Los fanáticos del Twitter han debido preocuparse ante el incidente provocado por el anuncio espontáneo de un bloguero anunciando el falso asesinato de Obama. Han caído en la cuenta, de momento, de que sustituir la información por el rumor puede ser muy divertido pero entraña evidentes peligros en las inevitables manos de irresponsables o hideputas. Y menos mal que en USA ha bastado con un desmentido y una aparición en la pantallita para aliviar el susto que ha estado a pique de un repique de derivar en soponcio en aquella nación que tanto sabe, por desgracia, de magnicidios y conjuras, pero en China el Gobierno ha debido recurrir a la censura de Internet –bloqueando toda consulta sobre el nombre de Jian Zeming o los conceptos “secretario general” o “infarto de miocardio”—para cortar por lo sano el rumor sobre la muerte del primer ministro y prohibiendo a los medios de comunicación ocuparse de ese tema salvo para difundir las versiones oficiales. Hay que admitir que, junto a la fantástica capacidad comunicadora de esas redes sociales, el funcionamiento incondicional del rumor entraña riesgos imprevisibles que superan con mucho los inherentes a la noticia convencional por más problemática que ésta pueda resultar circulando por esas redes. No se puede negar la revolución que ha supuesto la eventual conversión de cualquiera en informador –como pudo comprobarse cuando un internauta yanqui difundió la noticia de la muerte de Bin Laden antes de que la anunciara la Casa Blanca, por ejemplo–, pero habrá que admitir, por la cuenta que a todos nos trae, que al prodigioso invento le falta una marea para que pueda constituirse sin mayores problemas en la panacea de una comunicación ecuménica. Hay hackers que han hecho quebrar un banco a miles de kilómetros o incluso que se han paseado virtualmente por el laberinto secreto del Pentágono, pero eso no es nada todavía si pensamos en la situación que puede derivarse de la consagración definitiva del rumor en detrimento de la noticia. La información debe ser un bien acreditado y controlable. El rumor no tiene reglas.

 

Estos entusiasmos postmodernos son inevitables, sin duda, lo que en absoluto supone que no entrañen tantos riesgos como ventajas, y seguramente por esa razón acabarán forzando algún tipo de control por mucho que se predique contra la censura, cuyo concepto peyorativo, dadas las circunstancias, tal vez haya que revisar. Sólo hay que aguardar otras ocurrencias como las comentadas, confiando en que la discreción baste para paliar sus efectos, pero indefensos, en el fondo, sobre su alcance. Si esas redes se convierten en campo de batalla no duden que acabará estallando alguna ciberguerra.

7 Comentarios

  1. Twuitter tienen mucho peligro, y si tiene ventajas hay que saver controlarlas. Lleva razón el columnista cuando alerta sobre los riesgos de dejar en manos no cualificadas por la profesión el oficio de informar. Por este camino vamos a una sociedad cada día más des-informada.

  2. Estoy conforme con que lo visto hasta ahora no es más que el principio. Nos queda mucho «hakerazo» que soportar, pero creo que sucesos como el de la falsa notivia del magnicidio deberían hacer reflexionar a los que al autor de la columna llama «fanátcos del Twitter». Y otros que tal bailan.

  3. No se ha comentado más que lo justito el sustaz que en USA supuso el anuncio del falso asesinato de Obama. Mucha gente, sin embargo, ha tomado nota de la posibilidad de que, apoderándose del remite de un medio importante, cualquier loco o terrorista lance en las red esas cargas de profundidad. Creo que ja trata la cuestión de manera muy prudente y comparto su inquietud ante slos riesgos de esta moda avasalladora.

  4. No hay más que ver a los chavales: todo el día «twitereando», es decir, diciendo bobadas entre las cuales va alguna que otra barbaridad, algún insulto, una «colgada» de foto indiscreta, un rumor peligroso y todo en esa línea. Conformes con su filosofía. Los «fanáticos» acabarán aceptándolo cuando ya el daño esté hecho.

  5. Demasiada información mata a la información.
    Dentro de poco la «verdadera» información tmará canales más discretos… Quizás volvamos a las palomas mensajeras…
    Besos a todos.

  6. Deñiciosa ingenuidad, la de doña Marta, siempre tan generosa al pensar en la aventura humana. Temo, sin embargo, que la cosa nos erá tan sencilla como ella sugiere y sí arriesgada como explica ja.

  7. ¿Redes sociales? Ni estoy ni estaré aunque me quede fuera del ciberuniverso.

    Las redes sociales son programas demasiado “listos”. Consideran que toda la información, incluidas fotos, son de su propiedad. Entran en los ordenadores de sus asociados invitándoles, usurpando sus nombres, a formar parte de sus asociados…

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