad. La informática ha abierto amplios horizontes de libertad al tiempo que nos ha atado corto y la crisis de la ‘división de poderes’ está haciendo el resto.

                                                                   xxxxx

El problema es mayor en la medida de que el abuso manifiesto del control social se está produciendo en sistemas libres tan acreditados y no en territorios sometidos a la autarquía. Italia mismo acaba de zanjar la polémica sobre la ficha colectiva de los gitanos rumanos con el expediente, seguramente falso, de ampliar la ficha a toda la población pero comenzando por los asentados en los campamentos de inmigrantes, al margen de que ya se vienen expulsando masivamente extranjeros incursos en responsabilidades penales. Ficheros informáticos, bases de huellas, depósitos de controles de ADN, reservados hasta ahora, al menos en teoría, a los delincuentes comunes y especialmente peligrosos (en principio, exclusivo para los delincuentes sexuales), se multiplican ampliados en los propios países democráticos cuya complexión ética y moral no es la misma ni mucho menos después de la catástrofe del 11-S y de los feroces atentados de Madrid y Londres. Y leo en la prensa americana algo que también tropiezo en la europea: que una creciente masa ciudadana transige con estas medidas de supercontrol siempre, claro está, desde la ingenua presunción de que no se verá afectada por ellas, aparte de que incluso va abriéndose paso una corriente de comprensión y tolerancia en el mismo ámbito judicial. Evidentemente la democracia no ha superado el reto terrorista internacional ni el que plantea la complejidad originada por los grandes éxodos, y no ve otra salida de urgencia que avanzar hacia el control total, es decir, hacia una “sociedad vigilada”, en la que todo el mundo será sospechosos mientras no se demuestre lo contrario. “Un día vinieron por los gitanos y no me inmuté porque no soy gitano”, permítanme la conocida paráfrasis. Si algo puede afirmarse con certeza de nuestra convivencia democrática es que nadie escarmienta en cabeza ajena.

10 Comentarios

  1. El eterno, difícil, insoluble dilema: libertad/seguridad. ¿Quién es más libre y/o más seguro, la familia rumana que vive con su furgona bajo el puente, cocina al aire libre, las butaquillas de plástico diseminadas o el que habita en urbanización privada, cercada, con patrulla de vigilancia, más casa enrejada con detectores de movimientos y cerradura de cuatro anclajes?

    Tardé algún tiempo en detectar las nuevas cámaras de vigilancia de 360º: están donde la informática, la ropa cara, en entradas y salidas de las grandes superficies y hasta en los aparcamientos. Como derecho al pataleo, de cuando en vez levanto mi dedo corazón enhiesto por si un segurata me tiene enfocada en ese momento. Pero no hace mucho a mi amiga le robaron los tapacubos del buga y las cámaras tenían grabado al choro. Valió de poco porque cuando supieron quien era, la poli sabía que trabajaba esa zona y ya habría empleado lo que el perista le diera en una rayita de colombiana. Pero te da cierta seguridad. ¿O no?

    (Mi apreciado don Antonio: una servidora no le decía en el haiku –diecisiete sílabas, no confundamos- ‘choca’, sino ‘choque’, de usted, porque ciertamente estuve en las monjas, pero de gratuita. Las de pago iban de uniforme elegante azul marino y cuello duro y el mío era un simple babi.)

  2. Cómo enhebra Doña Passi!, yo que pensaba que iba a dejar por alto tan nimio hilo deshilachado, ni por ésas. Con su permiso dejo aquí unas pastitas para animar al resto del personal que intuyo está a punto de salir de su letargo vespertino.

    Mucha sabiduría hace falta D. JA para ver más allá de lo evidente, o un bindi muy grande vaya Vd. a saber, y la evidencia es que esos “sistemas libres” a los que se refiere están más inflados y son más vacíos que los buñuelos de viento, o que el algodón de feria que muchos consumen con verdadero deleite; adoradores de substancias vacías.
    El circo de la política y sus actuantes representan el ritual de legitimación de lo que ya no existe: un verdadero sistema político democráticamente controlado. Pero esto no quiere decir que los que gobiernan hayan renunciado del todo a pingües competencias como las de ser gerentes, más bien simples gestores de instituciones superiores al ámbito “nacional”; las de convencer a través de ideologías haciéndole creer al personal que todavía ostenta “la soberanía popular”, y como muy bien ha diseccionado el Anfi, las funciones represivas sobre el rebaño que se domeña fácilmente desde tiempos pretéritos con la consabida receta de “pane et circens”. Es obvio que control represivo ha sido enfatizado desde los últimos mazazos en el seno del orden liberal, especialmente en casa del gran Gran Hermano (para qué nos vamos a engañar, grande lo que se dice grande, sólo uno y pare Vd. de contar); pero no es menos cierto que las democracias occidentales ya estaban siendo minadas por una “globalización”, que entrecomillo porque cada vez me creo menos esa lógica sacralizada que muchos le profesan, y que no entiende de libertades democráticas; amenazadas por los anti-todo de siempre, y lo más triste y peligroso: por la apatía de casi todos.

    (A lo mejor me han salido las pastitas un poco duras, pero es cuestión de practicar y yo soy porruíllo).

  3. 19:25
    El colmo de la seguridad es el autentico triunfo del terrorismo, y también de los gobiernos porque se encuentran con argumentos sobrados para acumular información de forma abusiva.

    ¿Quién nos defiende de los que nos defienden?

  4. Querrá decir «panem et circenses», don Antonio, así está mejor. El rsto de su argumentación, aunque algo confusa, es suscribible.

  5. Don Griyo, no extreme el gesto porque se nos va la olla si lo hacemos. Una dosis homeopática de escepticismo es tan buena como perjuidicial su abuso. Y más tras leer una columna más que sosegada que nos mpone en guardia con algo que ya no es ninguna broma y que pronto nos llegará también aquí, dado que somos rápidos a la hora de imitar a Europa… en cualquier aspecto malo.

  6. Es tremendo lod e Francia y lo de Italia, pero mientras n este último país no es más que la consecuencia de tener a un aventurero por presidente, en Francia resulta menos tolerable, porque nos devuelve al punto de siempre: a lo difícil que es hacer compatible la autoridad con el tacto democrático. Sarko las pasó mal como ministro de Interior y sabe qué es enfrentarse a una legión de zangolotinos teledirigidos desde los núcleos radicales, no se olvide.

  7. Salgo de la pisci para mostrar mi acuerdo pleno con la denuncia (porque es una denuncia) que lleva dentro la columna de hoy. Sobre lo de las cámaras (el ojo público, ya tratado aquí), no sé qué decirles, Cuando vuelvo sola por las noches a mi casa, algo apartada, o cualdo leo sucesos o veo el telediario, no digo yo cámaras, sino un guardia en cada portal pondría una. No confundamos el «miedo a la libertad» con la política de seguridad, que ha de adpatarse a los tiempos y a los trucos de los «malevos», me encanta el argentinismo de don ja.

  8. Gracias por enseñarme el camino de la paciencia y de la mejorable imperfección Sr. Nubio. Pero sea generoso y regálenos algo de su cosecha en otra ocasión. Námaste.

  9. Lo curioso es que lo que denuncia el Maestro hoy ( es decir el hecho de que estamos todos cada vez más fichados y vigilados so pretexto de protejernos de los terroristas) va compaginado con una permisividad estremecedora con todo tipo de criminales y de hasta de terroristas.
    Estoy de acuerdo con don Griyo ¿quién nos protejerá de los que nos protejen?
    Hace ya muchos años ARleti preguntaba : «qu’est-ce que ce gouvernement de cons s’occupe de nos affaires de cul?» Pués ahora no digo! Perdone Padre, espero que no entienda el francés.
    Besos a todos.

  10. Tal como va el día, la nuit, yo biso, aunque no se oiga ningún aplauso. Óle, óle y óle y a quien no diga óle, que se le seque la yerbabuena. (La frase no es mía, es popular en Cádiz).

    Discernida la quisicosa del tercer ojo -lo siento, mi don JA del alma, que sé que las odia, pero reviento si no digo la chocarrería de recordar el famoso epitafio: ‘Aquí yace el señor marqués, que por fin cerró los ojos. Los tres’.- salto de gozo con los comments de hoy: mi don Páter le tira con bala al Cavalière, mi don Nubio recuerda el acusativo singular a mi don Antonio, que para ser novel de pocos días, diserta con oficio y dominio del dicci. Mi bienamado don Elitróforo raspa con su lija anarcoide pero ya sabemos que es un cacho de pan. Mi doña Sicard del alma nos ilustra con desgarro cómo se nombran ciertas zonas anatómicas en la lengua de Molière, deseando en su ingenuidad que nuestro querido Reverendo -que sabe románicas por un tubo- solo conozca las paroles que vienen en el dicci.

    Como dicen los del bronce, ‘¿hay arte o no hay arte?’. Tenemos un maestro que lo derrocha como si tal cosa y un grupillo casinero que da la talla. O la toalla, mi doña Clarines, que no es bueno, ¿o sí?, estar húmeda mucho tiempo.

    Un besazo a todos.

Responder a Pangloss Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.