En medio de la polémica suscitada en Francia por el avance de la violencia contra las mujeres, alguien acaba de recordar que, hasta 1994, en ese culto país era delito penado con la cárcel pegarle al perro pero no estaba castigado la agresión a la esposa. Hará falta algo más que sanciones, sin duda, para contener esta extraña ola parricida, como pone de relieve el propio Gobierno francés al señalar el brutal incremento de los asesinatos de mujeres registrados en este año (166 víctimas) respecto a los del pasado (‘sólo’ 136), lo que representa un 30 por ciento más y nada menos que una víctima cada dos días. Otro organismo oficial ha denunciado que 410.000 mujeres han declarado haber sido atacadas violentamente por hombres en los dos últimos años, periodo durante el cual, según otro informe, 130.000 mujeres fueron violadas en le país: dividan y saquen ustedes mismos la cuenta diaria. Y para remate del estropicio, el secretariado de Estado del ramo lamenta que sólo un dos por ciento de las mujeres atacadas –incluyendo desde la violación consumada a la tentativa, exhibicionismos, tocamientos y otras–  se deciden a denunciar los hechos. No es real la versión que explica la barbarie que padecen las mujeres españolas en función del temperamento y otros condicionantes, como puede verse, y como pone de relieve la sorprendente comprobación de que, a pesar del progreso criminal en la estadística, las cifras de nuestro país siguen por debajo de la media europea y, según datos del Centro Reina Sofía,  bastante por debajo de la mayoría de los países del planeta. Un país tan ‘civilizado’ como Finlandia supera, en cambio, con mucho esa media continental, mientras que por debajo de España apenas hay cuatro países en ese negro ránking. No es difícil concluir, por eso, que tal vez la evolución de esa delincuencia española se reserve todavía incrementos importantes. Todo parece que falla en los dispositivos protectores dispuestos alrededor del sexo débil.

                                                                   xxxxx

Quizá el sociólogo tenga más que decir sobre esta tragedia que el criminólogo, con independencia de que las sanciones hasta ahora arbitradas siguen siendo visiblemente inútiles a la hora de disuadir al atacante. En España el fracaso de la ley específica que tanto dio que hablar no es discutible como no lo es el peso que en semejante fracaso haya podido tener la carencia de medios de protección adecuados, pero todo indica que hay causas profundas que, en esta sociedad, están actuando de modo devastador sobre las conciencias lo mismo aquí que en otros países que tal vez cabría imaginar menos propensos a este tipo de desórdenes. Una dura legislación no han impedido en Guatemala alcanzar tasas aterradoras, seis u ocho veces mayores que las europeas, es cierto, aunque parece razonable esperar que una elevación drástica de penas, acompañada de medios de prevención suficientes, pudieran poner freno a esta sangría con la que a la sociedad le ha ocurrido lo peor que podía ocurrirle, a saber, acostumbrarse a ella, asumirla como un fenómeno poco comprensible pero inevitable. Por ahora, pues, un completo fiasco. El nuevo papel social de la mujer, su legítima independencia serán, si se quiere, la causa última de este desorden supino, pero no cabe dudar de que ante un fenómeno previsible como el que están viviendo todos los países desarrollados, la reacción debe ser general y estar basada en una filosofía común sobre el origen del problema. Lo asombroso es la inopia en que se mantienen los especialistas, cada cual parapetado en su interpretación particular y lejanos todos siquiera de un ensayo de entendimiento común, junto a la indiferencia de los poderes públicos que saben bien, a estas alturas, que han fracasado en sus publicitados planes de contención. En Francia dicen que van a hacer una campaña informativa. Aquí hablan ahora de construir más cárceles. Puede que ni aquí ni allá hayan entendido el fondo de la cuestión.

13 Comentarios

  1. Creo que hay un dato que se puede poner al lado de los expuestos por nuestro anfitrión para tenerlo en cuenta a la hora de abordar las causas de este desastre al que bien alude jagm. Me refiero al dato dado por el Instituto Nacional de Estadística para el año 2006, el último registrado, en relación con el número de suicidios consumados: 1.388 varones y 418 mujeres ( http://www.ine.es/jaxi/tabla.do ). Pienso que es algo que también podría interesar al Ministerio de Igualdad. Como entiendo que bien dice nuestro anfitrión hay causas de desigualdad profundas, que tal vez se arreglen buscando mejor el equilibrio (sobre nuevas bases, porque nueva es nuestra sociedad) que la igualdad.

  2. He estado mirando las estadísticas y me ha chocado que en Cataluña es donde hay más..y también más igualdada entre los sexos, parece (hablo de los suicidios)
    La violencia contra las mujeres me la explico
    1° – Porque ahora se aguantan menos y responden
    2° – Si se aguantan muchas tienen un trabajo, salen de casa, ganan un dinero lo que es un reproche con patas para el fracasado o el que no tuvo suerte
    3° – La sociedad se ha vuelto más cruel, competitiva, dura, a cada cual lo maltratan, lo insultan, lo someten a tratamientos injustos. El pobre diablo que vuelve a casa , después de haber tragado quina porque al jefe le ha pasado un rapapolvo el jefe de encima, ése se venga, o se desahoga con su mujer. La mujer es el último eslabón de la cadena, detrás sólo quedan los ninos. También ellos cobran, pero sin duda se plantan menos, ángelitos.
    Es tremendo esta situación, este progreso al revés…
    Besos a todos.

  3. 11:26
    Muy acertada la radiografía de doña Sicard.

    El aumento de la violencia contra la mujer va en proporción inversa a la sumisión de la mujer.

    Mientras el varón considere a la mujer de su propiedad no cesará este tipo de violencia, que por cierto va parejo con el comportamiento de nuestros parientes los demás primates.

    Un comportamiento que, con frecuencia, va seguido de suicidio tiene poco que temer de la dureza de las leyes.

    Sólo la educación, y a muy largo plazo, podrá reducir esta tendencia.

  4. Es una arraigada tradición literaria la de proponer frases “ingeniosas” contra la mujer”. Qué se yo, “si quieres saber lo que es la soledad, cásate”. frase dirigida al varón, claro está. Hay cientos, desde Niestzche, tan admiraod por ja, a Cioran, pasando por Proust cuanrenta más u, por supuesto Wilde. ¿Por qué los machos inteligentes de la tribu tambén era machistas hasta ese extremo? El tema de la ssiganción de roles sociales a los sexos no es tan fácil como creemos ne la actualidad. Convendría tenr eso presenmte, aunque para nada justificaría lo que asombra y desconcierta a este “humanista frágil” que don josian.

  5. Datos escalofriantes, avisos muy justos. Esta tragedia es, como dice ja, ante todo, inexplicada. Hay que ver qué está ocurriendo, sin olvidar el lado masculino de la cuestión, qu etambién debe de tener sus razones que aducir.

  6. ¿Saben lo que más me aterra de todo ésto? Perdón, paréntesis: ¿Alguien me puede aclarar si los pronombres demostrativos como ‘ésto’, siguen llevando tilde? Cierro paréntesis. Lo que más me preocupa es que las nuevas generaciones, je, je, no se me encampanen mis peperos, esas que se dice que están más educadas, más leídas y más escribidas que todas las anteriores, han recuperado la vena machista que los de mi generación, bendita sea, intentan, intentaban, o lo parecía, superar. Sería curioso en las estadíaticas, conocer la edad de los hideputas maltratadores, asesinos y similares.

    Por otra parte, y ya veo a mis congéneres, mi doña Clara, mi doña Berenice -¿por cierto, no hay internet en Eyre?- viniéndose arriba, el nuevo papel en la sociedad hace que muchas de nosotras, no solo nos hayamos deshecho del dogal atávico, sino que también harían falta estadísticas de cuántos de esos parricidios tan alarmantes no son sino el fruto de que, tras ponerse chula la doña de turno mil veces, a la mil uno, el maromo le suelta un bofetón, trancazo o coup de hache o de couteau, que la manda a la morgue.
    Un buen amigo me contaba cómo una su primera esposa y madre de vástaga común, le mamoneaba hasta el infinito y él se hacía de hielo para no cruzarle la cara o clavarle la chaira jamonera. Y créanme que es un tipo educado, honesto, caballero y conciliador.

    Evidentemente la vida es más poliédrica que esta bidimensionalidad del papel escrito. Como de costumbre, se admiten collejas, improperios y maldades. Razón: la Epi. Portería de este edificio virtual.

  7. Mi Doña, tanto el tema de los pronombres demostrativos como en el tema que nos atañe un problema clave es la ambigüedad: “cuando en un enunciado concreto el demostrativo pueda interpretarse como pronombre o como adjetivo, de manera que el sentido resulte ambiguo, llevará tilde diacrítica en su uso pronominal” (R.A.E). Es penoso comprobar como algunos confunden la igualdad con el igualitarismo. La igualdad tiene que ver con la no comparación más que con la simple estandarización u homogenización de las diferencias (el igualitarismo no deja de ser una imposición ideológica más). Cuándo el igualitarismo descaracteriza a la persona, ésta debe exigir el derecho a ser diferente; y se debe exigir el derecho a ser igual cuando la desigualdad te hunde en la inferioridad, algo que las mujeres tienen todo el derecho de reivindicar ayer, hoy y siempre. Mientras no se aborde el problema asumiendo todas las caras del poliedro (económicas, jurídicas, psicológicas, biológicas, etc), como sabiamente comenta Vuecencia, no dejaremos de asistir al triste espectáculo del querer y no poder.
    (Dª Epi, han bastado un par días de retiro, ya sabe que el otoño es una buena época para hacer limpieza de todo aquello que nos contamina y hay que saber soltar, ya sean seres o cosas; para darme cuenta cómo empiezo a echar de menos este rincón casinero.
    Al Sr. Pangloss le mando mis respetos por su comentario en la entrada “la Cara del Mal” que acabo de leer; valiente y equilibrado cuando alrededor pintaban bastos, si señor.

  8. Yo yo le devuelvo los propios, señor mío, por su inteligente commentario de hoy. Creo que ja conoce bien esa diferencia (ha insisitod en ello muc has veces en esta columna) pero la realidad, a la que élk se refiere hoy, es puramente estadística: por muy provocadoras que pudieran ser las hembras, ¿qué justifica cogre “la chaira jamonera”, como dice nuestra Epi? Salud a todos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.