La decisión del Metro londinense de prohibir la exhibición de la Venus de Lucas Cranach el Viejo como reclamo de una exposición de la Royal Academy ha provocado un verdadero torbellino en media Europa. No hace demasiado tiempo que en ese mismo transporte, y ya de paso en los autobuses de Berlín, se prohibió también la imagen de un hombre amamantando a un bebé, ni de que grupos de aguerridas matronas desafiaran esos reglamentos exhibiéndose sin ambages en su noble función prohibida. El tabú del cuerpo es un curioso lastre de la civilización que contrasta con la ingenuidad (ingenuo significa libre, no se olvide) con que el desnudo se conserva en los “estados de naturaleza”, pero tampoco es cosa me meterse en antropologías cuando la flamante señora del presidente francés no duda en posar para la prensa como Dios la trajo al mundo y no ocurre nada del otro mundo. En la revista “Current Biology” leímos recientemente al conclusión de un sabio del Instituto Max Planck, de que el vestido, a pesar de las estimaciones de sus historiadores, no tendría más de setenta mil años de antigüedad, lo que quiere decir que la especie debió de circular sin complejos, desnuda y sin compromiso, al menos durante un millón de años tras su expulsión del Paraíso por al arcángel flamígero. Mucho se ha dicho y escrito sobre el ‘naturalismo’ de la mirada griega que el mundo ‘moderno’ rescatará luego reproduciendo un arte del desnudo que todavía con Miguel Ángel debía soportar las censuras papales y repintarle “braghetoni” al prodigioso Adán de la Sixtina, mientras Felipe II guardaba ocultos los suyos en la misma cámara escurialense desde la que oía misa encamado. Pero los desnudos de Cranach o Durero son todavía, en mi opinión, cuerpos gloriosos. La ‘malicia’, como dice el moralismo rancio, entra en el arte, si acaso, con esa Venus goyesca que mira con altanería al mirón o con la famosa “paráfrasis” que Picasso hizo de otra ‘venus’ de Cranach, aquella que incluye los enojos de Cupido. Es la mirada la que evoluciona desde la ‘ingenuidad’ hacia el ‘sentido’. Las ‘venus’ de la fertilidad nada tenían que ver con el erotismo.
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Algo no funciona bien en el Londres conmocionado por los atentados terroristas cuando el puritanismo es capaz de superponer estas banalidades de la pudibundez a hechos tan graves como la decisión gubernamental de “fichar” a la basca a partir de los 14 años, de manera que todos los accidentes de su biografía académica y de su conducta queden archivados y a disposición de futuros curiosos, una medida que cuestiona seriamente el derecho a la intimidad y que, por su estilo brusco más que nada, ha ofendido el viejo sentido de la libertad propio de ese pueblo. Es verdad que en USA, por otra parte, no hace mucho que un profesor de Minessota con graves responsabilidades públicas a su cargo, sostuvo que en aquella publicitada democracia los desnudos europeos resultarían inconcebibles, y no lo es menos que el infierno de Guantánamo hace que se cuartee la imagen enteriza del Imperio, peligrosamente desconcertado por el zarpazo del terror. Ese tabú no tan ancestral se ceba, pues, en el cuerpo, desentendiéndose simultáneamente de la ‘persona’, contamina la mirada eventualmente ingenua injertándole un ‘sentido’ artificial al ‘significado’ originario. Lo que no veo por más que me esfuerzo es ese reflejo libidinoso que subrayan la mayoría de los observadores en esa adolescente de la gargantilla que pellizca con tacto manierista la leve transparencia del velo de tul. En una novela olvidada, decía Fernández Flores que la malicia del macho hispano era capaz de ver imágenes venusinas en el sencillo acto de meter el corcho en una botella. No es un consuelo definitivo, desde luego, pero ver que, a su manera, en todas partes cuecen habas prohibidas no deja de constituir un alivio para quienes entre nosotros rechazan con decisión ese dudoso privilegio de ser diferentes.

26 Comentarios

  1. Miopías, simples miopías, propias de obsesos, querido ja, bien lo sabes. Aunque es un consuelo que estas cosas ocurran en países como esos. Por una vez.

  2. Los países anglocabrones, que diría el Arturín, tienen una moral muy suya, ya lo sabemos. Vayamos si no al celuloide rancio de los 40-50. Mi don Gary Cúper podía matar con su rifle cuantos seres humanos exigiera el guión, pero las granjeras -y hasta las alegres chicas del saloon- eran castas hasta el aburrimiento. Lo he repetido tantas veces que estiro mi pescuezo para que reciba las collejas necesarias.

    Sin pretender corregir al sabio que cita el Maestro, una servidora afirmaría que el vestido, diez o cien mil años antes, fue una necesidad por el frío de las últimas glaciaciones. Que nadie me largue otra colleja por citar al dominical de colorines de una competencia, que el domingo nos traía a todo cuché las fotos de unos primitivos actuales de la selva amazónica. In puribus totalmente. Perdón, no. Las mujeres adornaban -ornamento, que no cobijo- sus cabezas con diademas de plumas. Más o menos las gotas de chanel de Norma Jeane. Los varones se adornan, ¿lo vieron?, el pene con un anillo. Menudo porvenir el de Amancio Ortega en aquellas latitudes de lima bonancible.

    No olvidemos que nuestra tradición judeocristiana nació en ese rincón donde todavía se usan los hiyab, burka y similares. Impuestos por los machos, no se olvide x fa. Luego arrollaron en ese aspecto la libertad del mundo clásico en cuestiones de ingle. Ahí estamos. Igual que hay semanas santas y quince días desde la lotería de navidad a Reyes, una servidora, en plan ordeno y mando, imponía quince días mensuales desde junio a octubre, en el que estuviera prohibida la ropa. Eso sí que sería revolución y no las mis don Robespierre, Marat y Danton. Sans culottes total.

    (Supongo que al nombrar a Fernández Flores, el Anfi se refiere a Darío, el de las Lolas y los espejos oscuros. Yo siempre preferí a Wenceslao, con sus crónicas divertidas ‘De portería a portería’ o sus deliciosas ‘Volvoreta’ o ‘El bosque animado’. Por cierto, pongo por curiosidad este último título en gúguel y me sale la peli. Guión, Rafael Azcona al que ni le pongo ni el quito un perejil, pero hay que seguir rebuscando hasta dar con que ‘basada en la novela de WWF’. Lo que hay que ver.)

  3. Recuerdo a la joven de Cranach y siento decir que a mi siempre ma ha parecido que tenia la dama una sonrisa algo maliciosa. Tendria que volver a verla.
    Estoy con dona Icaria: nuestros antepasados tenian que cubrirse, y a menudo con pieles, para no morirse de frio.( Es terrible esto de escribir sin acentos y sin tildes; perdonen ustedes)
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    El primer parrafo, graciosisimo: un verdadero placer esta lectura.

  4. Recuerdo sion precisión una columna, creo que reciente, en la que ja hablaba de un profesor (debe de ser el mismo) que había demostrado la cronología del vestido valiéndose de la prueba de que el piojo humano , primitivamente colonizador de la cabeza, bajó al vestido muy tarde. Era muy ingeniosa, por eso la recuerdo, aunque creo que la de hoy va por otros derroteros.

  5. El puritanismo es perfectamente farisaico: permite ver por la tele toda clase de abyecciones pero se encoge ante una Venus de Cranach.En su día “El beso” de Rodin fue consiredado malen Francia y nada digo del escandalzo que fue el famoso cuadro de Courbet,”Elorigen del mundo”, que hoy se exhibe en el museo D’Orsay. En todas partes cuecen habas, sí.

  6. Tema recurrente de gm, tema interesante que él trata con independencia de criterio. Porquees un tema grave, apesar de que la señora Bachillera estéloca por enseñar sus carnes morenas. Me admnira la cultura con que aquí se apoyan las tesis, lo mismo su se habla de Vietnam, del vestido o de las partículas subatómicas.

  7. ¡Apúntate otro 10 por eso de que “es la mirada la que evoluciona desde la ingenuidad hacia el sentido”! ¡Espléndido hallazgo! Me recuerda alguna teoría este´ñtica pero no pongo en pie cual…

  8. Más bien le recordará, querido Estuario, a varias teorías, delas que jagm saca aquí de vez en cuando (Panowski, Berenson…). De todas formas, todavía más brillante es eso de q

  9. Más bien le recordará, querido Estuario, a varias teorías, delas que jagm saca aquí de vez en cuando (Panowski, Berenson…). De todas formas, todavía más brillante es eso de que la mirada ingenua “injerta un sentido artificial al significado”. Hay mucha hondura en ese apunte. Merece la pena dedicarle un ratillo.

  10. Pues a mí me ha llamado la atención todavía más el aviso de que el tabú que prohibe el cuerpo “se ceba” más en éste en la “persona”, enfoque q

  11. (perdón por el triple mortal)
    … enfoque que permite entender muchas actitudes, lo mismo en el ámbito “natural” que en el “civilizado”. Me ha parecido la de hoy una pieza soberbia, que inspirado por el amigo Miller recorté para comentarla con los colegas la próxima semana.

  12. No estoy seguro pero casi: jagm se refiere a Wenceslao Fdez. Flores, el gran humorista, y no a Darío, el guasón…

  13. Un dúa tiene que explicarnos el tema desde otraperspectiva insinuada ya varias veces: la que lo enfoca desde la presunta (presunta por parte de jagm) tendencia instintiva de la hembra a mostrar el cuerpo… En un par de ocasiones ha esbozado el asunto pero nos dejó con la miel en los labios.

  14. No sólo los españoles son/mos fariseos, también los ingleses y alemanes, por no hablar de otros pueblos. Es muy curiosa la evolución de la normativa sobre lo que aquí se entiende tradicionalmente por escándalo público en relación con las exhibiciones corporales, pero el espacio no da para ello.

  15. Ésta es de las profundas y comprometidas, porque no se crea que hablar del vestido no compromete ideológicamente. Me quedo con la anotación de que el tabú surja y se conserve en la civilización, aunque parezca cosas más bien salvaje.
    (Me sumo al comentario del fariseísmo que alguien hizo antes hablando de lo que se permite y de lo que se escandalizan estos puritanos).

  16. Estoy seguro de que las “paráfrasis” de Picasso (no sólo la citada, sino “Las señoritas de Avignon, por ejemplo), no escandalizarían al censor. Eso es tan curioso como que se escandalice antela Venus de Cranach mientras contempla a madame Sarkozy 2 en pelota viva.

  17. El escándalo exige una condición, como es la posibilidad de una inmediata apropiación de la imagen en todo su sentido y detalle. Las “paráfrasis”, como dicen ustedes, sólo “insinúan”, es decir, ofrecen lo prohibido en dosis homeopáticas, algo tolerable por tanto.

  18. “Como dicen ustedes”, no, buen señor, sino como decía el propio Picasso. ¡No me deje mal ante mis alumnos, a los que esta mañana mostré los cuadros aludidos aprovechando que pasaba el Pisuerga. Ni que decir tiene que a todos les gustaron más los desnudos explícitos, poco los simbólicos.

  19. Me cuelgo del final de lo escrito por Berdigón para decir que, en efecto, la prohibición exige el requisito de que lo prohibido seponga al alcance inmediato del posible transgresor. Nadie mira con ojo libidinoso la Venus de Willendorf de la que recién hablaba jagm, pero en cambio hay mucha mirada turbia en torno a las de Rubens.

  20. Todop esto tiene un arreglo fácil: vayan ustedes a Arco, vean “el cuadro”, vomiten a continuación, y listo.

  21. Reposo, mi dilecta doña Clarines, y buenos alimentos. Empápese de infusiones calentitas aromatizadas con yerbabuena y cáscara de limón, endulzadas con su cucharadita de miel. Zumitos ‘exprimíos’, templados si su paladar los tolera, evite los acmbios de temperatura, incluso de una estancia a otra de la casa. Butaquita y lectura relajante. No tome porquerías de la botica aunque tenga destemplanza, sólo si sube su temper. de 38,5º.

    Si me permite ser su abuela por unos días, deposito un beso en su frente y un pequeño achuchón en la mejilla. Cuídese, mi reina, que ya ve que hay mucha gente que la quiere.

    A mi don Estu: similia, similibus curentur, que decía mi don Hahneman. Y creó la homeopatía. Pues, pura viceversa. El pudor es un artificio, si no algo peor, una forma de dominio, siempre manejada a su antojo por el más fuerte. Usted seguramente sabe que no hay nada menos erótico que una playa nudista. Si imagina mis flaccideces, un suponer, tendrá -si lo precisa- un remedio sosegante de cualquier concupiscencia. Fijo que sí. Un besito y recuerdos a la Placeta.

  22. No me parece que debamos reducir el pudor a una estrategia deliberada y menos del Poder, como se acaba de decir, puesto que funciona como un instinto, con ese automatismo con que el autor del Génesis significa el susto de la Pareja al descubrir su desnudo. Algo hondo hay ahí, sin duda, de ahí el interés grandísimo del tema, y yo también tendría mucho interés en que nuestro autor nos deleite un díason esa tesis de la pulsión femenina a la exhibición que, es cierto, también yo recuerdo haberle oído esbozarla.

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