Ningún Rocío más politizado que el des este año de gracia de 2006. El Superalcalde declina el comentario político y liquida el brete con una breve descalificación a los politizadores. El presi de la Dipu se queda solo en su casoplón tras el plante de más de la mitad de las hermandades invitadas, de sus propios “socios”, y hasta Manuela Parralo, la cada vez más improbable candidata, se quita de en medio con muy buen criterio y se va con la pandereta a otra parte. La autopostulada izquierda onubense es clamorosamente confesional en Pentecostés y comecuras el resto del año, no va a misa ni a tiros como no sea siguiendo la raya (real), pero se niega a cederle a la derecha una efemérides que reúne a un millón de personas. Y este año hasta los curas se dividen en dos, los que hacen estación en “Villa Cejudo” y los que pasan de largo ante su puerta. El Rocío se ha convertido en el estudio de un fotógrafo imparcial que, en su momento, podría colgar su muestra en las vallas electorales. Eso sí, ellos dirán que cuando eso ocurra, que les quiten lo bailao.

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