En Baena, como en Punta Umbría, como antes en Marbella y siempre en tantos lugares, los políticos corruptos han dado con la piedra filosofal que garantiza el beneficio y la impunidad de una sola tacada: el reparto. Se tapan bocas, se destruyen pruebas, se arruinan democracias, a base de premiar con adjudicaciones o pelotazos a los empresarios conniventes, o bien se castiga con el ostracismo municipal a los que resisten a entregar la “mordida” o a falsificar facturas. Nepotismo, favoritismo o puro y simple mangazo se han convertido en moneda común en nuestra vida pública. A ver cómo pedirle probidad a una ciudadanía que contempla estupefacta ese espectáculo y, lo que es peor, su impunidad.

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