El flamante ministro de Cultura se ha visto masivamente desdeñado en el hemiciclo del Congreso a la hora de defender su Ley del Cine. La foto del acto nos muestra una desoladora panorámica en la que un solitario curioso aparece en la tribuna de invitados y once diputados cabales ocupan unos escaños de los que sus colegas se acababan de ausentar en masa, nada más terminar la votación anterior, una imagen más que repetida, por supuesto, en esta democracia teatral y que hace tiempo fue amortizada por el cinismo parlamentario con el argumento de que los diputados no tienen obligación de permanecer atentos a los debates aparte de que nadie sabe cuánta faena les aguarda en sus despachos o, eventualmente, en la calle y hasta en el concurrido bar. El cronista parlamentario por excelencia, esto es Víctor Márquez Reviriego, mi viejo amigo, sostiene que ese absentismo glúteo debe de ser consustancial al sistema representativo puesto que su memorión certifica que siempre fueron normales las fugas en las sesiones plenarias (de las otras, mejor no hablar), en especial desde que el régimen representativo fue consolidándose. “Desengáñate –me tiene dicho más de una vez–, las democracias sólidas son aburridas, y si no, recuerda los llenazos de aquellas sesiones aurorales en que los debates versaban sobre grandes cuestiones, qué sé yo, aquel en que Jaime Añoveros forzaba con una enmienda la abolición de la pena de muerte, que no estaba prevista en principio, o aquel otro en que Pacordóñez defendía su denostado proyecto de divorcio, a cuya aceptación tanto contribuyó Fraga…”. Hoy la tribuna de prensa, por ejemplo –la misma hasta la que llegaron las ráfagas tejerinas– suele estar vacía en lugar de abarrotada como en los viejos tiempos, porque los plumillas tienen sala propia y siguen cómodamente los debates, como ciertos cronistas taurinos, por el monitor. Víctor ha descrito mejor que nadie aquellos tiempos fundantes en que Carrillo atestaba el mismo hemiciclo que su camarada Marcelino Camacho se encargaba de vaciar sólo con subir a la tribuna y desplegar su verbo florido, pero más recientemente, mucha gente recordará la divertida parodia de Guerra posando ‘distraídamente’ con el método de solfeo en una mano mientras con la otra se lucía midiendo el compás. La política es siempre teatro, un teatro en que los actores, como en el “teatro de la provocación”, se sientan en el patio de butacas.

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Es seguro que de nuevo tendremos que oír el argumento de la libertad del diputado, el único profesional que establece su propio sueldo y sus condiciones de trabajo, como lo es que no faltarán las protestas de quienes opinan que personas que cobran un sueldo muy por encima de la media alta de nuestras profesiones, que gozan de pingües privilegios y a las que, a poco que hayan resistido dos legislaturas (ocho añitos mal contados) en el escaño, aguarda una jubilación máxima cotizada, por cierto, con cargo al contribuyente, deberían extremar el celo y, desde luego, cuidar las apariencias. Porque un hemiciclo vacío, aparte de un escándalo laboral, supone un desinterés supino por el debate legislativo y si los legisladores no se molestan siquiera en conocer las leyes que aprueban unánimes obedeciendo como autómatas al jefe de fila, ya me dirán que puede esperarse del paripé democrático. Daba pena ese ministro echándole moral al desaire para ofrecer su razones a unas bancadas en cuadro, pero más inquietante resultaba comprobar una vez más la absoluta indefensión de unos ciudadanos a los que estos abusos injustificables de sus representantes convierten de hecho, en auténticos súbditos. ¿Ustedes se han fijado en las rarísimas ocasiones en que en nuestras Cortes se ha pedido ‘quórum’? Mal puede ir la cosa en un país cuyo poder legislativo es rehén del ejecutivo y controla con mano de hierro al judicial, sin necesidad siquiera de tragarse las sesiones.

16 Comentarios

  1. Su artículo, estimado anfitrión, no necesita comentario. Es una de las causas por las que decidí no volver a perder el tiempo votando.

  2. Ahí mal y aquí acabo enterarme de que antes de los últimos comicios los diputados ,todos a la una, se votaron una compensación de 5 años durante los cuales, si no son reelegidos, les cae n unos cuantos 5 000 euritos mensuales. Es decir, si les votas, te cuestan, pero si les echas, te cuestan igual. ¿Es eso democracia?

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    El día que el pueblo se arte y cuelguen a unos cuantos de un farol que nadie se extrañe.

  3. Hay que arrojar del poder a todos los partidos políticos. Devolverle la soberanía al pueblo y que éste nombre unas constituyentes.

    Los diputados han de obedecer al mandato imeperativo que hayan recibido de su demarcación política.
    Y es ésta demarcación la que debe tener la potestad de su destitución, por una comisión de seguimiento nombrada a tal efecto.

    República presidencialista y separación de los poderes legislativo, judicial y ejecutivo.
    Nombramiento de los fiscales por elección popular.
    Nueva Constitución Republicana.

    Y anulación de todas las leyes que contravengan esas normativa.

  4. 20:52
    “ese absentismo glúteo debe de ser consustancial al sistema representativo” o de la inconsecuencia de quien ya lo tiene todo ganado o si me lo permiten de la falta de vergüenza de quienes deberían dar ejemplo.

    Nuestro Sr. Abate, que parece haber desayunado huevos de tigre, tiene muchísima razón, aunque no toda.

  5. Sin duda tenga razón nuestro Abate, pero haya un régimen republicano o monárquico los hombres son los mismos y van a lo que van. Ya antes las cosas iban a ser perfectas y resulta que no lo son en absoluto.¿Por qué subitamente, el hecho de pasar de monarquía a república iba a transformar a los hombres en santos?

  6. Mi querida Marta, buenos días: sin el mandato imperativo que controle, obligue y en caso contrario destituya al diputado, toda democracia está desvirtuada de origen.

    Y déjese de zarandajas de separar hombres y mujeres en política.

  7. Oigg, qué sofoco, pordió. Ni parches, ni ná, donde se ponga un buen abanico…

    Despendolaita me he puesto a leer todo lo que del blog ha brotado en mi ausencia. Hay tela que cortar pero me limitaré a hablar de ese teatrillo vacío, de ese hemicirco donde curiosamente las fieras se sientan en las gradas y solo llegan al estrado los payasos de las bofetadas, ya que estando hoy en Vandalucía, veo que la columna del Jefe la ocupa hoy mi don Agapito.

    Por cierto, ¿por qué a mi don Pontífice le llaman Benedicto, cuando su nombre en español es Benito? Los portugueses bien que le llaman Bento. ¿O es que Benito suena a cachondeo? Tengo yo un conocido, exguardia civil, el Benito, que es más serio que la milk.

    Ahorita vuelvo, besos para todos.

  8. Mi querido Abate, supongo que su última frase será una gracia, pero la verdad es que no veo a qué viene.
    En teoría , por lo menos aquí, en una república como, – me supongo – la que usted anhela, el pueblo controla al diputado, y la justicia también si es menester. Pero la realidad es otra. Cuando se les echa , salen por la puerta y vuelven por la ventana, y además cobran sin hacer nada, toda una legislación, lo que les da tiempo a “adaptarse” y remozar su virginidad. En cuanto a hacer lo que el pueblo les ha diputado que hagan , me entra risa. En dos palabras como en tres, los hombres son imperfectos, y la democracia que sea republicana o monarquica – como todos los regímenes – tiene sus pegas que en este caso, son dejar campo abierto a la demagogia y al afán de lucre de los demócratas de todo pelo o pluma. Con todo mi respeto.

  9. ¿Pero qué pasa hoy? ¿Está esto atascado de nuevo? Espero que nohaya ningón problema con la salud de don José António.

  10. Querida Marta veo que Ud. no le dá mucha importancia, -quizás por desconocimiento-, a cómo se acabó con el “mandato imperativo” que tenían los representantes elegidos que no pertenecían a la nobleza.

    Los condes, duques y demás cortesanos se representaban así mismo en las Cortes Generales, no así los que elegían los ciudadanos para su representación.

    Esto se acabó en los principios de la Revolución Francesa y trajo como consecuencia el bonapartismo, jacobinismo y el principio de la CORRUPCIÓN generalizada de los políticos.
    Desde entonces hay que decir que los políticos hicieron de ella una profesión ó modus vivendi.
    Al no existir dicho mandato, el diputado solo es responsable ante los oligarcas de los partidos.

    La Revolución Francesa acabó con los privilegios de la nobleza e introdujo la CORRUPCIÓN tanto moral como política al acabar con la tradición del “mandato imperativo”.

    En España está expresamente prohibido dicho mandato en la Constitución.

    Mire si eran precavidos los que que la concibieron. Se han apoderado del ESTADO en exclusiva.

  11. Mi amigo Jose Antonio me dice que su desprendimiento de retina está resuelto satisfactoriamente pero que le queda un retoque con láser para resolver un desgarro que se ha resistido a la operación.
    A Jose Antonio le abruma su inactividad ya que es la primera vez en su vida laboral que ha tenido que suspender su trabajo.

    Agradezco al señor Anónimo su puntual informe durante mi ausencia.

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