Imaginen a alguien, imagines a usted mismo, lector/a amigos, interfiriendo voluntariamente la emisión de una tele, provocando sin miramientos el “apagón” de un ‘medio’ municipal, para superponerle uno propio. ¿Están viendo ya a la Guardia Civil en la puerta, se sienten ya en comisaría, tal vez esposados, notan acaso como si estuvieran en los calabozos del Juzgado aguardando a que un juez severo les lea la cartilla antes de enviarlo a la trena? Pues descansen el ánimo y no teman, porque antier hemos visto que no pasa nada, al menos de momento, por reconocerle al juez que fue uno mismo quien adquirió el material necesario y quien lo instaló motivado por el sentimiento de que la tele del Ayuntamiento legítimo era partidaria. Eso se llama sabotaje aquí y en cualquier parte, y como sabotaje debería ser tratado por la Justicia. Otra cosa sería dejar en manos de cualquiera la posibilidad de apagar de un botonazo la tele –cualquier tele—cada vez que alguna emisión le incomode o disguste.

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