Todas las teorías del sujeto revolucionario se están quedando obsoletas. La partidista de Lenin, la moralista del “militante” que Sartre esboza en “Situations”, la sugerida por Gramsci, hasta la sacrificial de Gandhi, se han visto desbordada por la aparición de un desconocido sujeto colectivo que no tiene rostro ni voz concretos pero que aprovecha la condición ubicua que le proporcionan las tecnologías en la sociedad de la información. Lo primero que ha hecho Mubarak en Egipto al estallar los disturbios no ha sido diferente de lo que se viene haciendo en China sin necesidad de ellos: intervenir Internet e impedir la telefonía móvil, convencido de que ha pasado la hora de ponerle nombre y rostro a una agitación que se ha convertido en virtual en el marco escurridizo de las “redes sociales”. Hubieran hecho bien leyendo a tiempo la obra de Castell “La Sociedad Red”, comprendiendo que el decisivo proceso de las tecnologías digitales conduce sin remedio al surgimiento de una “estructura social en red” en la que el protagonista individual cede su plaza al sujeto colectivo, o mejor, al sujeto anónimo de capacidad  planetaria y alcance prácticamente ilimitado. Lo de Rubalcaba el 11-M, convocando a sus huestes por el telefonillo, es una broma si se lo compara con lo que desde entonces ha galopado ese nuevo “medio” que hoy no ven la manera de controlar ni siquiera los Estados Mayores cuando se sienten amenazados. Quizá no somos capaces de entender esta mutación social decisiva a causa de una proximidad que impide la perspectiva adecuada, pero lo que resulta evidente es que aquel daguerrotipo prestigioso del conspirador romántico, embozado en el secreto pero de perfil seguro, tiene ya un sucesor incalculablemente más eficaz porque está en todas partes y en ninguna, y porque no hay modo de cogerle las vueltas en un terreno que ni siquiera tiene entidad física. Miro las imágenes que nos llegan de El Cairo y me convenzo de que no tenemos no idea de dónde estamos aparcados.

 

Para que vean que no es tan ingenuo como parece eso que andan haciendo los peques en la leonera con el ordenata. Han tirado un régimen, están a punto de derribar otro y no sería de extrañar que acabaran revolucionando el mundo árabe en su conjunto y, con él, el judío y hasta el cristiano, y ésta es la hora en que nadie tiene idea de quién es ese sujeto nuevo, ni de dónde para, ni cuál es el timbre de su voz. Estamos, no hay que darle vueltas, ante (o “en”) la mayor revolución de la Historia de la especie, en un recodo decisivo de la civilización desde el que lo malo es que lo que se vislumbra en perspectiva no parece nada tranquilizador.

1 Comentario

  1. Volvemos a lo colectivo. Antaño primaba la tribu pero había un consejo de ancianos. Hoy la multitud es ciega y se deja llevar por pasiones elementales …y es fácil de manipular.
    Besos a todos……si es que alguien se asoma por aquí.

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