Háganse a la idea porque la cosa no tiene remedio: la autonomía andaluza habrá de recorrer el año como gallina sin cabeza mientras su presidenta se dedica a lo suyo, que es…, pues eso, “lo suyo”. Sus viajes a León, a Madrid, a Valencia, y los que te rondaré, morena, demuestran que lo que a Susana Díaz importa es su ansiado liderato y no los problemas que afligen a los andaluces. Y cuenta, además, con el respaldo ilusionado o al trágala, de la mayoría de quienes tienen peso en el PSOE, por no hablar de algún caso de histerismo como el del ex-ministro Abel Caballero. La autonomía puede esperar porque ella y su pretorio saben que la ocasión la pintan calva. Un sillón vacío, pues, y una inimaginable quiniela para la sucesión por rellenar.

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