No me siento tranquilo viendo a la santa infancia entretenerse en sus “nintendos” jugando a matar. No entiendo en nombre de qué libertad suicida pueden permitirse juegos que fomenten el instinto exterminador al que la imagen virtual le ofrece ahora posibilidades sin límite. Hay en este momento en el mercado juegos (¿infantiles?) consistentes en destruir enemigos imaginarios y hasta alguno especializado en atropellar brutalmente a ancianos sorprendidos sobre la ruta imaginaria, como los hay que ofrecen como competición el hundimiento de buques o el bombardeo de ciudades, la voladura de edificios o el ataque encarnizado a determinados candidatos electorales. El último de estos ingenios, “Tea party Zombies must die” (los zombis del Tea Party deben morir), al que cualquiera puede acceder con sólo teclear esa referencia en un buscador, expresa sin ambages desde el propio título un propósito criminal concretado en la oferta de diversos modos de asesinar a los líderes de la extrema derecha americana, desde Sarah Palin al exportavoz de la Casa Blanca Newt Gingrich pasando por Michelle Bachman, todo un alarde de agresividad consagrado a permitir al mono asesino la descarga virtual de su pulsión más ancestral: el exterminio del adversario. Arrellanado cómodamente en el sofá, el bárbaro puede enseñar ahora al niño, sin la menor dificultad, la lógica moral de la horda –pero la verdad es que en términos que hubieran hecho desvanecerse al propio Freud—al tiempo que él mismo tiene ocasión de dar rienda suelta a su brutal instinto maltratando, siquiera sea de manera imaginaria, al enemigo político: es gratis hoy en internet abofetear a Obama, por ejemplo, con sólo pulsar esa opción en el sitio “Slap Obama”. Es el otro terrorismo, el que se acoge a sagrado a la sombra de una libertad que se postula sin límites alentada por el escrúpulo supersticioso de ciertos popes de una democracia ultra siempre dispuesta a llamar hipócrita a quien la cuestione.

El taylorismo japonés hace años que ofrece a sus a abrumados currelantes el desahogo de machacar a trompazos la cara del jefe reproducida fielmente en un tentempié y parece que la experiencia ha demostrado de sobra su capacidad ansiolítica. No creo, a pesar de todo, que ofrecer al personal la opción de la violencia, aunque sea sublimatoria, como terapia de su malestar, sirva para otra cosa que para retrotraerlo a su estadio más primitivo. Por mi parte, confieso que he visto pocas imágenes tan inmorales e inquietantes como las que ofrece ese juego de aniquilar al antagonista o abofetear a un presidente sin más que apretar el vengativo pulgar.

6 Comentarios

  1. Comparto esa desconfianza e inquietud, de paso que me alegro porque haya voces libres que se enfrentan a la moda de defender a ultranza todo este repertorio de cachivaches. Soy consciente de la importancia del progreso pero también de sus pèligros derivados de su mal uso.

  2. Creo en la utilidad de esas destrezas adquiridas aunque comparta las reservas expresadas en la columna. Por cierto, ja, ¿serías capaz de quietarle la nuntendo a mi hija? ¡¡¡O a tu nieto!!!

  3. Estremece ese jueguecito de que habla y los otros que menciona, sobre todo pensando en los niños y adolescentes, que tienen en ellos un instrumento de “entrenamiento” no diferente del que emplean los pilotos o conductores para aprender su oficio. Este mundo se encanalla a pasos de gigante. Da pena y da miedo alrededor.

  4. Acepto lo de la desterza y demás, pero no olvidemos que lo que se está haceindo con juegos como los citados en en efecto entrenar a la gente en la maldad, en el desacato y hasta en el homicidio. Me gusta mucho cuando gómez marin dice lo del moco loco o el mono asesino. Si no lo fuera no dejaría a sus hijos jugar ni jugaría el mismo con esos entretenimientos tan bárbaros.
    He visto en Internet lo del Tea Party y es un ultraje a la razón. No nme explico como se consienten estas cosas.

  5. Muchos de los adolescentes y jóvenes de hoy manifiestan una coraza de insensibilidad extrema hacia la crueldad y el desprecio hacia el diferente. ¡Qué pantomima la de aquellos purgatorios laicos consistentes en la “quema de juguetes bélicos y sexistas”!

  6. El comentario de Rafa me recuerda que los mismos que hacían aquella campaña son los que ahora pelean por defender esos juguetes, incluidos los de uso adulto. SEa lo que sea, la columna tiene miga. También yo he entrado en las páginas correspondientes y confieso mi admiración.

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