Empiezo confesando –¡y eso que escribo un 14 de Abril!—que me cuento entre quienes han visto en ciertos gestos recientes del Rey y Jefe del Estado señales esperanzadoras y, en consecuencia, justificativas de su papel. Por eso me ha sorprendido tanto la noticia de que don Juan Carlos haya cogido la repetidora y se haya pirado a Bostwana vestido de cazador, como cuando se fue a Rusia para matar un oso briago, total para partirse, encima, una cadera en un accidente campestre. ¿Cómo se explica que un Jefe del Estado se vaya de cacería justo el día en que la opinión tirita asustada por las noticias de la crisis que, cada vez con mayor insistencia, nos sitúan al borde del abismo, tironeados por Italia y en el punto de mira de las agencias y observadores de todo tipo? Yo sé que estamos en una monarquía parlamentaria –y no pretendo otra cosa—en la que el Jefe del Estado tiene severamente limitados sus poderes, pero ¿en tan poco estima el Rey el papel moderador que la Constitución le atribuye, tan prescindible se considera que no tiene inconveniente en calarse el salacot y echarse a la selva en busca de trofeos cinegéticos? ¿Qué ocurriría si un incidente financiero, de esos tan incontrolables que andan sucediendo, determinara a nuestros socios europeos a “intervenir” a España o tal vez a proceder a nuestro “rescate” mientras el Jefe del Estado se solaza escopeta en ristre abatiendo búfalos ajenos, deporte, en todo caso, muy exclusivo y señoritil de toda la vida? Pues sencillamente que se habría de producir un vacío institucional, al menos en el plano simbólico, difícilmente traducible al español hablado por los peatones que con sus impuestos mantienen a la institución monárquica. Perdóneme la audacia, pero yo veo al Rey en Lorca apañando el terremoto, en la Costa da Morte echando su mano al chapapote o en la Zarzuela llamando al consenso a esta cuerda de locos que, pensando en exclusiva en su interés partidista, nos lleva a grandes pasos hacia el despeñadero, pero no vestido de cazador en la jungla mientras buena parte de su pueblo se desmaya.

Si yo no fuera republicano de esos que en su día aceptamos la solución juancarlista, hoy mismo me pedía el carné, palabra, a pesar del tiemblo que me da imaginarme a uno de estos electos coronado que seguro que nos salían más caros y tenían menos prestigio por ahí, dado que un Rey siempre es un Rey. Pero, de momento, me limito a expresar mi estupor por la inconsecuencia de quien cambia la corona por el salacot en plena crisis como quien cambia de caballo en mitad de río. Que no sea nada lo de la cadera, por supuesto, pero seguro que hay por ahí una legión famélica de parados jurando en arameo ante semejante deserción.

7 Comentarios

  1. Diferencia entre servir y el servirse.
    ¡Vaya toque de atención! Se está usted haciendo amigos por doquier…..Me espanta usted…

  2. A eso le llamo yo discreción insobornable. Gracias, como republicano y como español, por no caer en losn chascarrillos como muchos de sus colegas.

  3. No podrán decirn que usted no le echa bemoles a su prosa. No insulta, no hace escarnio, pero da en el meollo. Enhorabuena.

  4. Es el precio de una monarquía que no puede olcidarse es muy valorada porel pueblo a pesar de los pesares. Almmargen de ello, esta vez el monarca se ha pasado cien pueblos demostrando que el suyo le importa tan poco como para abandonarlo estando en la UVI.

  5. Es un caso de irresponsabilidad absoluta del que políticamente debería responder ese Jefe de Estado. No he visto una sola línea en su defensa de los habituales cortesanos, como es lógico.

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