En Bruselas anda planteado un no poco sonoro debate sobre la eventual declaración legal del domingo como día de descanso obligatorio para todos los trabajadores de la Unión. Un tema curioso, al menos si se tiene en cuenta que los defensores del proyecto apoyan al mismo tiempo la semana de 48 horas, pero que encubre, obviamente, viejos motivos culturales, no sé si decir que incluso subconscientes, en torno a la sacralidad de del día del descanso forzoso que, como se sabe, es una imposición de naturaleza religiosa. El miércoles 24 se celebrará en el Parlamento una acción que pretende influir en los 27 jefes de Estado y de Gobierno reunidos esa misma fecha, para que la legislación europea decida de una vez el derecho al ocio dominical que sus defensores ven muy distinto del simple derecho disponer de un día de la semana que ya asiste a todo trabajador, pretensión que tratan de apoyar incluso en la opinión científica que probaría la idoneidad del “week end”. El peso de la tradición cristiana salta a la vista pero también plantea la dificultad –al margen del problema de la disfuncionalidad que la medida acarrearía en los servicios de una sociedad compleja—de imponer un día sagrado en un mundo laboral en el que los judíos celebran el sábado y los musulmanes el viernes. Va a hacer falta un Julio César o un Gregorio XIII para resolver este problema que, sin embargo, parece que apoya sin fisuras el grueso de los agentes sociales y los representantes políticos, en este caso alineados con la pretensión eclesial, pero el hecho mismo de la discusión del “día solis”, como lo llamó Constantino, nos sugiere la curiosidad de esa pervivencia de la tradición en el magma de las mentalidades. Habrá que parafrasear al Evangelio y decir que el hombre no se hizo para el domingo sino el domingo para el hombre, pero sobre todo habrá que ver cómo se ajusta esa pieza en la muy desquiciada maquinaria del trabajo moderno.

 

No quiere Europa que desaparezca la imagen del domingo reparador, la estampa del concierto familiar en los parques, el reencuentro siquiera fugaz del ser enajenado en el trabajo con esa inefable sensación que es la libertad y la sempiterna fascinación por el ocio, la cita soleada con la Naturaleza que libera brevemente del Orden. Hoy queda escasa materia sagrada en el “séptimo día” pero no deja de ser significativa su pervivencia en la mentalidad postmoderna, tan ajena ya a aquella en la que era posible discutir la licitud de romper el descanso ritual para rescatar al pollino del fondo del pozo. Cuando Ortega dijo que el Hombre es Historia llevaba más razón que un santo.

6 Comentarios

  1. El Sabbat, don ja, el Sabbat, ese día de reposo que necesita el Hombre en todas las latitudes y culturas, y que las religiones sacralizan. Lo curioso es que hoy la mayoría de los europeos tienen ya 2 Sabbats, pues la “semana inglesa” de cinco días hace tiempo que se impuso. ¿No había que elevar la productividad? Ese es otro porblema, me dirá usted y lleva razón.

  2. Me parece muy bien.
    El hecho de que ahora, efectivamente, el domingo, la Navidad, la Pascua y un largo etc , no signifiquen nada para el 90% de la gente no quiere decir que haya que tirarlos por la borda, porque como dice don José Antonio, tiene un sentido simbólico, ritual, y porque no es imposible , y al revés , a mí me parece probable, que un día su significado sea obvio para muchos y que le hagan suyo.
    Un beso

    PS ¿Y cómo es que está este casino tan abandonado?

  3. He esperado horas para ver si alguien entraba en el Casino pero nada. Sigo sin comprender estas dserciones, en especial de nuestros contertulios más siduos, el padre cura, el doctor Pangloss, el agudo y culto Yamayor, doña Clarita, el temible Rogelio… En fín, ellos se lo han perdido hoy si no han leído la graciosa e inteligente columna, y no lo digo por halagar al autor sino porque una vez más nos mantiene al día de lo que ocurre en el mundo visto a través de su lente personalísima. Un mérito, oigan.

  4. Tampoco yo comprendo ese interés por prolongar el tiempo de trabajo, como si ése fuera el único remedio posible. La jubilación alardagada, por ejemplo: sigo yo que mientra más se alargue menos sitio habr´ña para que los jóvenes en paro se incoorporen a eso que llamana -¡¡conn cuánta razón– el “mercado” de trabajo. A no ser que pretendan llevarnos al modelo chino. Esta civilización explotadora está dando vueltas en redondo, como un tiovivo.

  5. Aquí estoy, con la lengua fuera, tras la convocatoria del amigo Rick, y para decir que, efectivamente, la columna me ha interesado mucho y creo que poca gente conoce ese asunto que aún no se ha planteado en España. A JA no se le escapa la mayor, que en este caso es el origen creencial (ideológico, claro) de la costumbre, o dicho en sus propios términos, el largo alcance civiizatorio del cristianismo, que fue quien defendió durante siglos ese mínimo derecho del ser humana al descanso.

  6. Ay don Rick,¿ así que don Marción no es nadie? Que lo diga usted de mi no me sorprende nada porque es casi la pura verdad, pero de don Marción no me parece justo. Un beso, a pesar de todo

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