Creo que ha sido al ex-ministro López Aguilar a quien hemos escuchado afirmar que el espionaje norteamericano ha afectado “a millones de europeos”, incluida la señora Merkel, cuyo móvil ha estado enganchado también, al parecer, a la consola de los espías. Es más, el propio Parlamento Europeo nos ha sorprendido exigiendo “represalias” (¿) frente a semejante ultraje que viene a probar que la utopía de Wells no era tal sino una auténtica profecía. Ese tema de las escuchas ha tenido la rara virtud de poner de acuerdo en algo a los países europeos, casi todos los cuales han presentados sus quejas vehementes a los alcahuetes, siguiendo un clima propiciado por el antiamericanismo clásico y estimulados por una dignidad herida que a los yanquis les ha importado tres pitos. Ahora bien, ¿acaso son solo los yanquis los únicos que practican el espionaje de amigos y enemigos o es más cierto que aquí cada cual tendría razones para relativizar, al menos, sus protestas? En lo más granado de la prensa francesa se ha planteado esta cuestión aduciendo que Francia está harta de espiar a todo bicho viviente y, por lo que se refiere a España, hemos de recordar que aquí se ha espiado hasta al propio Rey, sin que la sangre haya llegado al río. No recuerdo yo, por ejemplo, grandes quejas cuando Bush le prestó a Aznar aquel sistema de escuchas prodigioso que, al menos en teoría, tanto ayudó en la lucha contra el terrorismo, pero que nadie nos garantiza que no nos fuera aplicado de paso a los ciudadanos de a pie. Miren, nadie que tenga intereses en la vida del vecino de enfrente deja de mirar por la ventana indiscreta, y de eso sabemos muchos los españoles que vivimos peligrosamente bajo la Dictadura, en la Transición y aún en la Democracia.

Nadie discutirá que pinchar el móvil de una canciller constituye un acto indigno además de ilegal, pero ¿quién nos garantiza de que los servicios alemanes –o los británicos o franceses—no hacen lo propio en la medida de sus posibilidades? El antiamericanismo no deja de ser injusto por más que resulten obvios los motivos que quien más quien menos esgrima para profesarlo. Ahora bien, lo que no es legítimo es exigir que no hagan contigo lo que tú mismo haces con los demás. La sociedad medial tiene el tejado de vidrio y hoy resulta obvio que la intimidad ha pasado a ser una ilusión. Obama tendrá que repartir por ahí palmaditas en la espalda sin que sus espías dejen de atisbar por la rendija electrónica.

8 Comentarios

  1. ¿No recuerdan a aquel choricillo de coches al que fichó la poli para que les diera clases de conducción en condiciones muy complicadas? Pues además de lo indiscreto que es ya de por sí un telefonino, cada gobierno tiene un puñado de hackers trabajando a destajo para averiguar hasta el color de la ropa interior de millones de ciudadanos. Incluso de los menos relevantes.

  2. Vale el comentario de don Epi, pero, ahora en serio, la cifra de mandatarios espiados que se ha revelado hoy es casi absurda. ¿Con qué derecho se cree un país que puede espiar a todos los demás? ¿No consideraría peligroso para su seguridad que los demás lo espiaran a él?
    Recojo la frase final del primer párrafo que me hace recordar aquellos tiempos en que muchos de nosotros hablábamos por teléfono con la convicción de estar siendo escuchados. Y su ironía sobre el hecho de que haya sido este lío de los espionajes lo que haya sido capaz de poner de acuerdo a la jaula de grillos que es la UE.

  3. Aquí se espió el Jefe del Estado. Creo que el autor resume ahí, ¡otra vez la ironía!, toda una teoría… Con el agravante de que lo de aquí fue peor, porque los espías eran sus propios subordinados…

  4. Me explico mal. Sorry. Quería decir que no se puede confiar en instrumentos “con agujeros”. Piensen en el fabuloso desarrollo del cifrado en las dos grandes guerras. Y la necesidad de no confiar secretos en medios que puedan ser interceptados. La obligación de un espía es espiar como la de un preso es preparar la propia fuga.

    ¿Para qué utilizaba nuestro corona el famoso secráfono? ¿Para sus citas de alcoba?

  5. Ay, mi don Epi querido, un poco de calma. Lo de la revelación de secretos y el anterior espionaje es un asunto de lo más intranquilizador. Lo que quizá haya que pensar es que hemos llegado a un punto de desarrollo tecnológico en el cual la intimidad va a hundirse para siempre. Porque por muy encriptado que esté el móvil de la Merkel, ¿cuánto tiempo cree usted que van a necesitar los hacker para penetrar su barrera?
    Los secretos revelados pueden beneficiar la libertad poniendo límite o freno a la impunidad de los que mandan. Pero también son un peligro si caen en malas manos. Además, me parece que nuestro columnista deja las cosas bien claras…

  6. Bien hallados, amigos. Mi largo silencio se ha debido a mis achaques, que ya parecen amainar, aunque ello no he ha impedido acudir cada mañana al blog que, como debe ser, no sólo tiene sus “habituales” sino también sus “sobresalientes”.
    Coincido con el cura de pueblo, su reverencia, en que quizá todos esto será una comedia en la medida en que ya no es posible pensar en mantener la intimidad, a merced de medios avanzados y peligrosos que, encima, están al alcance de cualquier mozalbete de esos que se consagran en la RED.

  7. Llevan razón, a mi entender, los indignados por el espionaje americano. También la columna cuando relaciona estas reacciones con el trasfondo antiamericano tan arraigado en Europa. ¡Bienvenido, Berlín, ya le echábamos de menos algunos!

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