La democracia española está usando y abusando esta temporada de uno de los recursos más viejos y acreditados de la vida jurídica: el desuso de la norma. Las leyes, como todo en la vida, requieren ser usadas para permanecer vivas y se ajan hasta arruinarse definitivamente cuando, con motivo o sin él, se las aparca en el alpende del ordenamiento en espera de que el olvido consume su tarea. El desuso tiene, como es natural, su literatura, pero no hay por qué dejarse en ella las pestañas cuando tan fácil resulta entender para cualquiera que un mandato que deja de aplicarse sistemática e impunemente acaba por perder toda entidad reducido todo lo más a su cáscara vacía. La colección de postales de Ayuntamientos sin bandera española que este diario está teniendo la paciencia de publicar día tras día demuestra, desde luego, que esa ley vigente no se cumple en España simplemente porque sí, o sea, por decisión cimarrona e ilegal de una autoridad que se arroga facultades pertenecientes a otra, pero también es verdad que no sólo una ley sino los propios grandes principios en que se asienta la lógica jurídica pueden caer en desuso si el Poder se lo propone y no existen o no funcionan los mecanismos encargados de preservar su integridad: ahí tienen por los suelos el principio obvio (ZP añadiría que tautológico) de que nadie puede esquivar la ejecución de una sentencia del Tribunal Supremo, incumplido soberanamente por un gobierno regional que no ha hecho más, justo es decirlo, que reproducir lo que ya hiciera el de la nación, es decir, no ejecutarla y dejar correr el tiempo. No es imprescindible abolir una ley para conseguir su neutralización, como puede verse, pues basta con consentir que la devore la carcoma del desuso. Con un poco de mala voluntad no hay problema que valga en una democracia tocada del ala.
                                                    xxxxx
Los políticos se suben por las paredes cuando se alega contra estas maniobras el derecho simétrico que asistiría a los ciudadanos a decidir que leyes se cumplen y cuáles no –en especial ese sueño del contribuyente que consiste en recibir servicios sin pagar tributos– y ello es así no sólo porque adviertan la incongruencia de una licencia semejante, sino porque comprenden que el desuso encierra en sí mismo, inevitablemente, el germen de la ilegitimidad. La indiscriminación dinástica de la mujer, la obligatoriedad de los símbolos del Estado o la obediencia a los tribunales no pueden decaer por la decisión unilateral de ignorarlas sino que requieren ser derogados por el mismo poder que los estableció, y no es en absoluto cierta ni jurídicamente posible la pretensión de anularlos o invertir su sentido por el sencillo método de recurrir al desuso. Que ninguna ley puede satisfacer a todos es algo que bien sabía ya el romano: su razón se funda tan sólo en el bien de la mayoría. Otra cosa es que el precepto se juzgue impropio y se proceda a derogarlo por parte de quien esté legitimado para ello. “Patere quam ipse fecisti legem”, sufre el peso de la ley que hiciste tú mismo, dice el viejo derecho a los tramposos del desuso, lo que supone considerar a toda institución del Estado, cualquiera que ésta sea, como parte de un todo fatalmente solidario cuya legitimidad depende de su propia observancia de lo preceptuado. El desuso se ha convertido en la coartada vergonzante de una democracia cada día más alejada del modelo tocquevilliano, en la mísera trampa de un régimen de libertades empeñado en organizar su propio suicidio a base de renunciar a sus principios elementales, ante la indiferencia de un electorado cuyo cinismo prospera a medida que mengua la ilusión del autogobierno. Un espíritu autoritario como el de Richelieu decía más o menos que hacer una ley y permitir su incumplimiento es lo mismo que autorizar lo que se proponía impedir con ella. El peso de la razón puede anular, como puede verse, la distancia entre el absolutismo y la libertad.

13 Comentarios

  1. Los enteraos marcan el fin de la Santa Transi en noviembre 82, cuando Felipe, Mihenmano, Morán, Boyer y compañeros mártires, je, je, pusieron el culo en sus buenos sillones. También comenzó madame la guillotina a decapitar fantasmas. Montesquieu les duró un telediario. Don Tocqueville, el vizconde, por muy franchute que fuera, fue ignorado por escribir de América, ese imperio despreciable, ya saben, OTAN, no, bases fuera.

    En el 77, antes de las constituyentes que no se convocaron como tales, la familia felizmente reinante, y tan felices, amarró sus cabos, por algo son tan marineritos. Don Juan III, je, je, otra vez, dio el taconazo de la renuncia y S. M. se apresuró a vestir al niño de soldadito, como hicieron con el bisabuelo y nombrarlo príncipe de Asturias. De Asturias, sí, de Asturias, donde el partido de los tantísimos años de honradez se levantó contra el legal gobierno republicano salido de las urnas.

    Luego salió la Consti que salió, tan ambigua que aún estamos con el título VIII hecho unos zorros. Tan contradictoria, que primero, artículo 14, proclama la no discriminación por sexo (¡¡Elenita, for Queen!!, siempre que haya conseguido leer mejor que papá) y luego prima el colgarejo escrotal del muy trabajador y esforzado principito sobre la bisectriz con minipinganillo de la hábil jineta (no la rayada sino la de la coleta y pamelas).

    El antiguo y ácrata ‘ni Dios, ni rey, ni patria, ni patrón’ –écheme un ego te absolvo, mi don Páter- lo cambio por ‘ni ley, ni rey, ni gobierno julandrón’. ¿Dónde había que apuntarse para poner ‘apátrida’ en el pasaporte? Nos están merengando. Pero que bien.

  2. Quién sería yo para absolverle de una opinión libre,. querida amiga! Lo que sí diré es que el tema de hoy es muy grave y profundo, que se opresta menos a bromas y medias verónicas que a comentarios serios. ¡Ya quisiéramos todos que la ley fuera dispensable a petición del ciudadano! Pero entonces habríamos vuelto a la selva.

  3. Lo que no entiendo, jefe, es la alarma por el caso. ¿No hay, acaso,. otras muchas leyes que no se cumplen, se malcumplen, se cumplen a medias o se fuerzan para cumplirse según las conveniencias? Estoy con la bandera –los símboos me iportan mucho, lo justo– pero me gustaría enfocar desde este ángulo el problema de estos objetores de enseñas.

  4. Se comprende que haya almas cándidas que identifiquen la bandera con lo que hoy mismo hemos visto en el telediario: la reacción más violenta envuelta en ella. Pero eso es como condenar al cuchllo porque corta o a la grasa porque produce colesterol. No confundamos: jagm ironiza sobre el hecho de que aquí secumplen o incumplen las leyes con el consentimiento del Gobieno, y eso es peor ya.

  5. En Francia o en USA tedrían que osar estos rebeldes atentar contra la banderaiban a ver lo que pesa la mano democrática. Pero creo también que ese no es propiamente eltema de hoy, sino la complicidad de un Poder que cede ante sus socios a medida que le van planteando exigencias. En este sentido estoy de aceurdo plenamente con gm.

  6. Las leyes no decaen, han de ser abolidas para perder su vigecia. Por tanto, en España estamos asistiendo a un tremendo incumplimiento y quienes creen que rechazar una bandera es cosa sin importancia sólo tienen que pensar que tampoco se cumplen ya, por parte de los mismos, las sentencias más altas.

  7. Pocas veces como hoy el latinajo de empleado en la columna tiene pleno sentido. El pueblo tiene poco que vercon etos incumpimientos, son los políticos los que los traman y los consienten.

  8. Deberíamos pensar en que si no se cumple la ley de baderas es por lo mismo que ocurren tantas otras cosas poco sensatas o sencillamente estúpidas en la España permisiva: porqueen esas licencias concedidas a los grupos exigentes encuentra el Gobieno un remedio cotra su debilidad.

  9. Ante la fotografía del hindú que se ha casado con la perra (supongo que la ha visto la mayoría de ustedes) pienso que los españoles, junto a los holandeses y par de “estados vanguardistas” más, somos quienes menos deberíamos extrañarnos. ¿Por qué no llamar “matrimonio” a la unión entre hombre y animal?, preguntarán los zoófilos. Y sinceramente no sabría qué responderles.

  10. Saludo a la parroquia trasmucho tiempo asistiendo en silencio a esta misa blanca, y lo haré para celebrar que desde la izquierda se muestre disgusto por el incumplimiento de la ley y, de paso, respeto por los símbolos de todos. No me ha extrañado en gm pero sí me ha agradado comprobar su actitud.

  11. Curiosidad: los mismos que que rechazan la bandera constitucional reclaman histéricamente el respero de las suyas particulares. ¿Cuanta sangre se ha derramado por la ikurriña? Volvamos al fondo de la cuestión que se plantea: la permisividad a la hora de cumplir la Ley no es probable que se liquide sin otras consecuencias.

  12. 21:54
    Estos temas me hacen sentir una impotencia deprimente. Nos quitan la cartera y el encargado de protegerla le resta importancia y pasa.

    El fenómeno que está ocurriendo es como si un campesino corre los mojones de las lindes con su vecino con la complicidad del administrador.

    ¿Que más puedo decir si todos estamos de acuerdo? (Falta la voz discordante de nuestro don Marchena y del desaparecido sociata, que no socialista).

  13. Me desespera leer esta columna: yo lo llamo demagogia, complacer al pueblo, al que más grita, al que más puede.
    Repelente, bajo, mezquino, cobarde y criminal. Pero bueno, me meto donde no me llaman, y además, con retraso.

Responder a otro curilla Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.