Tras un largo debate, la FIFA, ha decidido autorizar a la mujer futbolista a saltar a la cancha tapada de pies a cabeza, providencia que ha sido celebrada en los países islámicos, en especial en los más radicales, pero que ha levantado la consiguiente polvareda en aquellos otros que cuidan con esmero su noción de laicidad. No ceder ante esa petición significaría, según la FIFA, excluir del deporte rey a la mujer islámica, aunque contemplada la cuestión desde la cera de enfrente, lo que significa es que, en lugar de plegarse a la inmensa mayoría, la minoría conseguiría imponer sus usos privativos a los generales. ¿Qué vendrá después de esta victoria, dónde se detendrá la creciente exigencia de origen religioso o simplemente cultural, habrá de verse un día el Occidente laico sometido a todas las limitaciones que se autoimponen los adeptos del Islam? Ni que decir tiene que ese visto bueno ha sido contestado sin demora desde otros países, con la Federación de Fútbol Francés a la cabeza, que expresa con su negativa a aceptar el acuerdo de la FIFA una precaución más profunda, compartida por casi todas las sociedades secularizadas: la de que cediendo a las demandas de una cultura externa pudiera llegarse más pronto que tarde a la mediatización de la cultura propia, no ya en asuntos de impacto limitado, sino en aquellos otros que estarían imponiendo, so capa del concepto de integración multicultural, pesados cambios que alcanzarían desde el alimento al vestido pasando por el propio lenguaje, de manera que las culturas indígenas podrían acabar desnaturalizadas por la aplicación de lo que el Islam llama “halal”, es decir, permitido.

Es lógico que los países que cuentan con vastos contingentes de inmigrantes extranjeros estén prevenidos ante el riesgo de que su cultura propia termine desnaturalizada o incluso sepultada ante la imposición de normas y costumbres ajenas, por más que el multiculturalismo predique lo contrario. Y lo es porque numerosos de esos trágalas resultan incompatibles con la propia axiología cuyos valores no solamente se niegan sino que se consideran contrarios a la moral individual o social. Aparte de que ninguno de esos exigentes países aceptaría, como contrapartida, que en ellos se impusieran usos y costumbres que chocan con su idiosincrasia. El rapto de Europa se está produciendo esta vez en sentido contrario.

4 Comentarios

  1. Lo lógico habría sido exaxtamente lo contrario, ésto es, prohibir la participación de los paises que vienen con ésta exigencia.

  2. Algo ridículo, intolerable. Cada Cultura tiene sus “derechos” pero no el de imponerlo a las demás.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.