El envés fatídico de un mundo de la comunicación sin fronteras se está revelando de lo más inquietante. El ministro de Interior alemán, Thomas de Maizière, acaba de avisar públicamente sobre el peligro cierto y creciente de la guerra informática, es decir, de la actividad subrepticia que se registra en la Red universal tanto por parte de expertos delirantes pagados de su poder real, como por parte de bandas terroristas o criminales, sin excluir a los propios Estados en conflicto, y cuyo objetivo es perturbar si no anular el beneficio de una comunicación libre que incluye el control remoto de los servicios esenciales. El asunto del “ciberataque”, detectado simultáneamente en 2006 en USA y en Estonia, constituye hoy una amenaza tan cercana que el citado ministro ha recomendado a los altos cargos prescindir de medios como el iPhone o el BlakBerry considerados como extremadamente vulnerables para la piratería, pero no hay que olvidar percances mayores como el gran apagón registrado en Brasil el año pasado cuando una decena de ciudades y sus 60 millones de habitantes se vieron súbitamente privados de transportes públicos, sistemas de tráfico o ascensores domésticos como consecuencia de un ataque nunca del todo aclarado que afectó también a la industria, la banca y al comercio de la región. Claro que el ámbito en el que más inquietan esos bucaneros es el militar, dentro del que ya ha pasado a considerarse como el “quinto dominio”, más allá de los de tierra, aire, mar y espacio exterior. Un hacker puede ser un gamberro genial o una sesuda oficina del Estado, como lo prueba que en los mismos USA acaban de crearse un coordinador de área en la Casa Blanca y una oficina en el Pentágono. Los chinos son menos escrupulosos y se ufanan en su plan de defensa nacional de poseer un formidable dispositivo dedicado a controlar el ciberespacio y en el que trabajarían millares de los llamados “hackers patrióticos” junto a dos millones de “colaboradores” de los servicios secretos. La guerra ha comenzado, pues.

 

La universalización el conocimiento ha acarreado, junto a sus portentosas ventajas, riesgos temibles. Y cierto que estas noticias no son propiamente nuevas, ya que desde hace años conocemos la inevitable acuidad de los sistemas de espionaje de todo tipo que infectan la relación humana globalizada, pero también que las posibilidades destructivas de ese saber común cuestionan a fondo las ventajas que, sin duda y en todo caso, favorecen a eso que Manuel Castell ha llamado la “sociedad-Red”. Nunca fue tan pequeño y humano el pañuelo de la vida, nunca tan arriesgado vivir confiadamente en él. El superhombre reúne esa grandeza tras la miseria de su locura.

10 Comentarios

  1. Qué inocencia cuando la «Escuadrilla de la muerte» de Alfonso Sastre. Claro que el hombre tuvo su punto profético al hablar de temor amarillo. Los sinos -por si es cierto que echilon me escanea- no solo son el mayor peligro ecológico del planeta sino que han conseguido un hombre nuevo con una ética nueva (inexistente, diría yo, que estoy convencido que la generación que aún no ha cumplido su primera década difícilmente va a entrar en la quinta. Aquí no va a quedar ni el tato para contarlo.

  2. La informática a pasado en unos años de ser un sencillo sistema de códigos que cualquiera podía aprender en unas veinte horas a unos programas complejísimos hechos por otros programas que a su vez han sido hechos por programas cada vez más complejos. Y así pueden ir por la cuarta, quinta o sexta generación en la que el informático no programa (aunque él no lo sabe) sino que utiliza sofisticadísimas herramientas hechas por programas anteriores.

    Hoy todos los mecanismos poco más complejos que una palanca están sustentándose en programas suprahumanos. Esto es estamos en una fase de aprendiz de brujo de imposible vuelta atrás.

  3. Puntualuización a nuestra siempre inteligente donña Epi: lo de sastre se titulaba «Escuadra hacia la muerte». Menos mal que de estas cosas ya no nos acordamos más que un puñado de puretones.

  4. No se merece esta poca correspondeincia un art. tan interesante. Lo atribuyo al calor y al éxodo masivo, que seguramente habrá notado también el cantinero del Casino. A mí me inquieta mucho el tema y problema propuesto hoy: la posibilidad de que la copmunicación sin bfrinteras acarree males tamnbién sin fronteras, sobre todo una vez demostrado que los propios Gobiernos no se retaren a la hora de piratear.

  5. Naturalmente que escuadra y no escuadrilla. Eran un cabo y unos pocos soldados y -han pasado cincuenta o más años que la ví- aún soy capaz de recordar la escenografía adusta.

    Ha debido ser una trampa del subcons- ya que un servidor hizo la guerra en aviación donde sí se habla de escuadrillas.

  6. Dª Epi: nos ha metido un órdago trayéndonos a la memoria la obra de Sastre.

    Personaje díscolo y heterodoxo que olvidamos, debido a la velocidad de información-desinformante que hoy tenemos para bién o para mal nuestro.

    Gracias por traerlo al presente, en estos tiempos tan veloces.

    El peligro mayor está en nuestro interior.

  7. Mira que contemplo al Abate con buenos ojos, pero es que no hay manera (cero recordar quye ayer lo decía alguien aquí) comprender su radicalismo exhibitorio. Sastre, con todos mis respetos, que no son escesivos, no es más que un mediocre aspirante a dramaturgo, dedicado, como su compaña conyugal, a ayudar a terroristas o a prestarles apoyo ideológico y moral. ¿Se colvidó el Abate ya de la bomba de la calle del Correo de Madrid? Yo no, como no me olvidé de que aquella «Escuadra hacia la muerte» que ha recordado de pasada doña Epi, se representó en locales del SEU más que nada. Yo mismo la vi en uno de ellos que habñia en Madrid en la calle Barquillo.

  8. Querido Nemo…haga un repaso de su existencia y ponga en orden sus recuerdos de juventud.

    Haga una introspección y medite sobre su paso por la vida.

    ¿Hay coherencia entre sus inicios y su declive? Si es así, no hay nada que objetar, pero si no, sus tormentos internos no le llevarán a buen puerto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.