Es posible que como consecuencia de la epidemia de suicidios registrada en el gigante francés France Telecom, que ha conmocionado a la opinión pública, anden realizándose en Francia un puñado de sondeos tendentes a avaluar la opinión de los franceses frente al trabajo. Conozco cuatro recientes, al menos (los de los institutos  Ipsos, Opinion Way-En Ligne, Comundi y Cegos), llamativamente  coincidentes en la complacencia mayoritaria del trabajador con el trabajo, cuya estima parece haber subido exponencialmente desde que la crisis está destruyendo el empleo. No les voy a cansar con porcentajes, pero les diré, de manera orientativa, que más de la mitad de los encuestados declaran paladinamente su felicidad por el trabajo, a pesar de que casi la mitad de ellos se confiese frustrado por la falta de reconocimiento profesional, cuatro de cada diez disconforme con su bajo salario y uno década cuatro disgustado por la creciente dureza de las condiciones de trabajo. ¿Se acuerdan de lo que dijo Baudelaire, un día que andaba más colgado que una jaula? Pues dijo, en un precioso ‘calembour’, que si no fuera por gusto, habría que trabajar por desesperación porque, según él, trabajar resulta menos aburrido que divertirse. Ahí lo tienen: el paro ha hecho el milagro de convertir la maldición divina en un privilegio que sus afortunados reconocen ingenuos desde el fondo del subconsciente. Les propongo que repitan las encuestas cuando –dies certus an incertus quandum—la  culta Europa se sacuda el fardo de la crisis y el crecimiento del empleo sublime estas angustias. O más sencillo: que me expliquen cómo se casa semejante optimismo con la aludida ola de suicidios.  Guardo un  memorable recuerdo juvenil de aquel brillante excéntrico que fue Lanza del Vasto proclamando en un café de Saint-Michel que la división del trabajo era tan perfecta que hemos asumido el hecho estupendo de que uno trabaje y el otro engorde.

 

El sistema de capital no pudo imaginar mejor escenario para la explotación que la crisis, como los asalariados no hubieran imaginado tal vez nunca que, sólo por la amenaza cierta del paro, acabarían amando el aborrecido currelo. Se ha venido abajo en un pis pas la esperanza utópica que soñaba con la dignificación del trabajo y se ha puesto en su lugar el señuelo pragmático que la necesidad enseña sin necesidad de maestro. Y ahí los tienen, suicidándose incluso, quejosos de su estima y su estipendio, pero jodidos y contentos por el simple hecho de disfrutar del único privilegio librado por el Sistema: el empleo. Pocas criaturas tan fáciles de contentar como el hombre, sobre todo cuando caen de punta.

8 Comentarios

  1. Bien visto: no hay como la escasez para estimular el deseo. Esas encuestas prueban que somos borregos panurgos y nos dejamos llevar a dónde nos arratstre la Mano Invisible.

  2. Hoy el “coment” es de esos que caen como piedras al fondo del alma. Exacto, verdadero, pero desesperante…..
    Por otro lado,es mejor que guste lo que ocupa un tercio de nuestra vida, sobre todo cuando, por otro lado, la vida nos depara tantas preocupaciones.

  3. Tengo tres sin trabajo en la familia. Comprendo muy bien quse estime tanto el trabajo pro parte de quien tenga la suerte de tenerlo, pero está muy bien criticado en la columna que la propia crisis se aproveche –siempre por los mismos– parasacar tajada. Ni estoy bien enterada de lo que dice de los suicidios, pero sin llegar a tanto, aquí se están viviendo situaciones de abuso que no deberían permitirse.

  4. Estupendo. Ahora resulta que el hombre es un animal laborioso. ¡Lo que puede conseguir la necesidad! Me ha hecho pensar la columna que tal vez una de las funciones “secretas” (iba a decir “funcionales”) de la crisis sea conseguir lo que nuestros viejos maestros llamaron la integración social, eliminando el peligroso escollo de la tensión laboral. Me gusta el enfoque y me admnira tu paciencia a la hora de documentarte. No cambiarás, jodido. Mejor así.

  5. Vean cómo decae hasta el mandato del Génesis en este mundo truquista. Cualquier día nos levantamos con la noticia de también la serpiente s eha librado de su condena y anda dos patas o cuela libremente por los aires. El Sistema, mi don josian, el Sistema, es capaz de lo que le echen. ¿Serán las crisis, como alguien ha dihco antes, un instrumento que, ya de paso, además de “ajustar” la contabilidad, le hace el trabajo sucio al dueño de la viña?

  6. Hoy en día nadie se podía imaginar que el trabajo que nos obliga a levantarnos por las mañanas/tardes/noches se iba a convertir en un bien tan preciado como el petróleo, los diamantes o el mismo oro, cuando hace 2 años era mirra

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