Vuelve la polémica sobre el incesto, ese viejo fantasma de la especie, hace poco reavivada artificialmente a propósito de la recuperación sentimental y estética de los Borgias por el cine. La despierta esta vez la historia de un joven alemán que cumple prisiones por haberse enamorado de su hermana y tenido con ella cuatro hijos, un “crimen” que hace tiempo, en efecto, desapareció de nuestros códigos, pero que en Alemania se mantiene fiel al calvinismo subyacente. Gran abominación, el incesto, por lo visto. Un tío como Georges Murdock se refería a él como un “espantoso horror” dando por supuesta esa universal  “repugnancia instintiva” que a Lévi-Strauss (su mejor estudioso, para  mi gusto) le resultaba sospechosa. Cosas tremendas, en efecto, dijeron sobre esos amores prohibidos desde Tylor a Parsons pasando por el mismísimo Durkheim y el gran Malinowski. Por no hablar de Freud y sus émulos, claro está, atenidos siempre al rigorismo sexista de la secta. Margaret Mead es la teórica más contundente a la hora de plantear la naturaleza universal de esa ‘prohibición’ que atribuía a un sistema de profundas raíces biológicas rematando la faena, sin embargo, con el clásico argumento eugenésico de que el tabú se debe a la experiencia primitiva de que la tara recesiva es más frecuente –echen un vistazo a nuestra dinastías– en las poblaciones cerradas o pequeñas que en las grandes y abiertas. Es verdad que desde Egipto al mundo incaico hay excepciones, al menos en le ámbito reservado de la hierogamia, pero Lévi insiste en que ese tabú funcional no se reconoce en ninguna parte antes de la era moderna, hasta el siglo XVI por lo menos. Lean a Lévi: el incesto existe por todas partes y es más frecuente de lo que imaginamos, aparte de que carece de fundamento la tesis de sus malos resultados matrimoniales. Lo dice un proverbio azande salvado por la antropología: “El deseo de mujer comienza con el deseo de la hermana”. Quizá no hay mejor prueba de esa realidad que la índole sagrada de la prohibición.
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Da que pensar la suerte peregrina de los diversos tabúes en esta sociedad apresurada y como decidida a aliviar, de una vez por todas, el peso de la tradición. Desde ya es posible cambiar de sexo simplemente alegando “disforia” ante el responsable del Registro Civil, por ejemplo. O exigir la muerte voluntaria incluso sin legalizar la eutanasia, sólo por providencia administrativa. Una tras otra van cayendo las prohibiciones que embridaban la existencia supeditando al criterio público la capacidad de disposición del sujeto sobre el cuerpo y la voluntad propios, se derrumban los tabúes ancestrales –el de la fatalidad del sexo biológico, el de la muerte voluntaria– e incluso se celebra la fiesta borgiana, la transmutación pagana del pecado nefando en gozo exclusivo, pero el tabú del incesto fraterno –sobre el que Plutarco se mostró más sociólogo que moralista– ahí está, tan pimpante, como cuando los arapesh recitaban a coro: “Tu propia madre, tu propia hermana, tus propios puercos, no puedes comerlos. Puedes comer las madres de los demás, las hermanas de los demás, los cerdos de los demás”. Sencillo, pura lógica de la exogamia, tal como la aplicaba el Neolítico o el actual estado federal de Alemania, a pesar de que hay sabios que hace tiempo son conscientes del carácter histórico (es decir, social) de la función del tabú. Todavía Voltaire recordaba que si a los griegos igual que a los persas les era permitido el casamiento con la hermana, alguna ley antigua condenaba a la hoguera a los primos amantes. Una pasada. Pero ni siquiera en nuestra era iconoclasta, cuando se legalizan uniones jamás pensadas en nombre de un maximalismo sexual sin límite previsible, aquel “espantoso horror” ha dejado de causar espanto. No estoy nada seguro de que se trate tanto de una paradoja como de una simple consecuencia.

22 Comentarios

  1. 09:18
    Le van a excomulgar, ja.

    “A la prima uno se arrima, y si es hermana con más gana” ¿Quién no lo ha oído alguna vez?

    Los criadores de animales saben mucho de la importancia de los apareamientos “incestuosos” para fijar un carácter en una raza o en una población, aunque también saben mucho de los perjuicios de la endogamia.

    Desde un punto de vista aséptico y biológico es mucho menos grave el incesto que propiciar la descendencia de los peor dotados.

    A mí, también me van a dar.

  2. No puedo estar más de acuerdo en que siga exitiendo la «moral» aunque para ello tengan que pervivir instituciones como la Iglesia Católica.

    La esquizofrenia de nuestra cultura ya lo tiene aceptado en gran parte.

    El mensaje -labor milenaria de siglos- para lanzar la pasión incestuosa al fondo del inconsciente, es necesario para alargar un poco más la existencia del homo sapiens en la tierra.

    Tengo la duda de que pudiera ser la Ciencia la que consiguiera hacer la supervivencia más segura, al margen de la Moral.

  3. Al abate no lo he entendido, como de costumbre, tan elevado es su pensamiento.
    A don Griyo, si es quien me figuro, decirle que, en su caso, con primas ocmo las que él tiene, se justifica el refranillo zafio.

  4. Ele, este es mi Anfi. Ha sacado los pies del chapapote de mierda y sangre y nos plantea cuestiones gloriosamente humanas.

    Hoy voy a ir de rectificaciones, así que estiro mi cuello para recibir las collejas que los contertulios tengan a bien largarme. El refrán de mi don Elitróforo lo conozco como » a mi primo, me arrimo. Si soy prima hermana, con más ganas». Varía algo de matiz. Claro que el refranero tiene a bien saber afirmar una cosa y la contraria.

    El Jefe ¿omite? que dos de esos cuatro rorros que le han nacido a la pareja, arrastran anomalías -discapacidades en lenguaje polit.correct.- que bien pudieran deberse a la consanguineidad. De Borbones tontitos ya nos hace Eslava Galán su escaleta en su Historia de España para escépticos.

    Otro detallito a consignar es que esas dos criaturas tan enamoradas se separaron siendo casi bebés y se reencuentran en la veinteañía, época de morbos, ¿o no?, cuando todas las transgresiones son fruto apetitoso.

    ¿Volveremos a la manada de chimpancés, con su macho alfa al que todas las hembras aspiran ofreciendo sus vulvas jugosas e incluso los machos beta, gamma, delta, hasta llegar a los omegas, también ofertan su orificios por si al alfa le apetece una delicatessen?

    En mi vieja casa natal siempre hubo gatos. La parienta anciana que convivía con nosotros era la encargada de dibujar con su verbo el complicado árbol genealógico de la hueste gatuna, donde había nietos que tenían sobrinos con su madre, o cosas así.

    También en el corral quedaron dos huérfanos perrunos, que si bien antes desfogaban sus excesos hormonales con la mamá consentidora, ya en amistosa hermandad no tardaron gran tiempo en convertirse en apasionados amantes.

    Dejo aquí estos apuntes de sexualidad zootécnica, que diría mi admirado don V., para tratar de adivinar por qué derroteros -adiós Nostradamus- podrán derivar en sus pinitos amatorios las futuras generaciones, salvadas las conservadoras costumbres que nos atenazan como carlancas invertidas. Nos ha merengao.

  5. Mi don Berdigón afina con la identidad de mi don Griyo y hasta presume de buen gusto en su admiración por las primas -calculo que algo maduritas- del Elitróforo.

    Hace unos días mi don Estuario me sacaba partida de nacimiento y acertaba el jodío. Mi don Miller de los Niuyores comparte cervecita con su copain de alias también extranjerizante.

    Aquí hay busilis, mi doña Baltasara, como repetían las comadres que se dirigían a oir el órgano de maese Pérez. ¿No estará trufado como un gruyère el blog y unos cuantos hacemos el panoli inventando alias que contienen hasta el número del deeneí para los Stasi citados?

  6. No me sea malpensada, doña, que no sé los demás, pero un servidor, al menos, es puro de oliva y alérgico al queso. En cuanto a la columna, no creo que al jefe se la haya «pasado» nada (la noticvia la habiamos leído la mayoría) sino que ha ido al fondo del fenómeno, un fenómeno cuyo sentido y alcance –me parece a mí– es lo que él quiere explicar. Bueno, pero que se defienda él solo, digo, yo, que labia no le falta.

  7. De Stasi nada, señora mía, ni mi amigo (que reside hace años en una universidad bien distantes de los niuyores, como usted dice, ni un servidor, que no necesita credenciales con don jefe.
    Ya me ha cortado, porque pensaba recordarle a ja nuestras viejas discusiones –ambos hemos bordeado impunemente por la antropología cultural– sobre el tema. Me alegra ver que sigue más o menos donde estaba, es decir, cerca de Lévi-S. , nuestro guía de entonces, sin despreciar a la Mead y su funcionalismo tan aparente.

  8. ¿A qué vienen esas dudas, mujer de poca fe? Lo que faltaba es que nosotros mismos fantaseáramos sobre nuestra identidad. Hablando con el jefe, a otro propósito mucho más personal, me comentó hace poco que alguien el blog se proponía concertar una cita a ciegas de blogueros en Madrid. Seguro que él no va. Yo tampoco, pero ahí se podrían ver las caras de las que duda doña Epi distrayendo al personal con su gracia inimitable de un tema tan estupendo.

  9. Bonito comentario. Cuando el jefe se deja ir por la erudición no me explico cómo es capaz de mantener el pulso literario. Otra cosa no, admito la posibilidad, pero en cultura hay poco escritor actual que le eche la pata a nuestro mentor diario.

  10. No me parece que sean ésas las formas adecuadas de tratar un tema tan serio, del que se han ocupado los grandes especialistas, por mucha erudición (¿fingida, copiada?) que le depare usted. Un poco de seriedad. No me imagino qué calse de profesor pudo ser usted en su día.

  11. Ay, mi querido jagm, y cómo nos aburma la sombra de Edipo, la de Oreste más bien, qué bonito tema. Cuando los sabios le dan muchas vueltas a un asunto es porque está enraizado en las honduras de la conciencia humana. Creo que usted trata de sugerir eso precisamente y lo celebro, porque, en efecto, como tales «crímenes», las relaciones incestuosas hace mucho que desaparecieron de los códigos civilizados. No quiere decir que el incesto es signo de civilización, sino que su tabú es indicio de primitivismo.

  12. Debería tener en cuenta que mucha gente no estña preparada para estas reflexiones que tienen su lugar adecuado en el aula o en el seminario. Se epxone de esta forma a malas interpretaicones como alguna que antecede y que yo, que creo conocer us buena fe y su cultura limpia, no comparto en absoluto, en todo caso.

  13. Deduzco que doña Epi duda de la veracidad del blog y eso me asusta. ¡Ya vemos fantasmas hasta en nuestra casa! Y encome saca el tema en un día en que el maestro se va por sus cerros eruditos y nos abruma (o nos ilustra, claro está) con sus saberes. El tema es impresionante como lo prueba el interés que despertó en toda época y lugar. (una confidencia: en cuanto leí la noticia en el periódico, me dije «ésta no se le escapa a nuestr blog». Y ahí está, acerté).

  14. Me parece que al sr. Olavide –el pseudónimo– le pesa demasiado la animosidad contra el jefe. No merece la pena contestarle y menos tras leer la columna, tan fundada y tan neutral. Como imagino que se trata de un claistral de esa insigne e improvisada universidad sevillana, rasgo mis vestiduras, pensando que en la universidad de enfrente acaban de cesar a un profesional por disentir del a Junta. Esta fusión sociatismo/reacción es ya el colmo, pero a la vista está que el progresismo actual no le hace ascos a la reacción si (en Euskadi, en Cataluña o en Sevilla) beneficia a la Causa.

  15. Yo no tengo hermanas pero tengo una prima que quita el sentio, jefe, no sé si usted me da permiso pa meterle un achuchón en cuanto se descuide. Me lo da?

  16. El tema del incesto en la mitología es frecuente. Me parece que eso quiere decir, nos está diciendo, que es más frecuente de lo que creemos. ¿No leen en los periódicos con frecuencia noticias de los abusos de padres sobvre hijas/hijos/y todo-lo-que-se-mueve? En este momento. hoy mismo viene en El Mundo una hija que ha vuelto de Francia para reivindicar el castigo impuesto por la Justicia a su padre, que la propia madre rechaza. Ya me dirán si es oportuna o no la reflexión que gm nos propone hoy.

  17. ¿Saben aquel que diu? Dos vascuences, de los 168 decentes que aproxim. puede haber por allí todavía, se encuentran.

    -Hola, Pachi.
    -Hola Iñaqui. Parece que hoy haría un buen día para ir a setas.
    -Vamos pues. En media hora, aquí con los trebejos.

    A la media hora, cada cual con su chapela calada hasta la barbilla, su bastón, su navajita y su cesto ecológico, tiran para el monte.

    -Mira, Iñaqui, esta es buena.
    -Pues ¿y esta, Pachi? Los menos veinte kilos de seta es.
    -Ahívalaostia, pues, Iñaqui. Esto es un rólex.
    -¿En qué quedamos, Pachi? Déjalo estar ahí. Si vamos a setas, vamos a setas. Otro día si quieres vamos a rólex.

    Una servidora se siente como una vieja palurda cuando los intelectuosos se quejan de mi charloteo insulso. Aquí de Levi S. p’abajo, de Jung p’arriba, o te callas y aprendes o te ponen el dedito en la boca. Vale. Snif.

    Zumbaíllo y yo, que no sabemos de Edipo, ni de Orestesss -que se le pasó la ese, miamol- que confundimos a Heródoto con Tutankamon, a Cervantes con Eto’o lo llevamos crudo. Hay días que una se quitaría del tabaco. Y del blog.
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  18. Doña Epi, es usted muy mentirosa pero muy graciosa.
    Y don Zumbao también.
    De todas formas la gente del blog, que se conozca o no , comparte ciertas afinidades y además se va conociendo y apreciando. Por lo menos en mi caso.

    Del artículo no puedo decir nada porque ya está todo dicho, como muy a menudo. (cuando discrepo también lo digo.)

  19. Gracias por la correción, doña Epi. ¿Duda usted de que se trata de un lapus maquinal? No lo creo, peor hay días en que el mal humor le hace a uno (a una) agarrarse a un clavo.

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