No creo que haya nadie tan panoli como para creerse en serio eso de que el racismo es agua pasada. No es fácil ni probable que una estructura mental –que, por otro lado, es universal y primitiva—cambie para bien de un día para otro sólo porque una ideología política circunstancialmente “correcta” así lo decida. Hay un racismo negro contra los blancos, cómo dudarlo, que se descubre en cuanto se rasca un poco en su epidermis convencional, como hay un racismo gitano contra los payos o los chinos paralelo al de éstos contra los calés. Ni Hitler ni Rosenberg inventaron esa disposición excluyente del espíritu sino que ésta formaba parte de la herencia ancestral de la especie. Lo último del género es que en una iglesia baptista de Mississippi, un pastor se ha negado a casar dos feligreses, no por esto ni por lo otro, sino simplemente por el solo hecho de ser negros, quiero decir “personas de color”, alegando que su piadosa feligresía le había exigido esa negativa como un solo hombre. En la First Baptist Church de Cristal Springs jamás se había vulnerado es tabú racial desde que fue creada en 1883, de manera que a ver por qué ahora habría que cambiar de actitud y abrir la puerta del templo a esos “gentiles” marcados fatalmente por la melanina. Los novios han rechazado la miserable discriminación preguntándole al pastor cómo es posible explicarle a su hijo pequeño que si en esa iglesia no te casan es, sencillamente, porque no eres del color que se considera superior y luego se han ido a casar en otra iglesia cercana. En España la pregunta típica es ésa de si aceptarías a un gitano en el rellano de la escalera y la respuesta ya la conocemos de sobra. En USA, al menos en Mississippi, ya sabemos que el rechazo alcanza a la misma iglesia. El racismo es una invariante humana sólo superable a fuerza de experiencia y cultura. Lo demás son cuentos.

Cada raza ha considerado un privilegio significativo el color de su piel al punto de que la leyenda de origen bíblico sobre la maldición de Cam por su padre, Noé, ha hecho corriente la interpretación absolutamente gratuita de que la raza negra sería la descendencia camita, condenada a ser sierva de las demás. El pastor de Crystal Springs debe moverse mentalmente por ese terreno que ciertamente no resulta imprescindible para sostener la pulsión discriminadora en la muchedumbre racista. Esos materiales psíquicos tan viejos no precisan de nada para perpetuarse.

6 Comentarios

  1. Sí señor, el racismo latente está ahí comi una invariante de la especie (salvo en Brasil, ji, ji, ji). Lo del rellano de la escalera es total. Una pregunta: ¿qué respondería don ja a esa pregunta?

  2. El “racismo” es latente. Realmente no es el de la otra raza al que se mira mal sino a todo ajeno a su comunidad, a todo “extranjero”. Es algo que tenemos arraigado profundamente de cuando había que protejer a la tribu y todo elemento extranjero significaba peligro. De tiempos de mis abuelos , que eran catalanes, un extranjero era aquel que vivía en un pueblo distante de 5 o 6 kilómetros pero que no era catalán. Hoy que ya no existen diferencias físicas o externas facilmente identificadoras lo que queda es el color de la piel.
    Por otro lado se puede no ser racista y no desear que sus vástagos se unan a individuos de cultura e “instintos” tan distintos ,a veces opuestos.
    Hoy la segregación es más bien social y económica.Porque si el gitano es multimillonario ya no es lo mismo.
    Besos a todos.

  3. No entiendo por qué el racismo es un concepto que se aplica a los “blancos” casi en exclusividad. Desde hace algún tiempo me tomo la molestia de hacer recuento de las veces en que la palabra “racismo” es usada en noticias sobre sucesos violentos (con muertos de por medio incluso) entre negros y magrebíes, entre gitanos y magrebíes, etc. Lo habitual es usar mil circunloquios y atenuantes para tildar de “racista” a una comunidad distinta a la local “blanca”.

    Cazo al vuelo esta noticia del País:

    http://politica.elpais.com/politica/2012/01/04/actualidad/1325708794_774675.html

  4. Disiento, madame Sicard, porque la hospitalidad era la norma en el mundo antiguo. No todos los pueblos han sido racistas ni xenófobos, aunque sí muchos. Creo que la interpretación más equilibrada es la del autor de la columna.

  5. ¿Pueblos no racistas? Los antropólogos no se ponen de acuerdo pero es verdad, como se ha señalado aquí antes, que los que practican la hospitalidad de manera ritual son otra cosa. Quien ha dejado caer lo del “invariante humano” no va descaminado.

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