El presidente  Chaves ha debido pedir públicas disculpas a los ciudadanos (quiero decir, a los votantes) por el increíble despido en masa de las interinas despedidas por al consejera de Educación por estar embarazadas. Lo propio debería hacer Valderas, o quien mande de verdad en esa casa de locos, ante el despido de otra mujer grávida de una administración gobernada por esa otra “izquierda”. Cuesta entender, sin embargo, el silencio de las organizaciones femeninas del PSOE, que tanto poder tienen, desde el Instituto Andaluz de la Mujer al “Lobby de mujeres” famoso que, por lo visto, no se preocupa más que de ellas mismas. Cuando un concejal o un alcalde del PSOE ha zurrado a una dama en Aracena o en XXXXXXX, ni una de esas voces se ha levantado para clamar en el desierto. Cuando una madre martirizada ha muerto sin conseguir la indemnización otorgada por al Justicia y prometida por al propia consejera, ídem de lo mismo. A eso le llamo yo “silencio de género”. Ellos, seguro, le llamarán de otra forma.

2 Comentarios

  1. Leo hoy en la prensa andaluza que se ha previsto que a partir de Junio (o sea, pasadas ya las elecciones) los alumnos de 4º de Medicina puedan ya atender las consultas antes de haber terminado su especialidad para convertirse en Médicos de Familia. Bien mirado, lo único que se está haciendo es adelantar lo que se espera después de que se haya implantrado el Grado en las Facultades (cuatro años) en función de la transformación que se está comenzando a efectuar en la Universidad Española al aire del denominado Plan Bolonia. En una sociedad donde lo público retrocede irremisiblemente (no hay más que ver el empeño que tienen todos los partidos en rebajar los impuestos, con los que se pagan los servicios públicos) y el mercado avanza sobre la política, la medida propuesta tiene toda la lógica del mundo: los médicos españoles acuden a los mercados exteriores donde son mejor pagados y considerados, en tanto que aquí se importan inmigrantes para que realicen sus funciones a más bajo precio, o se recurre -como en el caso presente- a personal de más baja cualificación. Al fin y al cabo muchos somos atendidos por una seguridad médica privada -muchas veces en paralelo con la pública- de tal forma que se está ya produciendo la masificación de una parte de ésta y los retrasos (a veces mortales, como en los casos de detección tardía de enfermedades como los cánceres) se están comenzando a dar para los que no tienen pólizas caras con compañias elitistas.
    Cuando la política desaparece y es sustituida por la organización de determinados servicios sociales básicos (de la misma manera que se nos ofrecen los ejércitos con funciones de ONG’s), cuando lo público desaparece ante los intereses privados casi en exclusiva, no es de extrañar que la coloración de todos los partidos sea exclusivamente la gris, con pequeños matices dentro de la gama. La política, con su aspecto fundamental de lucha, de ejercicio de fuerza controlada (no olvidemos nunca que “política” viene de “polis” y ésta de “polemos” o sea la “guerra”)pierde su papel primario, para pasar al primer plano el subsidiario de mantenimiento del bienestar físico al mayor nivel de los ciudadanos. Como dice Éric Zemmour, no es raro que en ella progrese el elemento femenino, poco adecuado en los plantemientos viriles de antaño. Una virilidad que queda reservada exclusivamente al mundo de la empresa (el libro de St. Bing, “Roma S.A. El auge y caída de la primera multinacional de la historia”, Barcelona, Gestión 2000, 2007 es muy significativo al respecto) donde la mujer interesa sólo como productora-consumidora, y no como ser humano. Incluso las empresas públicas, como la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía, despide en masa de las interinas por estar embarazadas, como comenta también hoy jagm. Evidentemente su rendimiento económico es menor, y eso en última instancia es lo que cuenta para los políticos grises transmutados en empresarios públicos. Es evidente que el horizonte mental estable en el que hemos vivido -en este caso a nivel económico- ha entrado en profunda crisis en Europa. Esa Europa que se vio a salvo de la misma mientras fue la niña mimada por los dos sistemas antes imperantes (socialista y de mercado), lo que le permitió alcanzar niveles públicos de bienestar que dudo mucho que se vayan a repetir en bastante tiempo. Estudiar un poco de Historia podría ayudar a comprender el proceso y a conseguir lo que los economistas denominan un “aterrizaje suave”. Pero la Historia es concebida exclusivamente como un elemento para la “animación cultural”. No hay más que ver las promesas electorales de reforma de la educación: potenciar las habilidades y competencias (como en el Plan Bolonia) dejando en un lugar secundario los contenidos y la reflexión sobre los mismos. La aplicación de tal política, eso sí, nos puede venir por la derecha o por la izquierda. Tenemos la posibilidad de decidirlo votando.

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